Gisèle Pelicot al ver el primer vídeo de una de sus violaciones: “Era una muñeca de trapo”
Un libro descarnado
La exmujer de Dominique desnuda su alma en un libro, donde desvela por qué quiso un juicio con público

Gisele Pelicot fue recibida muchos días con aplausos a su llegada a la sala donde se celebró el mediático juicio.

Gisèle Pelictot desnuda, como nunca antes lo había hecho, sus sentimientos en el libro Un himno a la vida, que llegará a las librerías españolas el 17 de febrero. La exesposa de Dominique Pelictot, violada por un centenar de hombres a los que su marido invitaba a su casa para que la agredieran sexualmente tras dormirla con barbitúricos, narra lo que sintió al ver por primera vez los vídeos de esas violaciones.
“No conocía a esos individuos. Ni a esa mujer. Tenía el rostro tan flácido. La boca tan caída. Era una muñeca de trapo”. Esas primeras imágenes se las mostró un gendarme. Citaron a Gisèle a una comisaría en noviembre de 2020. Ella pensó, revela en ese libro, que querían interrogarla por un incidente reciente protagonizado por su marido.
Ella siempre consideró a su esposo “como un buen marido”; no vio su cara más depravada hasta que ya era tarde
Dominique había sido sorprendido grabando bajo las faldas a mujeres en un supermercado. Así que Gisèle interpretó que esa citación era para preguntarle por esos hechos. Algo que la mujer, reconoce, había ya perdonado a su esposo con la condición de que acudiera a un psicólogo. Era el hombre con el que había vivido medio siglo y al que pese a ese incidente en el supermercado seguía considerando “un buen marido”.

Pero el hombre tenía una cara mucho más perversa, que Gisèle no descubrió hasta ver primera vez los vídeos que Dominique se preocupaba de grabar y guardar en su ordenador, lo que permitió identificar a los 50 hombres condenados por violarla en el centenar de agresiones sexuales constatadas. “Mi mente quedó paralizada, no daba crédito a lo que estaba viendo”, relata Gisèle, según extractos del libro adelantados por el diario Le Monde.
La sentencia
20 años por violación agravada
Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de prisión por violación agravada y realización y distribución de imágenes de Gisèle Pelicot, y realización y distribución de imágenes sexuales de su hija mayor, Caroline. No pudo probarse que violara a esta última. No podrá optar a la libertad condicional hasta que haya cumplido dos tercios de la pena.
Los otros 50 acusados recibieron penas de entre 3 y 15 años, inferiores a lo que pidieron los fiscales durante el juicio.
La exmujer de Dominique Pelicot ha querido dejar, por otro lado, muy claro en este descarnado relato por qué decidió que el juicio por esa retahíla de violaciones cometidas a lo largo de una década fuera púbico. “A puerta cerrada nadie sabría lo que me habían hecho. Ningún periodista estaría ahí para escribir sus nombres junto a sus crímenes. Ningún desconocido vendría a mirarles a la cara preguntándose cómo se reconoce a un violador entre tus vecinos y colegas”, escribe.
Al ver las imágenes
“Mi mente quedó paralizada, no daba crédito a lo que estaba viendo”
El mediático juicio a puerta abierta convirtió a Gisèle en un icono de la lucha contra la violencia sexual. Con un factor añadido en este caso: la sumisión química. El debate se centró en el consentimiento. Esta víctima se pregunta desde que descubrió lo que le hizo su marido, cuántas mujeres más han podido ser también violadas tras anularles su voluntad los agresores con barbitúricos.
La vista abrió ese debate y la Asamblea Nacional francesa recogió el guante. Aprobó en octubre 2025 incluir la noción de consentimiento explícito en la definición de violación, definiéndolo como libre, informado, específico, previo e irrevocable, y no asumiendo el consentimiento por el silencio.
Juicio público
“A puerta cerrada nadie sabría lo que me habían hecho. Ningún periodista estaría ahí para escribir sus nombres junto a sus crímenes”
Una de las preguntas más repetidas por Gisèle a sus violadores -la mayoría dijeron haber creído que se hacía la dormida y que todo era un juego sexual- fue esta: “¿Cuándo les di yo mi consentimiento para que se metieran en la cama?”. Algo imposible, porque tal y como queda acreditado en esos vídeos estaba drogada y no se enteraba de nada.
Más respuestas de Dominique
Irá a la cárcel para mirar le a los ojos
En una reciente entrevista al diario francés Le Figaro, Gisèle pide, de cara afuera, superar el estatus de víctima que tuvo durante el juicio. Ahora solo ha querido desnudar sus sentimientos para dejar “un testamento” de lo vivido. Reconoce que todo esto le ha llegado de golpe, pero ella sigue siendo la misma. “Sé de dónde vengo y quién soy. Soy consciente de la fama que no he buscado, pero mantengo los pies en la tierra”. No niega que su caso ha dejado una “gran huella” en la lucha contra la violencia sexual y, especialmente, todo lo referido al consentimiento.
Gisèle lo tuvo claro cuando decidió abrir las puertas de ese juicio al público. Pensó que poner cara y nombre a esos violadores haría que “la vergüenza cambie de bando”. Es el subtítulo del libro. Y no se equivocó, pues esos hombres han quedado retratados en todo el mundo de por vida.
Y después valoró que si no se abrían las puertas de esa sala de vistas podía ayudar a mujeres que han pasado por lo mismo. Identificar a esos violadores puede ayudarlas a no sentirse tan solas en esos dramas.
Afirma que con 20 años igual no habría actuado igual, pero a sus 73 ya no le dan miedo ni le importan las miradas
Esta mujer reconoce en ese relato que igual no habría tomado esa decisión con 20 años, pero a sus 73 ya no tiene miedo a las miradas externas. De hecho pidió que tampoco se cerraran las puertas de esas vistas cuando la sala visionó los vídeos de las violaciones.

En una reciente entrevista al diario francés Le Figaro, Gisèle pide, de cara afuera, superar el estatus de víctima que tuvo durante el juicio. Ahora solo ha querido desnudar sus sentimientos para dejar “un testamento” de lo vivido.
Reconoce que todo esto le ha llegado de golpe, pero ella sigue siendo la misma. “Sé de dónde vengo y quién soy. Soy consciente de la fama que no he buscado, pero mantengo los pies en la tierra”. No niega que su caso ha dejado una “gran huella” en la lucha contra la violencia sexual y, especialmente, todo lo referido al consentimiento.
Revela que ella no quiso escribir este libro. Fueron las editoriales las que fueron a buscarla. Si al final accedió es porque pensó que ese relato “puede ser útil” para otras víctimas.