Así va a cambiar Ozempic la cesta de la compra
Cambio alimentario
El auge de los fármacos supresores del apetito anticipa cambios en el consumo: menos ultraprocesados, raciones más pequeñas y más proteína en la cesta de la compra
¿Viviendas sin zonas de cocción? De esta manera, los alimentos listos para consumir están alterando los hogares y las costumbres del país.

Cesta de compra
Apenas ocupa titulares, no parece estar en la agenda urgente de la hostelería y es un asunto que ni se menciona en grandes congresos gastronómicos, pero basta sacar el tema en voz alta para ver que todo el mundo conoce a alguien que ya lo está tomando. “Preguntan bastante y piden que se lo recete”, confirma mi médica de cabecera. Ozempic y otras medicaciones supresoras del apetito basadas en GLP-1 no sólo va a cambiar la carta y menús de los restaurantes -ya está ocurriendo en otros países- sino también la cesta de la compra, tal y como demuestra el primera gran estudio realizado en Europa sobre el tema.
“En toda mi vida como médica no ha habido algo con un impacto tan grande”, asegura Alexandra Sowa, autora del libro La revolución del Ozempic. Puede sonar a exageración de quien ha visto el filón y quiere aprovechar para vender algo, pero en realidad los GLP-1 (Ozempic es sólo una marca comercial, aunque sea la más conocida) parecen poner de acuerdo a todos los expertos en materia y quienes estudian y observan sus efecto.
Más allá de reducir el hambre, estos tratamientos están impulsando una preferencia por alimentos con menos calorías y más proteína
“Son o han sido ya una revolución desde el punto de vista de la salud y la nutrición porque desde hace ya bastantes años se desarrollaron para tratar la diabetes con muy buenos resultados y ahora también con la obesidad”, explica Toni Massanés, director de la Fundació Alícia. Pese a que es ahora cuando Ozempic y compañía se han hecho famosos hasta el punto de ser uno de los anuncios estrella de la pasada Super Bowl, no hay que olvidar que llevan desde 2017 siendo un tratamiento médico.
La llegada de genéricos con la consiguiente bajada de precios y las versiones no inyectables y que se consumíran por vía oral -apunta Massanés- se perfilan como los siguientes pasos de los agonistas del receptor GLP-1, nombre técnico de estas productos. Dos cambios que multiplicarán su popularidad, aunque recientes estudios ya ponen sobre la mesa cifras realmente sorprendentes: en Estados Unidos 1 de cada 8 adultos asegura haber tomado alguna medicación de este tipo, y una investigación publicada por The Lancet Diabetes & Endocrinology con datos de 99 países considera que un 25% de la población mundial podría ser candidato a un tratamiento de este tipo.

Menos ultraprocesados
“Nos queda muy lejos este tema”, apuntan desde una conocida cadena de supermercados al ser preguntados sobre su estrategia alrededor de los cambios que los GLP-1 van a provocar en la cesta de la compra. Puede sorprender, pero es la tónica habitual ahora mismo en España.
La misma cuestión ha sido trasladada a otros supermercados y empresas del sector del alcohol -otro de los potenciales afectados, porque quienes lo toman dejan de beber o lo hacen menos- y en ningún caso parece haber una estrategia definida ante un previsible cambio en los hábitos de consumo.
Al menos de forma pública, claro. Porque mientras en otros países el asunto centra el debate nutricional, médico y también gastronómico -Heston Blumenthal ya ofrece un menú degustación reducido pensado para quienes toman esta medicación- cuesta creer que en España nadie esté tomando nota.
Aunque es verdad que Estados Unidos es, con diferencia, el principal consumidor de GLP-1, un reciente estudio realizado en Dinamarca evidencia que los efectos en la cesta de la compra también han llegado a Europa. Publicado hace unas semanas en JAMA Network Open, el estudio en más de 1000 personas analiza más de dos millones de tickets de compra para ver el compartimiento de quienes toman y no esta medicación.
En Estados Unidos, donde el fenómeno va por delante, uno de cada ocho adultos asegura haber utilizado este tipo de medicación
Las conclusiones son evidentes: cae el consumo de ultraprocesados y aumenta el de comida real. Las cifras son muy moderadas con descensos y aumentos de apenas un 1% pero lo interesante es que dan la vuelta a la tendencia de consumo habitual de las últimas décadas. Al otro lado del Atlántico los números son más contundentes y un estudio de 2023 aseguraba que entre pacientes de GLP-1 el consumo de comida basura caía más de un 60% y el de fruta y verdura subía más de un 40%.
Algo que cuadra con los relatos recogidos en el documental La verdad sobre el Ozempic: quienes toman alguno de estas medicaciones no sólo comen menos, sino que a la hora de hacerlo cambian sus hábitos, dando prioridad a alimentos con menos calorías y ricos en proteínas. “Estamos viviendo el empequeñecimiento de la comida, y el reto para la industria alimentaria es encontrar su cuota dentro de este plato más pequeño”, apunta Joanne McArthur de Nourish Food Marketing en el citado documental.
Hacer la compra sin hambre
Mientras en Hollywood todo el mundo está cada vez más delgado -una frase que inevitablemente se repite cuando se habla de Ozempic- y se estudian usos de estas medicaciones en casos de adicciones, el efecto rebote cuando se deja el tratamiento, los efectos sociales en su uso puramente estético o la importancia de la supervisión médica son algunos de los temas de debate ahora mismo.
¿Y los efectos secundarios? Llevan años usándose, hay estudios que invitan al optimismo, pero hay que seguir estudiándolos para conocer cómo afectan a lo largo de la vida, recuerda Massanés. “Se dice que todos los medicamentos tienen efectos secundarios, y si no, es que no funcionan”, apunta. La pérdida de masa muscular y el peligro que supone para la población de mayor edad es uno de los primeros problemas que se señalan.
En Fundación Alicia observan con atención todo lo que ocurre alrededor de los GLP-1 con los criterios habituales en busca de evidencia científica y consenso de las autoridades sanitarias. Con el Hospital Clínic, por ejemplo, se trabaja en el ámbito de medicina culinaria con tratamientos de obesidad y cirugía bariátrica y seguramente en este terreno puede haber cambios relacionados con la medicación, aunque por ahora no se ha hecho nada público.
El ruido alimentario, aseguran los expertos, es una de las armas de la industria alimentaria para vender sus ultraprocesados. Productos diseñados para evitar el reflejo de saciedad que no lleva a dejar de comer. Gracias a los medicamentos tipo Ozempic ese ruido y la necesidad de estar siempre pensando en comida desaparecen. Algo que, planteado de forma masiva y más allá de las cuestiones médicas, plantea un cambio cultural notable en muchas sociedades donde lo que ocurre alrededor de la mesa es clave.
Muchos frentes abiertos y preguntas pendientes de responder, un prometedor negocio para algunos y una industria alimentaria que tendrá que mover ficha y readaptarse a los cambios. De momento en Estados Unidos ya están a la venta bandejas de comida preparada que se etiquetan como “recomendadas para GLP-1”: son más pequeñas, con mucha proteína y menos calorías.
Por ahora en España no parece haber movimientos en este sentido, pese a que es evidente que acabará llegando. Siempre se ha dicho que los clientes que van a hacer la compra sin hambre son una pesadilla para los supermercados, pero en el horizonte se dibuja una situación en el que un porcentaje considerable puede que no tenga ya nunca hambre.

