Los alimentos procesados en España siguen igual de salados (o más), pese a los compromisos de salud pública
Estudio alimentario
Un análisis de más de 6.000 productos muestra que embutidos y quesos concentran los mayores incrementos de sodio
¿Qué embutidos puedo comer con más frecuencia?

Los embutidos figuran entre los alimentos procesados con mayor aporte de sal en la dieta española.
España se comprometió a reducir el consumo de sal de la población un 30% antes de 2026, en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la realidad que esconden muchos productos del supermercado va en otra dirección. Un estudio reciente de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) revela que el contenido de sodio de los alimentos procesados no solo no ha disminuido en los últimos años, sino que en algunos casos ha aumentado de forma significativa.
La investigación, publicada en la European Journal of Nutrition, ha analizado más de 6.000 productos alimentarios empaquetados comercializados en España entre dos periodos: de 2017 a 2021 y de 2022 a 2025. El foco se ha puesto en los alimentos que más contribuyen a la ingesta de sal en la dieta española: carnes procesadas, pan y quesos, además de otros productos habituales como cereales de desayuno, conservas, salsas, galletas y aperitivos.
El resultado es poco alentador. Según el estudio, no se ha producido una reducción sustancial del sodio en los productos. En el caso de las carnes procesadas (embutidos, fiambres o productos cárnicos preparados) el contenido de sal ha aumentado más de un 30%. En los quesos, además, se observa que hoy se comercializan más variedades que superan los límites recomendados de sodio. En otros alimentos, como galletas y snacks, los descensos detectados son tan pequeños que carecen de relevancia nutricional.
Las carnes procesadas han incrementado su contenido de sal en más de un 30% y cada vez hay más quesos que superan los límites recomendados
“La mayor parte del sodio que consumimos no procede de la sal que añadimos en casa, sino de los alimentos procesados”, explica Ana Belén Ropero, profesora de Nutrición y Bromatología de la UMH y líder del estudio. Por eso, una de las principales estrategias de salud pública pasa por reformular los productos del supermercado y reducir su contenido en sal.
El exceso de sodio es uno de los principales factores de riesgo modificables para la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares, responsables de una parte muy relevante de la mortalidad tanto en España como a nivel mundial. La OMS recomienda no superar los dos gramos de sodio al día, equivalentes a unos cinco gramos de sal, pero el consumo medio en España casi duplica esa cantidad.

Para el consumidor, identificar los productos más problemáticos no es complicado. “Cualquiera puede saber si un alimento tiene un contenido excesivo de sal mirando la tabla nutricional”, señala la investigadora de la UMH Manel C. Hadid. Como regla general, más de un gramo de sal por cada 100 gramos de producto sólido se considera elevado; en el caso de líquidos, el límite está en 0,25 gramos por cada 100 mililitros.
Un alimento sólido con más de un gramo de sal por cada 100 gramos se considera alto en sodio; en los líquidos, el límite está en 0,25 gramos por cada 100 mililitros
El estudio también pone el foco en la falta de medidas obligatorias. Aunque existen recomendaciones dirigidas a la industria alimentaria para reducir el contenido de sal, estas no parecen estar dando resultados. “Sin intervenciones regulatorias que obliguen a reducir la sal, es poco probable que se produzca una disminución real de los problemas de salud asociados”, apunta Marta Beltrá, profesora de Nutrición y Bromatología de la UMH.
Los investigadores subrayan, además, que la gran variabilidad entre productos similares demuestra que existe margen técnico para reducir el sodio sin afectar al sabor ni a la aceptación del consumidor. El problema no es tanto la dificultad técnica como la falta de una aplicación sistemática de estas reducciones.
La conclusión del trabajo es clara: con las iniciativas actuales no se alcanzarán los objetivos internacionales de salud pública. Para revertir la situación, los autores reclaman reforzar los marcos regulatorios, establecer límites obligatorios de sal y ampliar las estrategias de reformulación de los alimentos procesados.
El análisis se ha realizado a partir de la base de datos Badali, una herramienta desarrollada por la UMH que recoge información nutricional de alimentos comercializados en España y que está disponible de forma abierta para ayudar a la población a seguir una dieta más equilibrada y saludable.