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“En el vino de misa se usa el tinto porque su color evoca a la sangre, pero también hay modas”: ¿de dónde salen los vinos de eucaristía?

Vinos

Aunque el comienzo de la actual tendencia de la producción natural suele situarse en la región del Beaujolais y en los años setenta, antes las autoridades eclesiásticas ya exigían que el utilizado en la eucaristía fuera fruto de una mínima intervención humana, anticipando principios que hoy se reivindican como rompedores

¿Cómo son los vinos de misa y de dónde salen? 

¿Cómo son los vinos de misa y de dónde salen? 

IStock

“El vino debe ser natural, del fruto de la vid y no corrompido”, “puro (…) no mezclado con sustancias extrañas”, y, además, se debe conservar “en perfecto estado (…) para que el vino no se avinagre”. Estas pautas podrían aparecer en el Vin Méthode Nature, que promueve el Syndicat de Défense des Vins Naturels francés, o figurar como normas a cumplir por la mayor red mundial de vinos de baja intervención, Raw Wine. Sin embargo, se incluyen en textos litúrgicos y jurídicos eclesiásticos, como el Código de Derecho Canónico y la Ordenación General del Misal Romano. Y son los principios que deben seguir los que, en el sector, se denominan vinos de misa, de eucaristía o para consagrar.

La relación entre el vino y la religión es histórica, y, desde hace siglos, culturas y religiones de todo el mundo lo han convertido en un símbolo cargado de significado espiritual. Y para los católicos, más allá de constituir una referencia habitual en la Biblia (“Noé se dedicó a cultivar la tierra y plantó una viña; un día, bebió vino y se embriagó”, ya decía el Génesis), se destina para fines litúrgicos. De hecho, esa necesidad de contar con vino para la celebración de la misa fue lo que, en la Edad Media, impulsó a órdenes religiosas, como los benedictinos, a conservar y expandir la viticultura en Europa.

Hoy en día, no son pocas las bodegas en España que reservan una parte de su producción para la elaboración de vinos destinados a la liturgia. Una porción mínima… o no tanto, como es el caso de De Muller, bodega de Reus (Tarragona) fundada por la familia Martorell en 1851, para quienes es su referencia más importante, dicen, sin especificar ni tanto por ciento del total ni cantidad que de él elaboran. Dentro de su porfolio, trabajan bajo tres denominaciones catalanas: Tarragona, Priorat y Terra Alta. Y es en esta última donde consiguen un vino de misa que ha llegado hasta el Vaticano (de hecho, son proveedores oficiales).

Fue en 1883 cuando consiguieron el necesario Certificado Eclesiástico de pureza litúrgica, una certificación que les renueva el arzobispado de Tarragona. Y para que esto ocurra se debe seguir un proceso muy concreto que explica Eduard Matorell, Executive General Manager de Bodegas De Muller. “El vino tiene que estar fermentado; por tanto, no puede tratarse de mosto. Tampoco puede llevar elementos que no sean los del vino en sí. Se le puede añadir alcohol de origen vínico, ya que procede de la misma materia prima, pero debe intervenirse lo mínimo posible. Si acaso, se puede hacer la estabilización en frío, siempre que no se utilicen productos químicos. Lo que no está permitido es el uso de clarificantes químicos ni ningún otro añadido, es un vino escasamente manipulado por el hombre, y, por ello, se podría considerar como un vino natural”.

En De Muller, lo presentan como “Vino de misa dulce superior”, y está elaborado con 50% de la variedad macabeo y 50% de garnacha blanca. Variedades que “permiten obtener un grado de maduración de la uva elevado, porque lo que interesa es concentrar el máximo de azúcares posibles para obtener más grado alcohólico y haya que añadir el menos alcohol posible”, precisa Matorell, quien apunta que la moscatel también “podría ser una uva bastante óptima para elaborar este tipo de vinos”.

No está permitido el uso de clarificantes químicos ni ningún otro añadido, es un vino escasamente manipulado por el hombre

Eduard Matorell

Executive General Manager de Bodegas De Muller

Antes del siglo XVI, se prefirió tinto por evocar a la sangre de Cristo.
Antes del siglo XVI, se prefirió tinto por evocar a la sangre de Cristo.Getty Images

“El vino de misa no deja de ser un vino de excelente calidad y de elaboración nada fácil”, apunta este representante de la familia al frente de De Muller, quien revela que figura en la carta de vinos de restaurantes como El Celler de Can Roca o DiverXO. Lo que sorprende, teniendo en cuenta todo esto, es el precio al que lo venden online: 7,59 €. 

“Mantenemos un margen coherente y ético, porque al final la iglesia lo usa para lo que usa (el 98% de la producción termina en ritos religiosos), y no lo vendemos a supermercados ni en tiendas”, dice Matorell. ¿Y a dónde exportáis? “A todos los sitios que te puedas imaginar. Dime un país que te venga a la mente ahora mismo”, interpela. “¿Tailandia?” “Pues sí. Tailandia, Indonesia, Filipinas, Gabón, Camerún, Kenia, Burkina Faso, Colombia, Chile, Panamá, Honduras, China, Vietnam… Hasta el Tíbet”.

Una cuestión de modas

“Hace tiempo los claretianos de Colombia se llevaban nuestro vino, pero ahora la venta está muy limitada a la diócesis de Asidonia-Jerez”, comenta Antonio Flores, enólogo y master blender de González Byass, quien matiza: “Para nosotros el vino para consagrar, que podría ser el precursor de los vinos naturales o vinos ecológicos, es una rara avis dentro del mundo de los vinos de Jerez”. De ahí que esta bodega centenaria asegure manifestar hacia el vino de misa “un interés espiritual más que comercial”, por lo que tan solo fermentan mil litros de vino al año para tal fin.

Hasta 1892 no lograron la certificación de “lícito y válido” para la celebración de la Santa Misa, pese a que González Byass los elabora, desde mediados del siglo XIX, “de forma natural, con la típica uva Palomino de Jerez procedente de las cepas más viejas que, tras la vendimia, se prensa de forma separada al del resto de uva”.

Sí, al igual que De Muller o que Yzaguirre, (con Vinum Altaris Missae, elaborado con garnacha blanca y macabeo), en González Byass también utilizan una variedad de uva blanca. Como señala el teólogo José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena en el texto El Pan y el Vino para la celebración de la Eucaristía, “la Iglesia nunca ha dado ninguna normativa en referencia al tipo de vino que debe usarse en la celebración eucarística”. De tal forma que, al principio, se utilizó tinto.

“Se prefirió el vino tinto, ya que, por su color, evoca la sangre y se distingue más fácilmente del agua, para evitar confusiones en la celebración”, escribe Goñi. Una preferencia que a partir del siglo XVI cambió. “Aunque parezca mentira, en los vinos de consagrar también hay modas, pese a que estas se mueven muy lentamente”, cuenta Flores, precisando que esta “tendencia” en realidad surgió “porque el tinto mancha mucho todo el ornamental de misa”.

Se prefirió el vino tinto, ya que, por su color, evoca la sangre y se distingue más fácilmente del agua, para evitar confusiones en la celebración

Antonio Flores

Enólogo y master blender de González Byass

Ni en el Código de Derecho Canónico ni en la Ordenación General del Misal Romano precisan qué cantidad de agua se añade al vino, como suelen hacer en la celebración de la eucaristía. Aunque, como apunta el teólogo, “si tenemos en cuenta el significado de este rito, la cantidad de agua debe ser poca, pues representa a la humanidad que frente a la divinidad de Cristo es mínima cualitativamente”. 

Sí, en cambio, los textos eclesiásticos son más explícitos a la hora de permitir el mosto, solo autorizado, y con permiso del obispo correspondiente, “a los sacerdotes afectados de alcoholismo o de otra enfermedad que les impida tomar alcohol incluso en mínima cantidad; para el uso de mosto por parte de los laicos es necesario recurrir a la Santa Sede”, concreta Goñi.

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