Los bebés prematuros podrían tener mayores posibilidades de sobrevivir y estar más sanos a largo plazo gracias a esta tecnología innovadora. Se trata de un útero artificial diseñado para replicar las condiciones de permanecer dentro del cuerpo de la madre.
La tecnología, conocida como AquaWomb, todavía se encuentra en una fase temprana de desarrollo. Pero está creada para ayudar a bebés nacidos entre las 24 y 28 semanas de gestación, un periodo en el que la supervivencia es posible, aunque las complicaciones son frecuentes.
“Queremos mantener la fisiología fetal y la circulación fetal intactas, para que el bebé permanezca en un entorno que realmente imite el útero materno y pueda desarrollarse durante un par de semanas más. Sabemos que los bebés que nacen a las 28 semanas son más fuertes y tienen una mayor calidad de vida”, explica Myrthe van der Ven, cofundadora de AquaWomb.
El dispositivo es, básicamente, una bolsa sellada llena de líquido amniótico artificial calentado. En su interior, el bebé está conectado a una placenta artificial que le suministra oxígeno y nutrientes. La clave es realizar el parto mediante cesárea, lo que permite trasladar al bebé directamente a una bolsa llena de líquido amniótico artificial.
El doctor Willem de Boode, pediatra neonatólogo de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Centro Médico Universitario Radboud de Nimega, subraya lo delicado que es este traslado.
“Durante el parto es fundamental evitar que se desencadene la respiración espontánea. Hay que impedir que el bebé inhale aire y que los pulmones se llenen, porque en ese momento ya comienzan los efectos dañinos. Por eso es necesario un dispositivo de transferencia desde el útero hasta el sistema de soporte vital perinatal, de modo que el bebé no empiece a respirar aire, sino que permanezca en líquido amniótico artificial”, señala.
Inmediatamente después, surge otro desafío.
“Tras el nacimiento, solo tenemos entre dos y tres minutos para conectarlo a una placenta artificial que le proporcione oxígeno y nutrientes, porque la placenta materna deja de funcionar en cuanto el bebé nace. Ese es, creo, el paso más crítico de todo el procedimiento”, afirma van der Ven.
Lo que está en juego es enorme: cuanto antes se produce el nacimiento, mayor es el riesgo de complicaciones a largo plazo o de muerte. Tan solo cuatro semanas adicionales de desarrollo pueden mejorar de forma drástica la supervivencia y reducir la probabilidad de problemas de salud crónicos.
“Cuando un bebé de 24 semanas se expone al aire, los pulmones tienen un mayor riesgo de sufrir lesiones. Si el corazón se enfrenta a presiones más altas y a mayores volúmenes de sangre al nacer de forma convencional, los daños comienzan de inmediato. Si se puede preservar el estado fetal y evitar todos estos efectos, el pronóstico a largo plazo mejora. Existe una enorme diferencia entre nacer a las 24 semanas o a las 28. Cuando el nacimiento es extremadamente prematuro, sabemos que incluso en la edad adulta persisten complicaciones relacionadas con ese nacimiento prematuro”, explica el doctor de Boode.
El proyecto AquaWomb, en Eindhoven, sigue siendo experimental. Investigaciones similares se desarrollan en otros lugares: equipos del Hospital Infantil de Filadelfia y de la Universidad de Toronto llevan a cabo ensayos en animales con sistemas de útero artificial, mientras la ciencia avanza hacia una transformación del cuidado neonatal.