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Los romanos buscaron oro en la Cerdanya entre los sedimentos del río Segre hace 2.000 años

Arqueología

Investigadores de la UAB han podido identificar y datar estructuras mineras hidráulicas a cielo abierto

Las Guilleteres (Esterregalls) d'All (Cerdanya) (

Las Guilleteres (Esterregalls) d'All (Cerdanya) (

Jordi García Castelló

En el corazón de la Cerdanya (Girona), viajando por la carretera N-260 que une Puigcerdà con la Seu d’Urgell, unas formaciones geológicas de color dorado que llaman poderosamente la atención. Son las famosas Guilleteres (Esterregalls) d’All, un afloramiento rocoso erosionado por el paso del agua.

Durante años, los historiadores han considerado que la apariencia de este espacio podría ser el resultado del arduo trabajo de los mineros de época romana en busca de oro en el río Segre, una hipótesis que finalmente ha podido ser confirmada por los investigadores de la UAB y la Universidade da Coruña.

Según explican en un artículo publicado en la revista Land, los arqueólogos han podido identificar y datar estructuras mineras hidráulicas a cielo abierto denominadas chantier-cirques y chantier-ravins, que habrían sido utilizadas hace unos 2.000 años.

La presencia de oro en los sedimentos del Segre, como en otros ríos de origen pirenaico, es un fenómeno bien conocido. Se trata de oro secundario, procedente de las reservas de la época del Mioceno (hace entre 23 y cinco millones de años) acumuladas en el eje central y más elevado de los Pirineos.

Un investigador de la UAB, tomando muestras para la datación por OSL 
Un investigador de la UAB, tomando muestras para la datación por OSL UAB

Las fuentes islámicas ya hablan de ello cuando se referían al oro del Segre y su buena calidad para acuñar moneda. Algunos indicios literarios y arqueológicos, además, hace años que permitieron proponer la existencia de minas de época romana en la Cerdanya.

Los arqueólogos localizaron en el yacimiento del Castellot de Bolvir un taller en el que se trabajaba el oro, la plata y el cinabrio entre los siglos I y II antes de Cristo. En las Guilleteres d’All, un gran conjunto de estructuras negativas (cóncavas o deprimidas) se consideró que era el posible resultado de la actividad extractiva romana.

La técnica utilizada en aquella época consistía en la extracción de oro erosionando la corteza terrestre mediante la tecnología hidráulica. Se utilizaban diversos métodos de lavado que podían ir desde el sencillo encauzamiento de agua a través de los sedimentos hasta la construcción de galerías y la inundación por agua a presión.

El estudio coordinado por los profesores Oriol Olesti, del departamento de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media de la UAB, y Jorge Sanjurjo, del Instituto Universitario de Geología de la Universidad da Coruña, ha permitido excavar un gran depósito hidráulico que era parte del sistema de explotación.

Imagen de la presa excavada, donde se pueden ver algunos de los grandes bloques de piedra.
Imagen de la presa excavada, donde se pueden ver algunos de los grandes bloques de piedra.Land

Los trabajos han revelado una zona ampliada con una presa construida con bloques de piedra. Allí se encontraron dos fragmentos de cerámica, uno datado entre los siglos I y II dC y el otro en la Edad del Bronce, lo que indica que el depósito se llenó durante épocas históricas diferentes.

Los investigadores iniciaron en 2022 una estrategia mediante nuevas técnicas de luminiscencia (OSL), que permite datar los materiales sedimentarios detríticos y, especialmente, el cuarzo, que recibe un flujo de partículas radiactivas que se pueden medir.

No necesita material orgánico

Esta fórmula para obtener fechas antiguas no es tan precisa como el carbono-14, pero tiene la ventaja de que no necesita materia orgánica, inexistente en las Guilleteres d'All, dicen los científicos. Así se han situado dos muestras de la misma estructura entre los siglos II y IV después de Cristo.

En ese momento, dicen los especialistas, la mina romana sin duda ya estaba abandonada y había comenzado su proceso de liquidación. “Esta cronología confirma plenamente el origen de la estructura y permite confirmar por primera vez la explotación del oro pirenaico por parte de los romanos”, señalan.

“No es extraño que estas minas de oro se encuentren a unos 10 kilómetros de la ciudad romana de Iulia Livica (Llívia), la única documentada en el Pirineo y, por tanto, probablemente un centro que desempeñó un papel importante en la organización y explotación de este metal preciso”, concluyen.

David Ruiz Marull

David Ruiz Marull

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Periodista

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