Sociedad

Gisèle Pelicot: “Soy una despertadora de conciencias”

El mirador

Se ha ganado todo el derecho a ser feliz. Y lo pregona. Aunque no esconde que salir del infierno al que le abocó su marido –“acabé en un campo de ruinas y he tenido que reconstruirme, dice– ha sido doloroso y complicado. Repite que sola jamás lo habría conseguido. Ella dio el primer paso al pedir, tras reflexionarlo “durante cuatro años”, que el juicio contra sus violadores (51) fuera público, que todo el mundo viera sus caras y se desenmascarara la calaña de esos hombres. Para que “la vergüenza cambie de bando”, frase que ya es un lema.

Gisèle Pelicot ,víctima de abusos sexuales, en un momento de la presentación de su libro en Barcelona
Gisèle Pelicot,víctima de abusos sexuales, en un momento de la presentación de su libro en BarcelonaMiquel Gonzalez/Shooting

Abrir de par en par las puertas de la sala de vistas, algo de que lo jamás se ha arrepentido, fue el inicio de esa reconstrucción. En el juzgado empezó a sentir el apoyo social a su valentía. Un aplauso que ya no ha cesado y eso, dice esta mujer, le ha dado fuerzas para encontrar otra vez sentido a su vida. Es un icono, una heroína, aunque ella no se vea como tal. Sí asume que su historia tenía que ser contada porque su cruzada judicial, primero, y literaria, después, está ayudando a otras mujeres que han pasado por infiernos parecidos al suyo. Decir iguales, sería mucho. Así que como mucho se define como “una despertadora de conciencias”.

Gisèle Pelicot presenta en Barcelona su libro y dice haberse “reconstruido” tras “bajar al infierno”

Gisèle Pelicot, drogada por su marido y ofrecida por el que fue durante 50 años su compañero de vida a otros hombres para que la violaran en estado de inconsciencia, está de gira por España para presentar su libro, Un himno a la vida (Lumen y Ara Llibres). Ayer recaló en Barcelona.

De aspecto delicado y frágil –lo que contrasta con su entereza interior– y tocada siempre por ese porte de elegancia que la caracteriza, esta mujer francesa de 73 años destila al escucharla empatía y honestidad. Ha aprendido a ponerse en la piel de otras mujeres víctimas de violencia sexual y, a la vez, no escatima detalles a la hora de narrar su particular infierno, convencida de que eso puede romper muchos silencios y poner en la picota a agresores sexuales, en una sociedad, recalca, que los protege. En la que impera, decía ayer, “la dominación femenina”.

Gisèle Pelicot presentó su libro en la Biblioteca Sarrià-J.V. Foix, en Barcelona, que se llenó
Gisèle Pelicot presentó su libro en la Biblioteca Sarrià-J.V. Foix, en Barcelona, que se llenóMiquel Gonzalez / Shooting

Lo contaba Gisèle en la charla mantenida en esa presentación con la periodista Neus Tomàs en la Biblioteca Sarrià–J. V. Foix. En su libro escribe que uno de los momentos más duros, al margen de lo que sintió al descubrir lo que le había hecho Dominique Pelicot, fue el intento de desmontar su relato por parte esos hombres que la violaron inconsciente –asesorados por sus abogados– al afirmar que ella era muy consciente y aceptaba lo que ocurría en esa cama por la que se cree pasaron cerca de un centenar de violadores en una década. “Yo era una exhibicionista, cómplice de lo que me habían hecho, una consentidora”, afirma al recordar las peregrinas excusas de esos violadores para evitar –lo que no consiguieron– una pena de cárcel.

Otro de los momentos que esta mujer recuerda con especial angustia fue “cuando tuve que contarles a mis hijos lo que me había hecho su padre; fue duro porque ellos no han elegido a ese hombre, yo si y durante mucho tiempo pensé que era un buen esposo”.

Gisèle Pelicot mantuvo una conversación franca y abierta con la periodista Neus Tomàs ante un amplio auditorio biblioteca Sarrià-JV Foix. 
Gisèle Pelicot mantuvo una conversación franca y abierta con la periodista Neus Tomàs ante un amplio auditorio biblioteca Sarrià-JV Foix. Miquel Gonzalez/Shooting

Gisèle ha decidido mantener el apellido de su exmarido (al que llama señor Pelicot para mantener distancias) por sus hijos y nietos. Ese hombre, cuenta, “me hizo bajar a los infiernos”. Pero ha logrado salir de ese oscuro agujero y quiere contarlo. Con tanta fuerza que ahora, repitió ayer, “estoy reconstruida y preparada para volver a mirar cara a cara al señor Pelicot”. Quiere visitarlo en la cárcel “porque en el juicio solo pude hablar con él a través del juez, sin mirarle a los ojos”. ¿Para qué”, le preguntó Neus Tomás. “Para que me explique por qué me hizo tanto daño y para saber si también se lo hizo a su hija”. Tras esa visita, si se produce, “voy a decirle adiós definitivamente”.

Gisèle no será, como dice ella, ni un icono de la lucha feminista ni una heroína, pero anoche en Barcelona las más de 200 personas que acudieron a la presentación de su libro no lo ven igual. La recibieron y despidieron de pie con un largo aplauso. La práctica totalidad de ese público, mujeres.

Titulado en Periodismo por la UAB. Integrante de la plantilla de Guyana Guardian desde