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Cómo cambian tus necesidades nutricionales con

Alimentación

Los guisos y los platos con más carbohidratos suelen ser la opción más recurrente en los meses fríos

Las preparaciones de cuchara y las recetas con mayor carga glucídica acostumbran a ser la alternativa más frecuente durante la temporada invernal.

Cuando llega el invierno no solo cambiamos la ropa de nuestro armario. Sin apenas darnos cuenta, también modificamos lo que ponemos en el plato. Menos horas de luz, temperaturas más bajas y más tiempo en interiores alteran nuestras rutinas… y nuestras necesidades nutricionales. Es por este motivo que nuestro cuerpo activa mecanismos de adaptación constantes para mantener su equilibrio interno y garantizar que nuestro organismo siga funcionando correctamente.

“Hay que pensar que formamos parte de la naturaleza, aunque a veces se nos olvida. Cada estación del año todo cambia: cambia la luz, la temperatura,...”, explica el doctor Jesús Vázquez, especialista en Nutrición y Dietética, en una entrevista concedida a Europa Press Salud Infosalus. Según subraya, “no podemos comer igual en verano o en invierno”, porque el cuerpo pide cosas distintas en cada momento del año.

Ante la falta de luz solar en invierno, el experto recomienda comer pescados azules
Ante la falta de luz solar en invierno, el experto recomienda comer pescados azulesGetty Images/iStockphoto

En verano predominan los alimentos frescos, ricos en agua, vitaminas y antioxidantes. Sin embargo, cuando bajan los termómetros, el organismo demanda más calor interno. Eso se traduce en una preferencia casi instintiva por platos más calóricos, con mayor presencia de grasas y carbohidratos. “El invierno pide más calor, alimentos más energéticos, y que nos hagan defendernos de las bajas temperaturas”, señala el experto.

Esta transformación cuenta con una base fisiológica. Durante los meses fríos es preciso generar un volumen mayor de energía para asegurar que el calor corporal permanezca constante. Tal requerimiento supone una aceleración del metabolismo y, por ende, un incremento en la oxidación. En su volumen “Un año para cuidarte”, Vázquez aclara que dicha actividad origina más “residuos metabólicos”, provenientes del desempeño suplementario que lleva a cabo el sistema biológico.

En este momento surge la dificultad de la oxidación. De acuerdo con lo relatado a Europa Press, las bajas temperaturas causan “un trabajo metabólico brutal” y el sistema da prioridad a los órganos vitales, aminorando la circulación en áreas periféricas como las manos o la piel para mantener el calor. Al igual que cualquier “fábrica”, el cuerpo genera residuos: radicales libres y peróxidos que, en abundancia, logran perjudicar las capas celulares y entorpecer la interacción entre las células.

Consumir antioxidantes como la vitamina C

Por eso, insiste en la importancia de reforzar la alimentación con antioxidantes durante los meses fríos. Alimentos ricos en vitamina C y polifenoles, así como grasas saludables con omega-3 -capaces de generar resolvinas antiinflamatorias- ayudan a contrarrestar el estrés oxidativo. También recomienda una buena hidratación y protegerse adecuadamente del frío para minimizar el impacto del estrés físico.

Un elemento determinante adicional de la época invernal consiste en la reducción del contacto con el sol. Al contar con jornadas más breves de claridad, se reducen las concentraciones de vitamina D, un componente hormonal fundamental para el desempeño adecuado de las defensas corporales. Este nutriente repercute de forma inmediata en el comportamiento de los linfocitos T, unidades celulares responsables de identificar y neutralizar agentes infecciosos.

Pescado azul, setas y hongos

Con el objetivo de subsanar esta carencia, el experto sugiere integrar pescados azules, yema de huevo, lácteos enriquecidos, mariscos, setas y hongos. Asimismo, menciona que vitaminas como la C, D y A, en conjunto con minerales como el zinc y el selenio, colaboran en el desarrollo y maduración de las células inmunitarias. También destaca alimentos depurativos como alcachofas, acelgas o espinacas, los cuales benefician la actividad hepática.

Eso sí, aunque los carbohidratos son una fuente básica de energía en invierno, Vázquez advierte de no abusar de los de absorción rápida, como el azúcar. Mejor optar por arroz integral, legumbres, patata y verduras, junto a grasas saludables y pescado, limitando la carne roja. “Si seguimos el ritmo de la naturaleza en nuestra alimentación es sencillo estar más sano”, concluye el experto. Aunque no siempre seamos conscientes, el invierno cambia nuestras necesidades, y nuestro plato debería adaptarse a ello.