Lluvias torrenciales en Brasil: al menos 30 muertos y decenas de desaparecidos
Miles de evacuados
Los expertos han relacionado la mayoría de estos episodios mortales con los efectos del cambio climático

Bomberos recuperan un cadáver tras una riada en Brasil.
Al menos 30 personas han muerto y unas cuarenta están desaparecidas este martes tras las lluvias torrenciales que han devastado el sureste de Brasil, según el último balance de los bomberos. Tres bomberos extraían el cuerpo de un hombre del barro, entre los restos de 12 viviendas completamente sepultadas por un corrimiento de tierra, en una de las zonas más afectadas.
Se trata del Parque Burnier, un barrio situado en la ladera de una colina en Juiz de Fora, ciudad de 540.000 habitantes en una región montañosa del estado de Minas Gerais, donde 22 personas han perdido la vida. Los servicios estatales de bomberos informaron el martes por la noche de un total de 30 fallecidos en las ciudades de Juiz de Fora y Ubá. Más de 200 personas han sido rescatadas.
Los equipos de emergencia, con la ayuda de perros rastreadores, continúan buscando a 39 desaparecidos entre los escombros. La alcaldesa de Juiz de Fora, Margarida Salomão, declaró al amanecer el estado de catástrofe natural ante las precipitaciones “intensas y persistentes” que han provocado al menos 20 deslizamientos de tierra. Unas 3.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, según los servicios municipales.

Se trata del mes de febrero más lluvioso de la historia de la ciudad, con 584 milímetros de precipitaciones, el doble de lo previsto para todo el mes.
En el Parque Burnier, 12 viviendas fueron arrastradas por uno de estos corrimientos de tierra, indicó a la AFP el comandante de los bomberos, Demetrius Goulart. “Mucha gente estaba en sus casas”, precisó. Wilton Aparecido de Souza tiene los ojos llenos de lágrimas. Su hijo de 20 años se encuentra bajo los escombros de la avalancha de lodo.
“Su vida está en manos de Dios. Es un buen chico, acababa de terminar el servicio militar y quería comprarse una moto”, declaró a la AFP este hombre de 42 años. “Que al menos encuentren su cuerpo, para poder enterrarlo dignamente”, añade entre sollozos.

Decenas de vecinos observan el trabajo incansable de los bomberos en busca de desaparecidos. Los rostros están desencajados y las miradas, llenas de angustia. En los raros momentos en que se detienen los motores de las excavadoras, el silencio resulta sobrecogedor, solo interrumpido por los ladridos de un perro en pánico.
“Casi todas las personas enterradas en este barro son de mi familia: está mi hermana, mi sobrino”, lamenta Cleiton Ronan, mozo de almacén de 32 años. “Me dio un mareo, grité, recé. Siento tristeza, pero también esperanza de que encontremos supervivientes”, continúa.
Pero “cuanto más tiempo pasa, menores son las posibilidades de hallar personas con vida”, declaró a la AFP Paulo Roberto Bermudes Rezende, coordinador de Defensa Civil de Minas Gerais, desplazado al Parque Burnier para evaluar los daños. “Estamos aquí desde anoche para ver si han sobrevivido bajo tierra... La esperanza es lo último que se pierde”, afirma Livia Rosa, costurera de 44 años, que tiene a varios familiares sepultados bajo el lodo.
Brasil ha sufrido en los últimos años varias tragedias vinculadas a fenómenos climáticos extremos
“Cuando desenterré objetos de niños, balones, osos de peluche, se me partió el corazón. Yo también soy padre (...) Intento ayudar como puedo”, relata Atila Mauro, albañil de 33 años. Los equipos de emergencia combaten al mismo tiempo inundaciones, corrimientos de tierra y riesgos estructurales en las riberas y zonas cercanas al río Paraibuna, que se ha desbordado, precisó el teniente Henrique Barcellos, de los bomberos de Minas Gerais.
Las autoridades han suspendido las clases en todas las escuelas municipales. Algunos vecinos grabaron edificios que se derrumbaban en cuestión de segundos. “Nuestra prioridad es garantizar asistencia humanitaria, restablecer los servicios básicos, ayudar a las personas desplazadas y apoyar la reconstrucción”, escribió el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en X.
Brasil ha sufrido en los últimos años varias tragedias vinculadas a fenómenos climáticos extremos: inundaciones, sequías y olas de calor intensas. En 2024, unas inundaciones en el sur del país dejaron más de 200 muertos y afectaron a dos millones de habitantes, en una de las peores catástrofes naturales de la historia moderna de Brasil.
En 2022, una violenta tormenta causó 241 muertos en la ciudad de Petrópolis, en el estado de Río de Janeiro. Los expertos han relacionado la mayoría de estos episodios mortales con los efectos del cambio climático.