El 20% de las menciones de X (antes Twitter) son bulos e información manipulada
Estudio FAD Juventud
El tema sobre el que más se miente es la inmigración y los principales manipuladores se sitúan en la extrema derecha
La desinformación prospera porque los algoritmos actuales premian contenidos que generan confrontación y relegan a quienes contrastan información y producen contenido de calidad

Un estudio pone cifra a la desinformación que circula libremente por la red social de Elon Musk

Nuevo estudio que pone de manifiesto la manipulación a la que están expuestos los ciudadanos en las redes sociales, con la proliferación de desinformaciones. El 20% de las menciones de X (antes Twitter) son bulos y engaños, lanzados la mayoría de las veces por desconocidos (muchos son robot) que tienen un fin claro de manipular y erosionar la confianza en el sistema democrático. El tema sobre el que más se miente, manipula, engaña y exagera es la inmigración y los principales manipuladores y mentirosos se sitúan en la extrema derecha.
“Los ultras centran las menciones en la desacreditación sistemática de figuras públicas e instituciones mediante ataques personales, insultos y acusaciones directas. Este enfoque no solo moviliza emociones como la frustración y el desprecio, sino que también erosiona la legitimidad de actores clave, generando un clima de desconfianza generalizada”.
Estos son algunos de los hallazgos de la investigación Entre el ruido y los datos, un estudio de Fad Juventud, enmarcada en el proyecto Surfear la Red y desarrollada en colaboración con Google.org, que analiza la desinformación que circula en la red social X y las dinámicas que caracterizan su difusión entre adolescentes y jóvenes en los entornos digitales.
La desinformación es contenido manipulado de forma deliberada, difundido con el objetivo de engañar al público
¿Qué es desinformación? Según ha definido el Parlamento Europeo, “es contenido manipulado de forma deliberada, difundido con el objetivo de engañar al público y alcanzar fines estratégicos, políticos o económicos. A menudo es difundida por actores malintencionados que buscan socavar la confianza en las instituciones democráticas o influir en los procesos electorales. La desinformación es peligrosa para la democracia porque distorsiona el debate público, polariza a la sociedad y dificulta que las personas tomen decisiones informadas, libres de interferencias y manipulaciones”.
Según datos del estudio, la desinformación no se distribuye de forma homogénea, ni afecta por igual a todos los temas. Los datos muestran que se concentra especialmente en ámbitos sensibles del debate público y que tiene como principales objetivos a políticos y políticas, medios de comunicación y la justicia, erosionando la confianza en instituciones clave del sistema democrático.
Desde el punto de vista temático, la inmigración es el ámbito más afectado, con la mitad de las menciones de desinformaciones. Le siguen la justicia (47%), la religión (43%), los conflictos bélicos (41%) y la política (39%), espacios donde predominan mensajes manipulados, descontextualizados o diseñados para generar polarización.
Los algoritmos actuales premian contenidos que generan confrontación, polarización y emociones intensas
¿Por qué prospera la desinformación? “Porque los algoritmos actuales premian contenidos que generan confrontación, polarización y emociones intensas como la rabia y la indignación. El diseño actual favorece a los creadores que priorizan la viralidad con mensajes rápidos y sensacionalistas, relegando a quienes contrastan información y producen contenido de calidad”, explica este trabajo.
La política es el tema de conversación más frecuente en X, representando aproximadamente una de cada cuatro menciones. Por “política” entendemos, aquí, las relaciones entre partidos políticos, diferenciándola de todo aquello relacionado con las políticas públicas. Sin embargo, otros temas como el deporte, los medios de comunicación, los conflictos bélicos, el género y la sanidad también son relevantes.
¿Cómo se desinforma en cada temática? Mintiendo, exagerando, descontextualizando. En el caso de la inmigración, por ejemplo, se genera rechazo o alarma social, generalizando hechos aislados, tergiversando estadísticas, vinculando sin pruebas a inmigrantes con delitos y fomentando temores sobre una “amenaza cultural”. Usa datos desactualizados o inventados para reforzar prejuicios.
La desinformación de la ultraderecha es de alta intensidad, caracterizada por la publicación de contenidos falsos
¿Quién está detrás de esas mentiras? El grupo mayoritario se identifica con la ultraderecha. Sus cuentas más influyentes incluyen figuras públicas, asociaciones, influencers políticos anónimos y medios digitales que promueven posturas nacionalistas y conservadoras extremas.
“La desinformación en esta comunidad es de alta intensidad, caracterizada por la frecuente publicación de contenidos falsos o manipulados. Este grupo emplea narrativas polarizadoras diseñadas para movilizar emocionalmente a sus seguidores y desacreditar a sus oponentes”, señala este trabajo de la FAD Juventud.
El lenguaje utilizado es de confrontación y descalificativo, con términos como “corruptos”, “traidores” o “criminales” contra sus adversarios, mientras arremete contra los inmigrantes y los medios de comunicación tradicionales, a los que acusa de censura y parcialidad. Con estos argumentos, promueven redes sociales como una fuente alternativa para “obtener información veraz”, continúa el informe.
No hay que confrontar con los propagadores de bulos porque se amplifica su mensaje
¿Qué hacer? Por lo pronto no subestimar a los altavoces de desinformación, ya que los 100 más importantes son capaces de generar más de 11 millones de menciones en un solo mes, amplificando exponencialmente el impacto de las narrativas falsas, señala este trabajo.
Y no confrontar directamente a los perfiles desinformadores porque puede tener efectos contraproducentes. En el análisis de redes realizado en este informe, se ha observado que las comunidades en redes sociales suelen tener cierta cohesión, manteniendo interacciones principalmente dentro de su propio grupo. Sin embargo, al interactuar con desinformadores, se abre la puerta para que sus narrativas entren en nuestras comunidades, exponiendo a amigos y amigas, contactos y seguidores a contenidos falsos o manipuladores.
Este intercambio no solo amplifica la difusión de la desinformación, sino que también contribuye a crear un ambiente social más polarizado y hostil. En lugar de frenar la propagación, estas confrontaciones suelen legitimar y dar mayor visibilidad a los mensajes desinformadores, indica este estudio.