Sociedad

Desmontando la verdad tras el mito de

Fact-checking

La Universidad de Navarra investiga (36 ch

El estudio liderado por la Universidad de Navarra no concluye que el consumo de vino dentro de la dieta mediterránea sea la causa directa de una mejor salud y menor

Zak Chapman (Pixabay)

¿Qué se ha dicho?

Que el vino, consumido moderadamente en la dieta mediterránea, reduce la mortalidad un 33% y favorece la salud, según un estudio de la Universidad de Navarra con más de 18.000 participantes.

¿Qué sabemos?

Que esta reducción en la mortalidad sale de comparar a las personas que no siguen una dieta mediterránea y no consumen vino, y las que hacen ambas cosas y, por tanto, no permite extraer ninguna conclusión absoluta sobre supuestos beneficios del consumo de vino. Que, además, se trata de un estudio observacional que no demuestra causalidad, y los propios autores aconsejan prudencia en la interpretación de los resultados. Que según la Organización Mundial de la Salud, no existe ninguna cantidad segura de alcohol que no afecte negativamente a la salud.

Estos días ha circulado mucho en las redes un estudio liderado por la Universidad de Navarra sobre el consumo de vino dentro de la dieta mediterránea. Según explica la nota de prensa de la universidad, este estudio realizado con 18.000 participantes demuestra que “el vino favorece la salud si se consume con moderación dentro de la dieta mediterránea” y, concretamente, que “reduce la mortalidad en un 33%”. Es ENGAÑOSO.

El estudio en cuestión no demuestra que el consumo de vino reduzca de forma directa y causal la mortalidad. Se trata de un estudio observacional (a partir de registros de personas, sin intervenir), y el porcentaje proviene de una comparativa entre los datos de participantes que seguían una dieta mediterránea y consumían moderadamente vino, con quienes no seguían esta dieta ni bebían vino durante las comidas. Por eso, no permite establecer que el factor específico que supuestamente reduce la mortalidad sea el vino.

Engañoso

Beber vino con moderación y seguir la dieta mediterr

Los autores del estudio explican en el propio artículo que “algunas asociaciones e interacciones no significativas aconsejan prudencia en la interpretación de estos resultados”, y añaden que, para confirmar sus observaciones, “son necesarios ensayos clínicos aleatorizados a gran escala, diseñados específicamente para comparar consumo moderado de vino con abstinencia de vino”.

“No es posible establecer una relación causal definitiva: no podemos afirmar con absoluta certeza que el consumo moderado sea el responsable directo de los beneficios observados”, indica a Verificat Miguel Ángel Martínez, el autor principal del estudio y catedrático en Medicina de la Universidad de Navarra.

“Los resultados no son, pues, una invitación genérica a beber y no se recomienda iniciar el consumo de alcohol por motivos de salud”, remarca Martínez, que destaca, como dice también la nota de prensa, que “no se han detectado ventajas en consumos más elevados, ni cuando el vino se ingería fuera de ese patrón [de dieta mediterránea]”.

Sí hay evidencia firme, en cambio, de que el consumo de alcohol, incluso moderado, está relacionado con algunos tipos de cáncer. En 1988, el programa de monografías de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ya clasificó las bebidas alcohólicas como cancerígenas para los humanos (Grupo 1), y en el último resumen de evidencias científicas concluyen que “el consumo de alcohol aumenta el riesgo de al menos siete tipos de cáncer y causa aproximadamente un 4% de todos los nuevos cánceres a nivel mundial cada año”, y que “incluso niveles bajos de consumo de alcohol aumentan el riesgo de cáncer”. Desde la Organización Mundial de la Salud aseguran que “no hay ninguna cantidad segura de alcohol que no afecte a la salud”. Esto no es algo nuevo, y lo hemos explicado anteriormente en Verificat.

No se puede asegurar directamente que el vino sea benefici

Los estudios observacionales siguen a un grupo de personas (cohorte) durante un tiempo para hacer seguimiento de su estado de salud, en relación con algunas variables. Sin embargo, al no intervenir directamente sobre el comportamiento de los participantes, ni haber grupos de control que permitan descartar que los efectos observados sean provocados por otras variables, no permiten establecer causalidad.

El estudio, publicado este febrero en el European Heart Journal, analizó los datos de dos cohortes en España que seguían a los participantes a lo largo de dos décadas: el estudio clínico PREDIMED (7.447 personas con alto riesgo cardiovascular, entre 55 y 80 años) y la cohorte del proyecto Seguimiento University of Navarra (SUN) (10.554 graduados universitarios de España, mayores de 40 años).

La reducción del 33% en la mortalidad por todas las causas es fruto de un reanálisis del estudio PREDIMED, que originalmente era un ensayo clínico aleatorizado que comparaba tres intervenciones dietéticas: la adherencia a una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra, a la misma dieta suplementada con frutos secos y a una dieta control baja en grasas. La investigación original concluyó que la adherencia a una dieta mediterránea comportaba beneficios en términos de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, el trabajo no establecía quién bebía vino y quién no de manera aleatoria.

Los responsables del reciente análisis han optado por examinar nuevamente la información, aunque segmentando los hallazgos según la ingesta de vino declarada por los integrantes en los sondeos de monitoreo.

El nuevo estudio, publicado este febrero en base al seguimiento de los participantes durante 17 años, clasificó a los participantes en cuatro grupos:

  • los que no seguían la dieta mediterránea y no consumían vino en las comidas,
  • los que no seguían la dieta y sí consumían vino,
  • los que seguían la dieta sin vino,
  • y los que seguían la dieta mediterránea con vino.

Para comparar los datos, tomaron el primer grupo como referencia, otorgándole el valor 1 en lo que se llama ratio de riesgos (HR, del “hazard ratio” en inglés). Para el resto de grupos, los riesgos de mortalidad y de padecer enfermedades cardiovasculares se interpretan en relación con este grupo de referencia, y es de ahí donde aparecen los porcentajes de la nota de prensa.

Así, las personas que seguían una dieta mediterránea sin consumir vino tenían un ratio de riesgos ajustado de 0,77 en cuanto a mortalidad total. Es decir, un 23% menos de riesgo de morir por cualquier causa que quienes no seguían la dieta mediterránea y no consumían vino en las comidas (que tenían el valor de referencia 1).

Entre los que seguían la dieta mediterránea y, además, consumían vino de forma moderada, el HR era de 0,67, por tanto, un 33% menos respecto al mismo grupo de referencia. Es decir, que esta caída de riesgo no está relacionada sólo con el consumo de vino, sino también con el patrón dietético.

“Es un estudio cohorte, no se puede hablar de causalidad, pero sí de una asociación significativa”, coincide en declaraciones a Verificat Ramon Estruch, otro de los autores del estudio, que es consultor senior de Medicina Interna e investigador del Hospital Clínic de Barcelona.

“Lo que sugiere el estudio es una asociación en determinados análisis, dentro de un contexto dietético concreto, pero no permite concluir de forma directa que el vino “favorezca la salud” como mensaje general”, valora la publicación a Verificat Miguel Marcos Martín, médico al servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Salamanca, catedrático de la Universidad de Salamanca, y miembro del Grupo de trabajo Alcohol y otras drogas de la Sociedad Española de Medicina Interna.

Ninguna dosis de alcohol es segura.

Los propios autores reconocen a la introducción del artículo ciertas limitaciones y recomiendan cautela a la hora de extraer conclusiones. “Algunos resultados no llegan a significación estadística en todos los análisis, por lo que deben interpretarse con cautela”, señalan. También lo remarca el autor Miguel Ángel Matínez a Verificat.

El estudio tampoco permite saber qué beneficios pueden atribuirse a este consumo de vino y cuáles a otras variables de confusión. La gente con mayor adherencia a una dieta mediterránea, pese a un consumo moderado de vino, también podría tener otros hábitos saludables positivos, como realizar un mayor ejercicio físico, o tener un nivel adquisitivo o de estudios superior, señala Estruch. “Esto es mucho más dificil de controlar con este tipo estudios”, defiende. De hecho, los autores reconocen en el paper que no disponen de datos del nivel adquisitivo de los participantes, por ejemplo, pero sí que controlan por el grado de estudios y los hábitos de vida.

Miguel Marcos Martín, de la Universidad de Salamanca, señala que existen “muchos estudios observacionales con resultados aparentemente favorables para consumo moderado o ‘de bajo riesgo’, pero estos resultados son muy sensibles a sesgos metodológicos (tipo de comparador, confusión residual, patrones de consumo, estilo de vida asociado, etc.) Y también hay muchos estudios observacionales que no comprueban esta asociación”.

Por ejemplo, una revisión sistemática y metaanálisis de las universidades de Victoria (Canada) y Portsmouth (Reino Unido) a partir de 107 estudios de cohortes con más de 4,8 millones de participantes no encontró reducciones significativas en el riesgo de mortalidad por todas las causas para los bebedores que bebían menos de 25 g de alcohol al día, pero sí detectó “un aumento significativo del riesgo de mortalidad por todas las causas entre las mujeres que bebían 25 o más gramos al día y entre los hombres bebedores que bebían 45 o más gramos al día”.

Por otra parte, el Código Europeo contra el Cáncer y el último resumen de evidencias de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) determinan, a partir de estudios observacionales, que “existe una relación causal entre el consumo de bebidas alcohólicas y el cáncer oral, de faringe, laringe, esófago, hígado, colon y recto y mama, incluso a niveles bajos y moderado”. Desde la Organización Mundial de la Salud aseguran “no hay ninguna cantidad segura de alcohol que no afecte a la salud”.

“No podemos enviar el mensaje de que sea bueno beber. Los efectos secundarios están ahí”, remarca Martín.

Cuenta con apoyo de una fundación del vino.

Algunos usuarios en las redes han señalado también que el estudio dirigido por la Universidad de Navarra podría tener conflicto de intereses ya que ha recibido financiación del Fondo de Investigación sobre Vino y Nutrición (FIVIN) y de Interprofesional del vino de España.

Asimismo, FIVIN manifiesta en su página web que posee “la misión de comunicar a la comunidad médica de todos aquellos estudios […] que demuestran que el vino posee varios componentes que aportan beneficios para salud, especialmente para prevenir enfermedades cardiovasculares” y se encuentra integrado por un patronato exclusivo de bodegas y productores de vinos.

Por otra parte, la Interprofesional del vino asegura en su página web que desde 2017 “está desarrollando actuaciones con el objetivo de acercar el vino a los consumidores y hacer el consumo más cotidiano”. Entre las acciones de promoción, está la “investigación sobre vino y salud y difusión de los resultados”.

Estruch explica que en este estudio en concreto, “contribuyó mucha gente”, y fue principalmente financiado por el gobierno estatal a través del Ministerio de Economía. En el caso del FIVIN, detalla que contribuyeron al análisis de biomarcadores del consumo de vino, como el ácido tartárico presente en la orina, que permitía contrastar, en un subgrupo de participantes PREDIMED, las respuestas a las encuestas con las concentraciones obtenidas. Según explica Estruch a Verificat, citando lo que se declara en la publicación científica, “los financiadores no tuvieron ningún rol en el diseño del estudio, la recopilación y el análisis de datos, la decisión de publicar o la preparación del manuscrito”.

Etiquetas