Aquello que es fundamental saber sobre la carne de res durante la era del Mercosur
Ganadería
La industria pecuaria manifiesta preocupación por las inspecciones de salud, el uso de sustancias hormonales vetadas y la disparidad competitiva que perjudica a los productores europeos.
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La carne de vacuno europea debe cumplir con estrictos controles sanitarios y sistemas de trazabilidad desde su origen hasta su llegada al punto de venta.
Cortes como el filete, entrecot, solomillo, aguja, falda, culata, babilla o costillar representan solo una fracción de las opciones de ternera disponibles en los puntos de venta. Sea cual sea el plato que se planee cocinar, todos ellos poseen un denominador común: la obligatoriedad de seguir las normas de salud fijadas por la Unión Europea. Pese a esto, la carne de ternera atraviesa un escenario de agitación.
Es probable que recuerden que hace escasas semanas los criadores de ganado obstruyeron caminos y expresaron sus quejas para manifestarse contra el pacto mercantil entre la Unión Europea y el Mercosur. Este convenio cuya ratificación ha quedado paralizada por el Parlamento Europeo después de un sufragio y que actualmente se halla a cargo del Tribunal de Justicia de la UE.

Más allá de las normativas y los esquemas jurídicos, aparecen diversos interrogantes: ¿de qué manera repercutirá en los usuarios la puesta en marcha del tratado de comercio entre la Unión Europea y las naciones del Mercosur? ¿A qué se debe la afirmación de que el ámbito vacuno resultará el más perjudicado? Los expertos entrevistados recalcan con énfasis que las inspecciones de sanidad y excelencia que siguen los productores de la Unión Europea son sumamente rigurosas. Asimismo, destacan que el clembuterol, empleado para incrementar el peso de las reses, al igual que distintos estimulantes del desarrollo, se encuentran vetados en la Unión Europea desde 1996, situación que difiere en varios estados del Mercosur.
“El acuerdo alterará la actividad y el negocio, y afectará al consumidor y al producto” afirma Josep Viñas, titular del conglomerado Viñas, una firma ganadera que abarca cada fase del ciclo productivo. “De entrada, creo que, aunque se diga que llevan negociando muchos años, ha habido una falta de transparencia y de información. No ha salido ningún estamento oficial a decirnos en qué que nos beneficia o perjudica el acuerdo. La carne de vacuno es el gran damnificado, la gran moneda de cambio. La industria necesitaba un nuevo mercado y, a cambio, Sudamérica podrá exportar carne con aranceles bajísimos”, agrega.
Los productores europeos señalan disparidades en las inspecciones de salud y el empleo de sustancias hormonales vetadas en la UE desde 1996.
La Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja) y Unió de Pagesos coinciden en que dicho pacto conlleva una evidente dualidad de criterios. Básicamente, critican que, a pesar de que se les imponen requisitos muy estrictos para asegurar la excelencia y salubridad cárnica, se comercializarán artículos producidos mediante el uso de hormonas prohibidas bajo las normativas de la Unión Europea. Según Josep Pijuan, encargado del área de ganadería en Unió de Pagesos, “el freno al acuerdo nos dará un poco más de margen para negociar. Esto se puede alargar, y es una buena noticia, porque nos da más margen para intentar modificar algunos aspectos y presionar para conseguir más garantías”.
“Desde mi experiencia veo difícil que haya un control sobre la carne que entrará en el mercado. En los comercios puedes ver una etiqueta, pero hay muchos lugares donde no la ves: cadenas de hamburgueserías, restaurantes… La carne europea es de las más controladas, así que espero que la que llegue de fuera cumpla los mismos estándares. Confío en que la Unión Europea esté a la altura. Al final, el sol sale para todo el mundo, y nosotros también vendemos carne a Canadá”, añade Josep Viñas.

Varios expertos del ámbito opinan que el convenio supone una evidente ventaja injusta, y las discrepancias comienzan en los sistemas de crianza de los ejemplares. En naciones como Brasil, específicamente, se puede acelerar el crecimiento de un bovino en escasos meses mediante la utilización de sustancias que han sido proscritas por decenios en Europa.
“No podemos competir en costes: allí la mano de obra es más barata y las explotaciones son enormes; no tiene nada que ver. Además, está el impacto de la huella ecológica que implica transportar contenedores de carne desde tan lejos”, sostiene J. Rodríguez, dueño de una reducida granja dedicada a la cría de vacas en el Berguedà. Rodríguez manifiesta que lo que podría pasar con la carne ya ocurre con distintos artículos: “Mucha verdura y fruta que viene de Marruecos se cultiva con fitosanitarios y herbicidas que allí están permitidos y aquí están prohibidos. Con la carne pasará lo mismo”.
Costes laborales inferiores y explotaciones de gran tamaño acentúan la descompensación entre los mercados
Este criador posee cerca de sesenta reses y comercializa sus terneros a los seis meses a un especialista en tareas de engorde. Para este profesional, el secreto reside en fomentar el consumo de bienes locales: “Pero ir al mercado cada día cuesta más. Vamos a la tienda, cogemos la bandeja y, si miramos algo, suele ser el precio”, asegura.
El monitoreo: el método para ubicar nuestro filete.
El seguimiento de la carne de vacuno es un procedimiento de mayor dificultad que el de otros víveres y se rige por normativas europeas y españolas. Abarca la identificación y el asiento del nacimiento de las reses, además de los datos sobre su sacrificio y procesamiento hasta que el artículo cárnico se entrega al consumidor.
Por consiguiente, en el rótulo de la carne tiene que figurar: el código de referencia vinculado al ejemplar, la nación de origen, el territorio de crecimiento, el estado de sacrificio —indicando el registro del matadero— y la región de troceado, además del número de permiso sanitario.
Las reglamentaciones europeas y españolas exigen pormenorizar todas las etapas del ciclo cárnico.
Por lo tanto, recae en los compradores la responsabilidad de observar (y comprender) el etiquetado de sus adquisiciones. No obstante, tal como indica Josep Viñas, si el coste se antepone a la excelencia, los fabricantes tendrán que realizar maniobras complejas. Actualmente, el pacto ya se ha suscrito, si bien ni la Generalitat ni el Ministerio han aportado datos específicos acerca de su entrada en vigor. De momento, el área mercantil más grande del planeta deberá aguardar antes de iniciar su funcionamiento.