Sociedad

Nuevo reto para la investigación en la era Ozempic: evitar el efecto rebote del fármaco

Tratamientos antiobesidad

El control de la obesidad pasa por mantener la pérdida de peso una vez se abandona la medicación

Cajas de Ozempic y Wegovy, fabricados por Novo Nordisk, en una farmacia de Londres

Cajas de Ozempic y Wegovy, fabricados por Novo Nordisk, en una farmacia de Londres

Hollie Adams / Reuters

Nadie discute la revolución que los fármacos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro han supuesto para luchar contra la obesidad. Pese a que son muchas las voces que recuerdan que estos medicamentos no son la panacea y que, como apuntan estudios recientes, esas decenas de kilos eliminados vuelven con el tiempo, la realidad es que han abierto una puerta enorme a millones de personas angustiadas por el exceso de peso y la discriminación que eso conlleva. Y esta revolución proseguirá en este 2026, que traerá fármacos “más potentes, más precisos, más populares y más preventivos”. Eso sí, siempre de la mano de los hábitos de vida saludables: nutrición y ejercicio.

Así lo indicó Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad en el Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), en el seminario que esta sociedad científica celebró ayer en Cuenca para abordar el presente y futuro de la prevención, diagnóstico, tratamiento y seguimiento de esta enfermedad. Para Morales, “los fármacos antiobesidad no son la solución final: son el inicio de la solución”.

El futuro pasa por personalizar tratamientos y actuar sobre la biología de la enfermedad

En la misma línea se pronunció Sharona Azriel, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Infanta Sofía, de Madrid. Señaló que los fármacos antiobesidad han cambiado la manera de tratar esta enfermedad y “ahora hay que democratizar el acceso”.

Los expertos aseguran que la investigación en obesidad está entrando en una nueva etapa. Tras la revolución farmacológica, el foco se desplaza hacia la sostenibilidad de la pérdida de peso y la personalización del tratamiento. Por eso, creen que 2026 será un año clave para comprender mejor la biología de la reganancia de peso y para desarrollar estrategias que permitan mantener el peso perdido a largo plazo.

En el ámbito de la investigación básica y clínica, a juicio de Ana Belén Crujeiras, cocoordinadora de la Unidad de epigenómica en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, “la investigación internacional está centrada en comprender por qué algunos pacientes recuperan peso y otros no, y en desarrollar estrategias que permitan mantener la pérdida de peso de forma sostenida”. Y es que la reganancia de peso, observada tras suspender medicación, tratamientos nutricionales e incluso cirugía bariátrica, sigue siendo uno de los mayores obstáculos para el control a largo plazo de la enfermedad.

Cambios en el estilo de vida 

Además de los progresos registrados a nivel de investigación básica y clínica, los expertos de la SEEDO recuerdan que el éxito en el manejo de la obesidad pasa por adoptar un nuevo estilo de vida. Como la práctica de ejercicio. “La obesidad no se aborda sólo perdiendo kilos, sino recuperando función –señala David Jiménez, catedrático en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte–. El ejercicio físico es la herramienta central para transformar el estilo de vida, mejorar la capacidad física y generar cambios reales y sostenidos en la salud”. Jiménez asegura que “las intervenciones con ejercicio, combinando fuerza y trabajo aeróbico, producen beneficios que ningún tratamiento aislado logra: preservan la masa muscular, mejoran la función y reducen la fragilidad, clave para un cambio duradero”.

Como aclara la vocal de SEEDO, “los nuevos fármacos son una herramienta potente, pero no definitiva”. “El futuro pasa por personalizar tratamientos y actuar sobre la biología de la enfermedad, ajustando el tratamiento al perfil biológico de cada paciente. La investigación avanza hacia una obesidad tratada como el cáncer: con medicina de precisión”, dice.

Los nuevos enfoques terapéuticos buscan modificar la actividad de genes implicados en el almacenamiento de grasa (reprogramación epigenética), reducir la inflamación crónica del tejido adiposo, reequilibrar la comunicación intestino-cerebro y evitar que el cuerpo active mecanismos de defensa tras perder peso con la meta final de mantener el peso perdido sin necesidad de tratamientos continuos.

¿Comunicación intestino-cerebro? En este seminario se ha vuelto a poner de manifiesto que la obesidad no se deriva de un problema de “falta de voluntad”, sino de sistemas biológicos complejos: “La obesidad es, en gran parte, un problema de cables cruzados entre intestino y cerebro; nuestro trabajo busca reparar ese cableado, no culpar al paciente”, indicas Luisa Mª Seoane Camino, vocal de SEEDO y coordinadora del Grupo de Fisiopatología Endocrina del IDIS.

Celeste López Perales

Celeste López Perales

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Redactora jefa de Guyana Guardian en la delegación de Madrid, especializada en temas sociales. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.