Los Globos de Oro quieren ser tan respetables que han perdido su personalidad
Opinión
Dónde están esos premios que antes buscaban a la nueva actriz de moda, esa interpretación de culto o que se atrevían a desviarse de lo que votarían los demás

Imaginemos un mundo donde 'Severance' ganó el Globo de Oro a mejor drama. Hace unos años sin lugar a dudas lo hubiera conseguido.

Érase una vez unos premios llamados Globos de Oro que tenían defectos pero también una personalidad. Cómo les gustaba premiar a las actrices revelación de la televisión como Claire Danes, que con 15 años se llevó el premio por My So-Called Life, o Keri Russell, que tenía 22 años cuando ganó con Felicity. Les daba igual que compitieran por series denominadas teen, tan ninguneadas por los Emmy, sino que valoraban un magnetismo en pantalla en series dramáticas, que después volvieron a demostrar con series ya sí convencionalmente respetables como Homeland o The Americans respectivamente.
Eran esos premios que reconocieron a Gina Rodriguez por Jane the Virgin y Rachel Bloom por Crazy Ex Girlfriend como actrices de comedia, cuando eran las it-girl de esas series que solamente una minoría veía (y, en Estados Unidos, en un canal juvenil). También consagraron a Katey Sagal como la matriarca tóxica de Sons of anarchy después de que los premios Emmy se olvidasen de ella tanto por la serie motera como por Matrimonio con hijos, mientras que Angela Lansbury, que nunca recogió un Emmy por ser la eterna Jessica Fletcher de Se ha escrito un crimen, sí subió a recoger tres Globos de Oro por ese mismo papel.

De hecho, los votantes de la asociación de la prensa extranjera de Hollywood eran especialistas en intentar ser los primeros en reconocer series molonas o que creían que gustarían a premios más profesionales, ya fuera porque tenían olfato por la calidad o porque se dejaban llevar por lo más nuevo o el último talent al que habían entrevistado.
En lo que llevamos de siglo XXI, series como Colegio Abbott, Transparent, Glee, Mozart in the jungle, Brooklyn Nine-Nine, Atlanta, El método Kominsky o Girls se han llevado el galardón a la mejor comedia. Ninguna de ellas se hizo con el Emmy equivalente. ¿Pero verdad que tiene sentido que pudieran recibir este honor? Y, en la categoría de mejor drama drama, es interesante ver cómo The Americans, Boardwalk Empire, Nip/Tuck o The Shield consiguieron triunfar (y, si nos vamos a los noventa, podemos añadir Expediente X y Cinco en familia).

Si los Globos de Oro siempre se han considerado la antesala de los Oscar, como si los votantes intentasen acertar quiénes triunfarán en los premios más importantes del cine estadounidense, en las categorías televisivas siempre habían ido por libre. Y, por más que fuera irritante ver cómo a veces se dejaban llevar por modas, por lo menos tenían una personalidad. Con sus ganadores en televisión, ayudaban a tener una perspectiva más amplia de la televisión. Ahora, con los premios a The Pitt, The Studio y Adolescencia en drama, comedia y miniserie, se alinean con los premios Emmy o incluso los Critics Choice Awards entregados la semana pasada.
¿Son tres justísimas ganadoras? Por supuesto. Sin embargo, imaginemos a Severance ganando en drama como heredera espiritual de Perdidos y para ampliar que se hacen más dramas de calidad más allá de The Pitt (y sobre todo cuando representan dos modelos de ficción antagonistas). Imaginemos que Diego Luna, aprovechando la obsesión que tienen por los actores de cine en televisión, subía a recoger un premio por Andor, tan menospreciada por ser de Star Wars. O hubiera sido simpático que Natasha Lyonne, toda una personaje, hubiera ganado como actriz de comedia por Poker Face. Sería una bonita forma de colocar esta brillante comedia de asesinatos en los anales (menores) de la historia de la televisión, sobre todo después de ser cancelada.

Si los principales premios de Hollywood votan exactamente con la misma mentalidad y la misma perspectiva, pierden el interés y el sentido. Se entiende que los Globos de Oro, después del escándalo de corrupción y falta de diversidad, buscan ser respetables, intachables, de calidad. Pero, por el camino, también han perdido su personalidad y la razón de ser como premios televisivos.