“En Japón cuento que en el Priorat no hay semáforos”: la bodega que pidió retirar la única señal luminosa del municipio con el fin de promocionar sus propios vinos
Jaume Giral, quien fundó la bodega Ronadelles, logró la eliminación de la única señal lumínica existente en el Priorat, en pleno proceso de la candidatura de Priorat-Montsant-Siurana a Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Jaume Giral, fundador de la bodega.
“Cuando voy por el mundo siempre cuento que vengo del Priorat, un lugar donde no hay ni un solo semáforo”. Jaume Giral ideó la emblemática firma vinícola Cap de Ruc, la cual ha comercializado por encima de cuatro millones de unidades. Según el impulsor de la bodega Ronadelles, el rasgo distintivo del Priorat reside en la ausencia total de señales luminosas. “Ni los tenemos, ni los necesitamos; aquí la vida transcurre lentamente, de otra manera”, afirma Giral. Una situación que no ha ocurrido históricamente.
A lo largo de ocho años, Falset (la capital del Priorat) dispuso realmente de un semáforo. Es cierto que solo estuvo activo durante los dos ejercicios iniciales, el periodo que se prolongaron las tareas de la variante. No obstante, la estructura sin iluminación sugería que permanecería allí eternamente. ¿De qué forma consiguió Giral que el Ayuntamiento de Falset lo quitase? ¿Por qué un productor de vinos de Cornudella de Montsant, una población en el otro extremo de la comarca, mostraba ese empeño por suprimir del paisaje los semáforos?
Aquello se originó durante la Fira de Falset de 2014. No obstante, es preciso puntualizar que Giral representa lo que los británicos que tanto admira llamarían un hombre hecho a sí mismo. Oriundo de Cornudella, inició su trayectoria empresarial con 20 años y fundó su propia bodega al cumplir los 30. Previamente al lanzamiento de su caldo inicial, adquirió un ejemplar de la emblemática firma australiana Yellow Tail en un establecimiento comercial debido a que “vendían 140 millones de botellas en todo el mundo”. Solicitó al creativo gráfico que replicara ese idéntico tono amarillo vibrante y el estilo visual del marsupial, reemplazándolo por la testa de un burro. De esta manera surgió la enseña Cap de Ruc, posicionándose entre las más reconocidas de la Montsant. “Copiar un éxito sin que se note mucho es mejor que inventar, porque cuando inventas nunca sabes si será un éxito”, afirma Giral.
Para él, la operación comercial resultó perfecta. Cada año en el establecimiento vinícola elaboran aproximadamente 200.000 botellas. Pese a que se crió en un entorno con plantaciones de uva, se incorporó al sector vitivinícola tras recorrer diversos caminos. A la edad de 20, gestionó un complejo turístico y un par de locales de comida en la playa de l’Arrabassada de Tarragona. En ese lugar, repartió infinidad de paellas, descorchó numerosos envases de alcohol para los comensales y convivió con figuras del rock català previo a su fama. “Contraté a Els Pets por 25.000 pesetas, no tenían ni equipo de sonido y tuve que ir a Reus a alquilarlo; Lax’n’Busto me costó más, porque Pemi Fortuny (el cantante) tenía los exámenes de BUP”. Continuó de ese modo hasta que se cansó y partió junto a su pareja inglesa para establecerse en el Reino Unido.
Esa etapa para Giral se prolongó tres años. Para ella el tiempo fue mayor, debido a que siguió ocupada en los puestos aduaneros de Heathrow y prestó servicios al MI-6 por un periodo. Finalmente, Jaume se puso en contacto con ella transcurrido un intervalo para asegurarle que había honrado el pacto para que ella abandonara las Islas Británicas y la organización de espionaje: “Te he comprado una casa con caballos y con perros”.

Al comenzar la década de los 90, el Priorat representaba una región en plena transformación. A partir de 1989, diversos “hippies soñadores” se dedicaron a replantar cepas y producir sus propios caldos de clos. Giral mantuvo un trato cercano con ellos y afirma que el grupo superaba los cinco integrantes: René Barbier, Carles Pastrana, Daphne Glorian o Adrian David Garsed, junto a bastantes más. A lo largo de un tiempo fue estableciéndose allí, de forma casi inconsciente. Inicialmente estableció un centro ecuestre. Posteriormente brindó consultoría a flamantes inversores interesados en adquirir tierras de cultivo en el Priorat. Más adelante incursionó en el sector de la telefonía y comercializó terminales en grandes cantidades. Tiempo después se incorporó como edil al Ayuntamiento. Hasta que una velada su realidad se transformó por completo.
Harto de que en la Cooperativa de la localidad no le asegurasen el valor de su vendimia, despertó a su esposa y le comentó: “¿te acuerdas de que íbamos a comprar un apartamento en Cambrils? ¡Pues al final vamos a montar nuestra propia bodega!”. Corría el año 2002. Su hija acababa de nacer, una pequeña que, aparentemente, en vez de traer un pan bajo el brazo, trajo consigo una bodega.
Replicar un logro de manera sutil es preferible a la invención, puesto que al idear algo inédito no existe garantía de que triunfe.
Le pusieron el nombre de Ronadelles. No únicamente debido a la denominación de la senda, que limita con el embalse de Siurana, sino por tratarse de un término de diez caracteres, ya que “diez es el número perfecto”. Giral lo computa y contabiliza absolutamente todo. Al acceder a una habitación, numera los tableros. Al ubicarse en un local de comidas, estima las ganancias.
Debido a esta forma de trabajar, resulta lógico que tras un breve periodo inaugurara el Quatre Molins, el establecimiento pionero con Estrella Michelin en el Priorat, sitio en el cual es posible probar excelentes creaciones acompañadas por caldos de las bodegas más destacadas de la región. Un paso que, de acuerdo con sus conocidos, lo ratificaría como un “visionario que ha situado el Priorat en el mapa de la gastronomía mundial”. En la actualidad dirige otro local, el restaurant Brichs situado en Falset, sumado al hotel La Siuranella, en compañía de su socia, la galardonada enóloga Eva Prim, quien actúa como su principal colaboradora.
No obstante, en este instante es necesario regresar al semáforo y a la Fira de Falset de 2014. Un experto en viticultura y un trabajador público se aproximaron a Giral para indagar si “como empresario de éxito” deseaba cooperar con la propuesta que llevarían ante la UNESCO. Conforme al testimonio de Giral, le requirieron un donativo de 100 euros. “Mirad, no os daré nada”, les espetó él. “Lo que sí os propongo es que, si hacéis una cosa, os daré 3.000 euros”.
Visualizad la situación. Ambos lo observaron como si hubiera perdido el juicio. Él les comentó: “¿Sabéis el semáforo que hay aquí detrás? Pues me molesta muchísimo. Si lo sacáis os donaré 3.000 euros para la candidatura”. Pasado un periodo, atendió una comunicación del regidor de Falset, con el que todavía conserva un estrecho vínculo. “¿Ibas en serio?”, consultó el máximo representante municipal. “Totalmente”, le respondió Giral. “Cuando lo retiréis, te lo cuento todo”. Y finalizaron la conversación.
Piensa en estar en Tokio y decir que procedes del Priorat, un sitio donde no hay semáforos. ¡Se quedan atónitos! ¿Crees que existe una mejor razón para darnos a conocer globalmente?
En escasas semanas, diversas vinícolas importantes del entorno aportaron sumas similares. De este modo, se obtuvieron los 80.000 euros requeridos para postularse a la candidatura de la UNESCO, y así poder exponer globalmente la singularidad del Priorat. Y se forjó más comarca que nunca manteniendo sus principios habituales.
Cierto miércoles de diciembre se autorizó la petición para quitar el armazón del semáforo que permanecía en el corazón de Falset y que databa de 2006. Giral se comunicó entonces con el alcalde y resolvió la incógnita: “Imagínate estar en Tokio y decir que vienes del Priorat, un lugar sin semáforos. ¡Les explota la cabeza! Ellos no podrían sobrevivir sin semáforos. Y nosotros, en el Priorat, hemos decidido vivir sin ellos. ¿Crees que hay un mejor argumento para vendernos al mundo?”.


