La primavera llega cada vez antes a las colonias de pingüinos antárticos. Tres de las especies más emblemáticas están adelantando su temporada de cría a un ritmo sin precedentes, tan rápido que los científicos lo consideran una de las señales biológicas más extremas del impacto del cambio climático sobre un vertebrado, con posibles efectos en todo el ecosistema.
El fenómeno queda documentado en un estudio inernacional liderado por el proyecto Penguin Watch, de la Universidad de Oxford y la Universidad Oxford Brookes. Los resultados se publican hoy, 20 de enero, Día Mundial de Concienciación sobre los Pingüinos, en la revista Journal of Animal Ecology.
Se adelanta la primavera en la Antártida
Entre 2012 y 2022, el equipo analizó el inicio de la reproducción —el llamado “asentamiento”, cuando los pingüinos ocupan de forma continuada una colonia— en tres especies clave: el pingüino de Adelia, el barbijo y el papúa. Para ello desplegaron una red de 77 cámaras automáticas en 37 colonias de la Antártida y algunas islas subantárticas. Las imágenes, tomadas de forma sistemática, permitieron seguir desde pequeñas colonias con apenas una docena de nidos hasta otras con cientos de miles.
Cada cámara incorporaba además un termómetro, lo que permitió vincular los cambios de comportamiento con la evolución térmica local y monitorear a los animales a nivel de paisaje.
Ignacio Juárez, líder del estudio, revisando una de las cámaras de monitoreo. Las 77 cámaras requieren revisión manual una vez al año para descargar las imágenes, cambiar las baterías y verificar la estabilidad de los trípodes
“Sabemos muy poco de muchas especies por las dificultades logísticas, y por eso usamos a los pingüinos como ‘centinelas’”, explica el ecólogo Ignacio Juárez Martínez, autor principal del estudio, para Guyana Guardian. “Son los únicos que se alimentan en el mar y regresan de forma fiable a tierra, lo que nos permite estudiar desde tierra cualquier disrupción en el océano sin necesidad de cientos de barcos”.
Los resultados muestran que las tres especies han adelantado su inicio reproductor a un ritmo récord, entre octubre y noviembre, durante la primavera austral. El pingüino papúa encabeza el cambio, pues su temporada de cría se ha adelantado una media de 13 días por década, llegando hasta 24 días en algunas colonias. En el Adelia y el barbijo, el adelanto es de unos 10 días por década.
Según el estudio, se trata del cambio fenológico más rápido registrado en cualquier ave y, posiblemente, en cualquier vertebrado. El reloj biológico de estas aves ha dado un salto de casi dos semanas en apenas diez años.
Colonias que se calientan cuatro veces más rápido
El motor de este cambio parece estar en el entorno. Los datos térmicos recogidos por las cámaras muestran que las zonas donde se ubican las colonias se están calentando a un ritmo de 0,3 grados centígrados por año, unas cuatro veces más rápido que la media del continente antártico (0,07 ºC/año). Son, según los autores, algunos de los hábitats que más rápido se están calentando en el planeta.
Los modelos estadísticos del estudio señalan la temperatura como uno de los principales factores asociados al adelanto reproductor, junto con cambios en el hielo marino y en la productividad del océano. La fenología —el calendario de los eventos biológicos— funciona como un engranaje fino en el que, si una pieza se adelanta o se retrasa demasiado, el sistema entero puede colapsar. En el caso de los pingüinos, reproducirse antes puede significar llegar a tiempo a los picos de alimentos o hacerlo cuando aún no hay suficiente. El equipo aún no tiene evidencias de si este desajuste puede afectar a la competencia entre especies que comparten recursos, como focas u otras aves.
Ganadores y perdedores del calentamiento global
Ignacio Juárez es miembro del equipo de Penguin Watch, el mayor proyecto de monitoreo de pingüinos en el Océano Antártico. Advierte de que no todas las especies parten con las mismas cartas. “Nuestros resultados indican que probablemente habrá ‘ganadores y perdedores del cambio climático’ entre estas especies de pingüinos”, señala en un comunicado oficial. Las condiciones cada vez más subpolares parecen favorecer al papúa, una especie más generalista, en detrimento del Adelia —dependiente del hielo— o el barbijo, estrechamente ligado al kril. Aun así, Juárez pide cautela ante lecturas optimistas. “Que a una especie le vaya bien no significa nada si a otras del mismo ecosistema les va mal”.
La población de pingüino de barbijo está disminuyendo rápidamente en toda su área de distribución y algunos modelos indican que podría extinguirse antes de fin de siglo
Incluso si el adelanto resultara adaptativo, podría tener costes aún ocultos en referencia a temporadas reproductivas más largas y energéticamente exigentes. Sin embargo, existe un límite fisiológico claro. “El inicio del ciclo reproductivo está determinado por hormonas que solo se activan con ciertos niveles de luz solar, lo que plantea dudas sobre cuánta flexibilidad real les queda”, advierte Juárez.
El siguiente paso será medir el éxito reproductivo de las especies y ampliar la mirada a comportamientos más sutiles. “Hemos desarrollado prototipos de cámaras neuromórficas que registran movimiento en lugar de luz, y creemos que pueden ser clave para entender comportamientos no reproductivos que aún no sabemos interpretar”.
Los pingüinos son considerados desde hace décadas un indicador centinela del cambio climático, porque lo que les ocurre suele anticipar procesos que aún pasan desapercibidos en otras especies. Aun así, los efectos del deterioro ambiental pueden tardar años en reflejarse en las cifras de población. “En especies de vida larga puedes contar adultos estables durante años, pero si las crías no sobreviven no lo notarás hasta que ya sea tarde”, explica Juárez.
Precisamente por eso, subraya el investigador, el foco debe ponerse ahora en lo que ocurre durante la reproducción. “La única manera de saber si los pingüinos están surfeando la ola del cambio climático o si la ola se los está llevando por delante es estudiar la evolución del éxito reproductivo”, sentencia el biólogo.
