Dos de cada tres españoles ignoran que los antibióticos no tienen utilidad frente a los virus.
Estudio
El estudio realizado por la Fundación BBVA indica, sin embargo, que el ámbito científico genera una relevante atención pública en España.

En la imagen, un investigador sostiene una placa de cultivo bacteriano

Únicamente el 34% de la población en España estima, de forma acertada, que el enunciado sobre “los antibióticos destruyen los virus” resulta “totalmente falsa”. Dicho porcentaje proviene de la investigación acerca de la cultura científica en España, llevada a cabo por la Fundación BBVA y difundida en la fecha actual, la cual analiza diversos parámetros sobre la proximidad y el saber en relación con el ámbito científico. La información fue recopilada mediante un par de sondeos telefónicos efectuados durante noviembre del 2025 empleando grupos de 2.014 y 2.042 individuos, respectivamente, integrados por adultos de 18 años en adelante que representan a la sociedad española.
A pesar de que apenas uno de cada tres participantes conoce que los antibióticos no eliminan virus, sino que atacan bacterias, los datos recolectados muestran un panorama favorable, según afirman sus promotores. De hecho, la ciencia en España —sostienen— genera una gran curiosidad pública: más de la mitad (53%) de los consultados califica su nivel de atención con un 8 o superior (en una escala de 0 a 10) y únicamente el 9% lo sitúa por debajo de 5.
El motivo fundamental por el cual la ciencia resulta atractiva radica en el disfrute de adquirir conocimientos inéditos.
El motivo fundamental del interés por la ciencia radica en el “placer de aprender cosas nuevas” (58%) y, con menor relevancia, en su “utilidad práctica” (32%). Por el contrario, para gran parte de quienes manifiestan una baja curiosidad científica, el obstáculo determinante resulta ser la “dificultad para entender los temas científicos” (49%).
Dicha relevante atención se proyecta solo de modo fragmentario en el nivel de instrucción manifestado sobre cuestiones de ciencia. El volumen de ciudadanos que concede una nota de 8 o superior (donde 0 representa a “nada informado” y 10 representa a “muy informado”) cae al 23%, y una cuota equivalente (21%) estima su conocimiento informativo por debajo de 5. No obstante, la cifra media en este baremo de percepción de información se establece en un 5,9.
La vinculación de la sociedad con el conocimiento científico crece primordialmente conforme mayor es la formación académica y, en menor proporción, en los grupos de población joven hasta los 54 años, además de entre los estudiantes y trabajadores. No se perciben disparidades de importancia entre varones y mujeres.
Dentro de esta investigación, el entendimiento social de la ciencia se evalúa mediante cuatro dimensiones junto a sus respectivos marcadores: 1) el nivel de asimilación manifestado sobre un conjunto de 28 nociones científicas; 2) el saber fáctico cuantificado por medio de una prueba compuesta por 18 afirmaciones; 3) la percepción acerca del modo en que se legitima dicho saber empírico y su transformación en información de dominio general; y 4) el grado de conocimiento respecto a los personajes ilustres en la trayectoria histórica de la ciencia.
Ignorancia acerca de nociones tan trascendentales como la definición de un algoritmo
El entendimiento manifestado sobre una selección de términos de ciencia podría interpretarse como un indicativo de la aptitud para comprender un diálogo o una temática científica en la prensa. Las cifras demuestran un grado intermedio-superior en relación con la mayor parte de las nociones planteadas.
No obstante, se perciben obstáculos considerables respecto a nociones de metodología científica y de computación tan trascendentales como “algoritmo”, “correlación”, “grupo de control” y “variable independiente”.
Conceptos elementales
Un segundo método con mayor solidez para evaluar el saber auténtico se basa en un examen sobre nociones científicas básicas mediante cuatro alternativas de contestación: “totalmente verdadero”, “probablemente verdadero”, “probablemente falso” o “totalmente falso”.
Puesto que consisten en afirmaciones básicas y sin controversia según el acuerdo científico, la norma establecida para calificar una contestación como acertada radica en elegir “totalmente” verdadero o falso en función de lo que indique cada proposición.
Por una parte, gran parte de la ciudadanía contesta con acierto que resulta “totalmente verdadero” que “la personalidad se forma mediante una combinación de factores biológicos y sociales” y que “el oxígeno que respiramos proviene de las plantas”, además de “totalmente falso” que “la Tierra está en el centro del universo” y que “casi todos los microorganismos son perjudiciales para los seres humanos”.
El grado de instrucción se percibe de forma evidente vinculado al nivel de formación.
No obstante, tan solo el 34% de los sujetos entrevistados estima, de manera correcta, que “los antibióticos destruyen los virus” es “totalmente falso” y, apenas una cuarta parte, que “el cambio climático se produce por el agujero en la capa de ozono” es igualmente erróneo.
Un dato adicional de importancia es que apenas el 46% de los habitantes considera errónea la aseveración habitual de que “el cambio climático se debe principalmente a ciclos naturales de la Tierra y no a las actividades humanas”.
La escala de saber se vincula de forma evidente con el grado de instrucción formal: el 45% de los sujetos con formación terciaria posee un entendimiento elevado y muy elevado (sumando 11 o más aciertos en la prueba) ante apenas un 14% de quienes cuentan con educación primaria. Dicho conocimiento crece también, aunque con menor intensidad, en la población que labora o se instruye y, tal como sucede con la proximidad, las divergencias entre hombres y mujeres resultan escasamente significativas.
Ramón y Cajal y Severo Ochoa, sobresalientes entre los más citados.
La investigación analiza asimismo el conocimiento científico de los ciudadanos españoles mediante su grado de conocimiento sobre personajes ilustres en el devenir de la ciencia. Los datos recogidos indican que la física encabeza las referencias, destacando Albert Einstein como el investigador más nombrado al interrogar sobre el personaje más trascendental de la ciencia “de cualquier país y tiempo”, con Marie Curie e Isaac Newton situados algo más atrás. Dentro del listado de los diez individuos más recordados figuran dos expertos nacionales, Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa. Un veinticinco por ciento de los encuestados no logra identificar a ningún referente fundamental del ámbito científico, mientras que personalidades icónicas de ramas como la genética o la biología, tales como Crick y Watson, carecen de una cantidad relevante de alusiones.
La investigación evalúa asimismo la visión de la población sobre la importancia de distintos estados en el avance científico. Estados Unidos se posiciona en el lugar principal como potencia líder “a lo largo de la historia”. Le sucede Alemania con una brecha considerable y, en el tercer escalón, China. El documento muestra además que la mayor parte de las españolas no acepta las hipótesis de conspiración.