Sociedad

Los españoles se muestran divididos a la hora de valorar el impacto social y laboral de la IA

Estudio Fundación BBVA

Existe preocupación por sus efectos sobre la privacidad, las relaciones personales y el funcionamiento de la democracia

La mayoría no cree que las máquinas hagan las tareas mejor que las personas, salvo si se trata de traducir textos

Una empleada prueba diferentes plataformas de inteligencia artificial en busca de la más útil para su trabajo 

Una empleada prueba diferentes plataformas de inteligencia artificial en busca de la más útil para su trabajo 

Mané Espinosa

La polarización que vive la sociedad española alcanza incluso a las expectativas y actitudes que los ciudadanos tienen respecto a la inteligencia artificial. La población se encuentra dividida entre quienes creen que mejorará la sociedad (un 47%) y quienes opinan que la empeorará (casi 40%); entre quienes ya la han usado (un 53%) y quienes no (47%); entre quienes dicen entender en qué consiste (55%) y quienes no. Con todo, el sentimiento mayoritario hacia la IA, a comienzos de 2026, es la preocupación (49% de la población), frente a solo un 16% que manifiesta entusiasmo.

Así se desprende del estudio sobre actitudes hacia esta tecnología que ha llevado a cabo la Fundación BBVA, en el que se ha medido tanto el nivel de comprensión y adoptación de la IA como las expectativas, valoraciones y sentimientos que suscita en un amplio abanico de ámbitos tanto de la vida privada como pública.

La nueva generación de IA ha logrado una alta visibilidad en un plazo de tiempo muy corto, y ocho de cada diez entrevistados ya ha oído hablar de ChatGPT, Gemini o Copilot, aunque un 45% admite un débil o nulo nivel de compresión de la misma. 

Quizá por eso, en la sociedad española predomina el sentimiento de preocupación respecto a la IA, si bien quienes más la han utilizado y más la entienden también son los que muestran mayor entusiasmo.

Y esa es una correlación que también se observa en el terreno de las expectativas: son más favorables entre quienes han utilizado alguna vez esos chatbots (58% cree que mejorará la sociedad) que entre quienes nunca lo han hecho (34% imagina un efecto positivo).

Junto a la familiaridad con la tecnología, hay factores sociodemográficos que influyen en las actitudes frente a la IA. Son más favorables los hombres, la población joven, las personas con mayor nivel educativo, los estudiantes y quienes ideológicamente se definen de derechas o de centro. En cambio, las mujeres, los desempleados, la población menos formada y los que se definen “de izquierdas” desconfían más.

Nueve de cada diez personas temen no poder distinguir lo real de lo artificial en el mundo digital

Esa dualidad no evita que existan temores masivos sobre efectos indeseados de la IA. Un 88% de la población teme no poder distinguir lo real de lo artificial en el mundo digital, un 83% teme el uso de armas autónomas y un 80% prevé la desaparición de muchas profesiones. Ello a pesar de que el 58% cree que la IA servirá más para complementar y potenciar el trabajo de las personas que para sustituirlas (37% opina esto último).

Otros temores mayoritarios son que esta tecnología aumente el espionaje, la delincuencia y el terrorismo. Y el 59% cree que la IA superará la inteligencia de las personas.

Sin embargo, entre la población general predominan quienes piensan que, en los próximos años, la IA no será capaz de hacer mejor que las personas la mayoría de los trabajos, excepción hecha de traducir textos entre distintas lenguas, algo en que el 73% cree que ya supera a los humanos. En cambio, creen que se desempeñará peor que las personas al decidir a quién dar la libertad condicional, a quién contratar, dar apoyo a alguien con problemas psicológicos o prestar servicios de atención al cliente.

De hecho, son más los dispuestos a dejarse intervenir quirúrgicamente por un robot que los que desean hablar con una IA en un servicio de atención al cliente o quienes le confiarían a un chatbot sus problemas emocionales.

Quizá porque uno de los ámbitos en que la población cree que la IA aportará mejoras es el de la salud (79%), seguido de la productividad en el trabajo, el entretenimiento y la formación. Por contra, la ven como una clara amenaza para la privacidad (el 71% cree que empeorará), las relaciones personales, la salud mental o el funcionamiento de la democracia. 

Y sobre este último aspecto hay claras diferencias en función de la ideología: quienes se sitúan en la derecha son considerablemente más optimistas respecto al funcionamiento de la democracia bajo la influencia de la IA que quienes se sitúan en la izquierda. En concreto, un 26% de las personas “de derechas” cree que la IA mejorará el funcionamiento democrático, frente a solo un 12% de las “de izquierdas”. El centro se sitúa en un punto intermedio, con un 22%.

Usuarios frecuentes

Tienen una visión más positiva de su utilidad

El estudio de Fundación BBVA revela también claras diferencias entre las actitudes del conjunto de la población y las de aquellos que ya usan con frecuencia la IA, principalmente los jóvenes. El 76% de quienes usan estas herramientas tecnológicas las consideran útiles o muy útiles. 

Las emplean fundamentalmente para el aprendizaje y el estudio, pero también para cuestiones personales y laborales. El uso más extendido es la búsqueda de información para resolver dudas, seguido de traducciones, redacción de textos, elaboración de resúmenes y edición de textos, aunque un 43% también recurre a la IA en busca de ideas y propuestas. 

Y ya hay un tercio de usuarios que realiza en ellas consultas sobre salud, mientras que solo un 2% afirma utilizarlas para relaciones afectivas, como pareja virtual.

Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Estoy convencida de la relevancia social de esta profesión y busco aplicarla ya sea informando sobre demografía, salud, ciencia, corrientes sociales, tecnología o finanzas del hogar.