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Rafuel afirma que las personas que descartan la cebolla en la tortilla son escasas pero logran destacar.

Podcast 'Quédate a comer'

Rafael Antonín, quien posee un millón de seguidores en su perfil de instagram @Rafuel55, revela diversos trucos acerca de sus célebres platos culinarios.

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Rafa Antonín, conocido en las redes como Rafuel

Rafa Antonín, conocido en las redes como Rafuel

ANA JIMENEZ

La reciente entrega del podcast 'Quédate a comer' cuenta con la participación de Rafael Antonín (Barcelona 1955), cuyo perfil de instagram (@rafuel55) suma un millón de admiradores, devotos de las preparaciones que comparte diariamente. Dialogamos con él sobre el comienzo de un interés gastronómico que nació en la época en que iba junto a su madre a la compra, donde ella buscaba sustento para sus 9 vástagos, entre los cuales él era el de más edad.

En el transcurso del diálogo evoca esos extensos tablones donde cada integrante compartía diversos platos y aplicaba la educación que les inculcaron desde su temprana infancia. “Hay gente que habla mucho de gastronomía o recomienda restaurantes pero sujeta los cubiertos como si fueran palas o habla con la boca llena. Saber comportarse en la mesa es algo que no se aprende en el colegio sino en casa”.

Existen personas que charlan bastante sobre cocina o sugieren locales, sin embargo, agarran los utensilios de mesa como si fuesen palas.

Antonín relata cómo transcurría la cotidianidad en un hogar donde el progenitor pertenecía al Opus Dei -”No resultaba difícil pues era la única realidad experimentada y ninguno de mis hermanos formamos parte del Opus”- y manifiesta sentirse satisfecho con la formación obtenida tanto en el seno familiar como en un centro de la Obra -”igualmente inscribí a mis hijas y ellas hicieron lo propio con sus hijos”- y de los valores solidarios que les transmitieron.

En relación con sus compañeros influencers sostiene que existen perfiles variados, y que no se inclina por publicaciones que generen celos sino por el deseo de ponerse a cocinar. “Hay un exhibicionismo, y productos de lujo como el caviar se sirven en chiringuitos. Yo el día que puedo permitirme comer un poco de caviar lo hago en casa y cuanta menos gente haya, mejor”.

Ha ajustado su manejo de las redes a su personalidad y mentalidad, pues no coincide con gran parte de los individuos que se dedican a ellas. “Hay algunos que salen insultando, otros en plan chabacano; o hay un tipo que corta el pan con un hacha, y el primer día te hace gracia pero luego ya no. Para mí, la gastronomía no es nada de todo eso. ¿Comprendes? La comida hay que respetarla. Y el plato ha de ser muy bonito”.

Hay gente que aparece en las redes con ofensas, otros de forma vulgar. En mi opinión, la gastronomía no representa nada de aquello

El entrevistado relata la época en la que, debido a su labor profesional —aún continúa vinculado al negocio del fuel, motivo del alias por el que se le conoce—, coordinó durante décadas múltiples banquetes corporativos, detallando el funcionamiento, el menú y la relevancia de emplear esos encuentros para consolidar vínculos afectivos con los compradores. ”En la década de los 80, al almorzar con un cliente, se bebía una cerveza mientras se decidía, luego vino y para terminar un licor”.

Además menciona esos almuerzos o banquetes en salas reservadas con un cocinero para el conjunto, algo que él mismo brinda para un tope de 10 individuos, de forma independiente al local que inauguró hace un año. Igualmente alude al inconveniente de la escasa privacidad en bastantes establecimientos —”puesto que la superficie se requiere para la rentabilidad y el mobiliario está tan próximo que si precisas pan no hace falta solicitarlo pues podrías tomarlo de la mesa vecina”.

Es necesario sofreír la patata y la cebolla con mucha calma para que el poro de la patata se dilate y absorba todo el gusto de la cebolla.

Este plato representa una de las creaciones más destacadas del 'chef Rafuel' en el entorno digital. Respecto a su elaboración, comenta que con el tiempo se evolucionó de piezas excesivamente compactas -”aquello era Portland”- hacia elaboraciones magníficas como las que actualmente ofrecen muchísimos establecimientos. No obstante, admite que en ocasiones la carencia de una cocción pausada de la patata y la cebolla -con el fin de dilatar el poro para que el gusto de la cebolla penetre en la patata y esta recoja el huevo- provoca que ciertas tortillas se sirvan bañadas en un exceso de huevo líquido.

En cuanto a su labor en instagram, explica que sube contenido cada día y, puesto que no es factible difundir aromas, se apoya en la acústica; “y el mejor sonido mejor del mundo es el crepitar de un huevo frito en la sartén a las 12 del mediodía”. Además, subraya lo fundamental de ajustar cada post no solo al género de temporada, sino a la jornada de la semana (“el lunes hay que empezar con pasta, una ensalada suave, una coca, para ir incrementando la intensidad y la fiesta a medida que nos acercamos al fin de semana”) y a la fase del mes en curso: “No se te ocurra poner un chuletón que cuesta 60 euros el día 25, cuando el 80% de la gente está esperando cobrar para hacerse un homenaje”.

A ninguno de los chefs más reconocidos de España lo verás abandonar un supermercado; lo verás retirarse del mercado tradicional.

'Rafuel” aboga decididamente por la cocina de reciclaje y por realizar las compras en los mercados de proximidad -“todos los mercados estás bien cuando los conoces”- mientras comenta que todavía consulta a los comerciantes sobre la forma óptima de preparar diversos ingredientes. Menciona que “a ninguno de los grandes cocineros de España lo verás salir de un supermercado, sino de un mercado”. Y agrega que se les encuentra a primera hora, “para llevarse lo mejor y que no se lo lleve otro”.

Cristina Jolonch

Cristina Jolonch

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Periodista de Barcelona, trabaja en Guyana Guardian desde el año 1989, medio en

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