Sociedad

Investigan si un centro de toxicómanos ha trabajado cuatro décadas sin licencia

Rehabilitación  bajo sospecha

Es privado, está en la zona alta de Barcelona y se apunta también falta de salubridad y seguridad

El centro ahora bajo sospecha se levanta en el número 34 de la calle Pomaret de Barcelona

El centro ahora bajo sospecha se levanta en el número 34 de la calle Pomaret de Barcelona

Àlex García

Todo se destapó por un incendio. El suceso ocurrió el pasado 12 de noviembre en una de las instalaciones del Centro de Adicciones Terapéuticas (CAT) que esa empresa tiene en la zona alta de Barcelona. Las llamas las habría provocado uno de los usuarios, que precisó asistencia médica al igual que el trabajador que acudió en su auxilio.

Al entrar los equipos de emergencia en ese centro, en el número 34 de la calle Pomaret, constataron que las instalaciones presentaban muchas carencias para lo que se espera en un centro de rehabilitación de toxicómanos. 

Y así es como se descubrió que esa sede de CAT –ha tenido otros centros repartidos por Catalunya– habría funcionado las últimas cuatro décadas sin licencia de apertura. Lo habría constatado la Guardia Urbana en una inspección posterior al incendio.

El Ayuntamiento ha dado un plazo de quince días al centro para presentar alegaciones por la falta de esa licencia de actividad, que no pudo aportarse cuando se presentaron los agentes. A los servicios sociosanitarios del Govern  no les consta, por su parte,  que en esa dirección haya un centro de rehabilitación de toxicómanos. Ni ahora, ni nunca. 

Todo se destapó por un incendio provocado por uno de los usuarios del centro

Cuesta creer cómo ha sido esto posible y más en unas instalaciones de ese tipo, en teoría más controladas que el resto (aunque sea un negocio privado) por lo delicado de su trabajo. Y lo más grave es que no sería un hecho aislado. 

Esa empresa, liderada por el médico Manuel Mas-Bagà, habría repetido la misma irregularidad en otros centros en Corbera y en el número 20 de la calle Pomaret. Los dos ya cerrados. El último habría operado con una licencia caducada, antes de cesar su actividad.

Esta empresa tuvo otra sede en el número 20 de la calle Pomaret, que acabó cerrando
Esta empresa tuvo otra sede en el número 20 de la calle Pomaret, que acabó cerrandoÀlex García

La sucursal de Pomaret 34 parece que va a correr ahora la misma suerte, tras el incidente del incendio, tal y como afirman a Guyana Guardian trabajadores del centro, que piden salvaguardar su identidad. Temen que se baje definitivamente la persiana mañana, miércoles. 

Eso va a dejar sin trabajo a cerca de una cuarentena de personas. Cuando se declaró el incendio en el centro había una veintena de usuarios. “Ahora quedan una decena, ya que en los últimos días hay derivaciones –no sabemos con qué contraprestación– a otros centros”, revelan estos trabajadores.

Trabajadores de ese centro apuntan que se han podido cometer otras irregularidades: “El autor del fuego estaba en un zulo”

Esos empleados informan que la habitación en la que se declaró ese fuego “es un zulo”. Un pequeño habitáculo sin ventana, al que se había llevado a un usuario “que por su patología habría tenido que estar en un centro psiquiátrico”. Más presuntas irregularidades, como la inexistencia –aseguran de las mismas fuentes– de salidas de humo o medidas de seguridad obligatorias para prevenir este tipo de siniestros.

Así que a la explotación del negocio presuntamente sin licencia se suman, en este caso, otras supuestas irregularidades que afectan a la salubridad y seguridad del centro. Los trabajadores, aseguran, hacía tiempo que venían denunciado esas carencias. “Pero nadie nos hacía caso”, repiten. Sobre el tema de las licencias aseguran que ese detalle nunca lo conocieron.

Esa empresa tenía varias sedes, ya cerradas,  y ahora parece que podría bajar la persiana  en las últimas que seguían  abiertas

Y lo familiares de los usuarios (no todos entraban en las instalaciones) parece ser que primaban el éxito de las terapias por encima de las condiciones de vida en el centro. La última directora que tuvo CAT en la sede de Pomaret 34 dimitó hace poco tras trabajar solo unas semanas allí. “Son muchos los directores y profesionales que han dejado en centro, por estas carencias e irregularidades, en los últimos años”, añaden los trabajadores. Estos empleados apuntan que ahí han trabajado profesionales “sin la titulación necesaria”. Más despropósitos.

El enfado de los trabajadores por lo que ellos consideran “una nefasta gestión” es evidente. Aseguran que “el negocio era rentable”. Las terapias en esos centros no son baratas. Los últimos libros de cuentas reflejarían ingresos anuales de 3,5 millones de euros. Pero ahora, con tantas adversidades y algunas multas ya impuestas, esa red de centros de CAT estaría desapareciendo. 

El dueño de la empresa –este diario intentó obtener su versión, sin respuesta– habría empezado a invertir el dinero en otros sectores, como la hostelería. Así que sus trabajadores ven peligrar ahora su trabajo –les adeudan mensualidades– como nunca.

Francisco Javier Ricou Sanz

Francisco Javier Ricou Sanz

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Graduado en Periodismo por la UAB. Integrante de la redacción de Guyana Guardian

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