“Es un vino versátil por estilo y por consumo, fácil de beber y sin pesadeces”: un tinto fresco ideal para comidas contundentes
Vinos
La Garnacha de la Finca San Rafael es un Rioja Alavesa de terruño específico donde su enólogo Jorge Navascués busca obtener un tinto fresco, fluido y sin menoscabo de complejidad

Contino es una de las primeras bodegas en llevar a cabo un concepto tan bordelés como es el de bodega de Château.
Esta vez me dejo de conceptos y de teoría, y pasamos a la práctica en forma de Garnacha, la que nos trae Contino en su San Rafael 2021. Nos vamos a Laserna, Rioja Alavesa, a una de las primeras bodegas, justo detrás de otro mito, Remelluri, en llevar a cabo un concepto tan bordelés como es el de bodega de Château.
Se conoce así a las construcciones que elaboran vinos a partir del viñedo de su propia finca, es decir, consisten en una edificación más o menos palaciega o majestuosa rodeada de las viñas que van a acabar conformando sus propios vinos. Es el arquetipo de Burdeos y llama la atención que, siendo Rioja una región de una clara inspiración bordelesa, no importáramos este tipo de infraestructura hasta 1967 con Remelluri y 1973 con el vino que hoy nos ocupa.
Contino tiene una gama bastante diversa, desde blanco a rosado, pasando por Reserva tinto y Gran Reserva, así como Graciano, Mazuelo o su espectacular Viña del Olivo (un parcelario que lleva unas últimas añadas instalado en la más absoluta clase mundial). A esta gente no le falta un detalle.
La Garnacha de la Finca San Rafael es un Rioja Alavesa de terruño específico donde su enólogo Jorge Navascués, una de las mejores personas vivas y maestro absoluto en esta variedad (compagina este desempeño, entre otros proyectos, con la dirección técnica de la bodega navarra de culto Viña Zorzal), busca obtener un tinto fresco, fluido y sin menoscabo de complejidad.
Esta uva es muy divertida de beber, pero a la hora de elaborarla hay que ir con cuidado porque a poco que te descuides puede caer en un exceso de golosidad. Esto suele confundir al personal, dado que lo típico es que a un civil le gusten esos sabores, y es que el problema de instalarse en esa cromática organoléptica es que el vino acaba cansando o empalagando: las dos primeras copas muy bien, pero cuesta acabarse la botella, es un modelo de vino que requiere un quorum amplio.

Bien, pues Jorge consigue evitar estas pesadeces y le queda una Garnacha ágil con un toque de piel de naranja que hace que su final de boca resulte vermuteante, lo que genera que, según te lo pimples, quieras más y más y adiós botella.
Además, no solo es versátil por estilo, sino también por momento de consumo, dado que al ser tan fácil de beber puedes utilizarlo para un maridaje de una comida más o menos contundente o en la sobremesa. El caso es que te arregla la tarde, en definitiva, un gran vino.


