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“Sí quiero..., pero que no me expliquen cuentos”: Las jóvenes redefinen el matrimonio heterosexual

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El ideal de amor romántico ha dado paso en muchos casos al matrimonio visto como un contrato comercial y práctico para la seguridad de las parejas; la sociedad ya no valora tanto el factor sentimental de las relaciones

Boda en una iglesia de Santa Coloma de Gramenet, Barcelona

Boda en una iglesia de Santa Coloma de Gramenet, Barcelona

Ana Jiménez / Propias

En agosto de 2025, la cantante Taylor Swift anunció su doceavo álbum, The Life of a Showgirl, después de varios años de éxitos profesionales que la han consolidado en la cima de la industria musical. Dos semanas más tarde, anunció su compromiso con el jugador de la NFL Travis Kelce, a través de una publicación de Instagram que ya ha superado las 35,7 millones de reacciones. Desde entonces, y en cada entrevista que ha concedido a medios, las preguntas se han concentrado alrededor de su relación y de su compromiso en vez de en su nuevo álbum.

Mònica, que prefiere no dar su apellido, tiene 29 años y trabaja en administración. Como Swift, se comprometió con su pareja en agosto de 2025. Recuerda una conversación reciente con sus amigas en la que tomó conciencia del momento que atraviesa su generación: “me voy a casar el mismo año que Taylor Swift, Dua Lipa, Georgina y otras influencers, porque parece que ahora se está casando todo el mundo”, comenta. Y es que el creciente interés por el matrimonio no se limita al ámbito de las celebridades o personalidades de internet. Según el Wedding Trends to Watch Report 2025 de Bodas.net, el 86% de los jóvenes de la generación Z planea casarse a corto o medio plazo.

Las bodas son hoy un trámite legal para tener seguridad jurídica (...) Muchas mujeres que vinieron antes que nosotras no tuvieron la misma libertad

Mònica

(29)

Mònica ahora forma parte de la generación de mujeres jóvenes que contempla el matrimonio desde una perspectiva diferente. Afirma tener sus reticencias respecto a lo que ha significado el concepto con anterioridad para “muchas mujeres que vinieron antes que nosotras y que no tuvieron la misma libertad”, y que es consciente de que se trata de “una construcción social patriarcal anticuada”. No obstante, después de diez años de relación y cinco de convivencia con su pareja, describe el matrimonio de hoy en día como un “trámite legal” que les proporcionará una “seguridad jurídica” a los dos y que fue eso precisamente lo que le hizo tomar la decisión.

Como apunta Cristina González, responsable de prensa y comunicación de Bodas.net, “el interés por casarse nunca se ha perdido. Quizás lo que sí que ha cambiado a lo largo de los años han sido los motivos para pasar por el altar”. Según el Libro Imprescindible de las Bodas, publicado por Bodas.net en colaboración con el profesor de ESADE, Carles Torrecilla, las principales motivaciones actuales de las parejas para casarse son, entre otras, las ganas de dar un paso más en su relación (56%), una excusa para celebrarlo con amigos y/o familiares (16%) o formalizar la relación por los hijos (10%).

Purificació Mascarell, profesora titular de Teoría de la Literatura en la Universitat de València, crítica literaria y escritora, investiga desde hace años la conformación del canon literario y las dificultades que han tenido las mujeres para entrar en él. Subraya que “el matrimonio ha sido, desde sus orígenes, un dispositivo de poder patriarcal, una forma de organización familiar y social para beneficio del varón”. En su último libro, Como anillo al cuello: la opresión matrimonial en la literatura femenina, explora cómo la institución del matrimonio ha sido representada y criticada por escritoras a lo largo de la historia, desde George Sand o Mercè Rodoreda hasta Louisa May Alcott o Alice Walker, mostrando que ese pequeño aro, que tradicionalmente ha simbolizado el amor, también ha sido descrito como una “argolla” de sometimiento y de violencia en muchas obras escritas por mujeres como reflejo de sus vidas.

El engaño del príncipe azul llevó al altar a muchas mujeres convencidas de vivir una historia de felicidad que solía caerse en pedazos tras la luna de miel

Purificació Mascarell

Profesora titular de Literatura en la Universitat de València

Carlos dio un emotivo discurso, aunque también hizo reír, en la boda de Gloria e Iván
Carlos dio un emotivo discurso, aunque también hizo reír, en la boda de Gloria e Iván

Además, Mascarell apunta que el ideal romántico amoroso “ha servido como coartada perfecta al patriarcado y ha apuntalado la situación de subalternidad que ha padecido la mujer española hasta hace relativamente poco tiempo”. Utiliza de ejemplo la obra de Carmen Martín Gaite, Usos amorosos de la posguerra española, donde Gaite examina el rol que ocupaba en la posguerra española la mujer: estrictamente doméstico como madre y esposa, reducida a un papel funcional y no reconocida como sujeto autónomo. “A la mujer se la educaba fundamentalmente para el matrimonio; no para una elección personal libre, sino para aceptar como destino natural la dependencia del hombre y la renuncia a una autonomía propia”, desarrolla Mascarell.

Por otro lado, desde hace ya unos años, la moda denominada 2K ha vuelto a ser tendencia entre jóvenes, y en consecuencia, la nostalgia cultural en la que se desarrolló. Las películas románticas vivieron durante esos años su edad de oro, con títulos icónicos como El Diario de Bridget Jones, El Diario de Noa, El sueño de mi vida, e incluso películas solo centradas alrededor del matrimonio como 27 vestidos, Guerra de novias, o La boda de mi mejor amigo, entre otras. En ellas solo existía un posible desenlace para la protagonista, donde la agencia femenina se vinculaba más a la consecución del compromiso que no a la decisión de casarse en sí, y donde el día de la boda se presentaba sistemáticamente como “el día más importante de su vida”. “El engaño del príncipe azul no solo ha funcionado en los cuentos: ha sido la manera de llevar al altar a una gran cantidad de mujeres convencidas de ir a vivir una historia de felicidad que solía caerse en pedazos tras la luna de miel, o incluso antes”, sentencia Mascarell al respecto.

A día de hoy siguen estrenándose en la gran pantalla películas que sitúan el matrimonio como el centro de la trama, e incluso como el único desenlace, no solo posible, sino deseado, de la protagonista. Una de las películas más esperadas del pasado año fue Materialistas, de la directora Céline Song, protagonizada por Dakota Johnson, Pedro Pascal y Chris Evans. En ella s e exploraba el papel del dinero en las relaciones y se reconocía el matrimonio como un contrato comercial y práctico para la seguridad de ambas personas en la relación, pero sobre todo para la mujer. El mensaje que quería transmitir la directora era que, hoy, el amor existe en un contexto cultural que no valora el factor sentimental de las relaciones, y que elegir ese amor de manera auténtica no es un acto ingenuo, sino radical, tal y como señala la periodista Shireen Quadri en su crítica para The Punch Magazine. Sin embargo, este mensaje esencial quedó enterrado y olvidado bajo el compromiso final de dos de los protagonistas.

Las películas no son las únicas que refuerzan el papel del matrimonio en las mujeres, sino que en la actualidad son exitosas otras representaciones artísticas como la canción “Where is my husband?” / “¿Dónde está mi marido?” de Rachel Keen, conocida como RAYE, cantante y compositora británica. El tema pop-funk trata sobre la frustración y el anhelo de encontrar una pareja, mientras utiliza imágenes y estética de los años 50 bajo una perspectiva patriarcal, y ha generado debate en redes sobre las presiones sociales que enfrentan las mujeres para casarse. 

Hay que irse casi veinte años atrás, en 2008, para encontrar otra canción que también fue tendencia sobre el mismo tema. Single Ladies de la artista Beyoncé se entendió en su momento como un emblema a la soltería y al empoderamiento de las mujeres para subvertir la tradición, pero también se consideró como una excusa para acatar las reglas patriarcales al enfocarse en el matrimonio heterosexual, la objetificación de las mujeres y la codicia materialista. Según Mascarell, el machismo y la misoginia “han aumentado sus decibelios” durante los últimos años. Apunta a que esto ha ocurrido en todas las épocas de libertad femenina, como ocurrió con la femme fatale en el siglo XIX, y que “en realidad era el miedo a la pérdida de privilegios masculinos”. La experta asegura que “el pavor patriarcal es la mejor señal de que avanzamos”.

Y es que las redes sociales también juegan un papel importante en la percepción de lo que es común entre mujeres jóvenes y sus relaciones amorosas. Mònica reconoce que a pesar de haber visto compromisos anunciados por Instagram y recopilaciones de fotografías de bodas grandilocuentes, no siente presión directa por lo que otros comparten, pero sí percibe la influencia de su círculo cercano. “Si veo que mis cinco amigas se han prometido, eso planta una semilla inconsciente en mi mente que me hace pensar que yo también quiero casarme. Pasaba antes, pasa ahora y seguirá pasando”, explica.

A la mujer se la educaba para el matrimonio; no para una elección personal libre, sino aceptar como destino natural depender del hombre

Purificació Mascarell

Profesora titular de Literatura en la Universitat de València

Las redes no solo muestran parejas felices y comprometidas, sino que también han dado paso a cuestiones sobre lo que significa la soltería y la independencia femenina. El artículo viral de Vogue escrito por Chante Joseph analiza por qué tener novio puede resultar vergonzoso para algunas mujeres heterosexuales de las generaciones más jóvenes. Según la periodista, la tendencia de aparentar soltería en redes refleja la idea de que la pareja es una elección, no una necesidad, y que la mujer puede sentirse completa por sí misma. Además, esta vergüenza puede entenderse como una forma de ironía social, como el rechazo a las expectativas tradicionales sobre el amor y un símbolo de autonomía.

Mascarell destaca que el patriarcado persiste a través de diferentes formas, con la reproducción de los patrones de películas románticas de Hollywood, o con la existencia de influencers que monetizan dichos estereotipos de esposas perfectas, “que por estar pasados de moda y no ser realistas llaman la atención”. Sin embargo, también insiste en que las mujeres de hoy en día, independientemente de si se casan o no, “ya no están dispuestas a vivir controladas por los hombres, sumisas y domesticadas”, razona la experta.

A pesar del aumento del interés social, los datos oficiales no muestran un repunte estadístico contundente. Según bodas.net, El Instituto Nacional de Estadística (INE) registró en 2024 un total de 175.364 matrimonios, aproximadamente un 2% más que el año anterior. Mascarell, además, matiza que se trata de un incremento pequeño y que, sin una serie histórica larga de más de cuarenta años, no es posible concluir que el matrimonio esté creciendo de manera estructural en España, “algo que mostraría claramente el declive progresivo de la institución matrimonial”, sobre todo “desde el momento en el que se instauró la ley del divorcio en democracia”, aclara la experta.

Es una celebración más. (...) Estando el mundo como está, quiero aprovechar cada oportunidad que tenga para celebrar...

Mònica

(29)

“No me caso porque me siento obligada a hacerlo, pero tampoco quiero una gran boda porque no me gusta ser el centro de atención”, explica Mònica. La joven también admite que uno de los motivos por los que quiere realizar una ceremonia es para poder celebrarlo con las personas a las que más quiere. “Como no sabemos qué va a ocurrir mañana y con el mundo estando como está, quiero aprovechar cada oportunidad que tenga para celebrar lo que sea, como si es un cumpleaños, haber conseguido un trabajo, o casarme. Es una celebración más”, reflexiona.

Y es que las jóvenes buscan la reinvención del matrimonio lejos de la tradición, sino porque consideran que les proporciona una estabilidad. Dentro de un contexto inestable, casarse se convierte en un gesto de confianza. “En esta época de evanescencias y pocas seguridades, la idea clásica del matrimonio como algo perdurable tenga un peso psicológico, como de maroma donde agarrarse ante tanta incertidumbre”, apunta Mascarell, “pero casadas o no, las mujeres ya no están en la onda de seguir el rol tradicional de madresposas, y eso es lo verdaderamente revolucionario”.