Lorena Sánchez, propietaria de una cafetería: “Por debajo de 470 euros diarios de facturación no se cubren los costes; el margen es mucho más pequeño de lo que la gente imagina”
EMPRENDEDORES
La pasión por el café se mezcla con la disciplina empresarial, y entender ese delicado equilibrio es lo que separa a quienes sobreviven del resto

Lorena hablando con pasión y sinceridad sobre su negocio

Abrir un café de especialidad no se limita a servir buen café. Implica gestionar operaciones diarias, mantener estándares de calidad elevados, formar un equipo confiable y adaptarse a un mercado competitivo y exigente. Cada decisión, desde la selección de granos hasta la atención al cliente, influye en la reputación y el éxito del negocio, y requiere equilibrio entre visión, disciplina y constancia.
El canal de YouTube de Eric Ponce ha entrevistado a Lorena, una apasionada del café que decidió emprender un negocio de café de especialidad “Hace diez años fuimos a vivir al suroeste de Inglaterra y empecé a tomar café. Me empecé a interesar mucho y al regresar a Viladecans me decidí a abrir 'Bristol Coffee', después de trabajar en cafeterías y formarme como barista”, explica.

“Es imposible que una cafetería sobreviva vendiendo solo café”
Lorena cuenta que la inversión inicial teniendo en cuenta el traspaso del local, licencias, una pequeña obra y la maquinaria, ascendió a 105.000 euros: “Lo abrimos con ahorros hace un año y medio. Lo que pedimos al banco ya se ha devuelto.
En cuanto a la facturación, reconoce que la media mensual son 12.000 euros, aunque hay que tener en cuenta los cambios que provocan las estaciones del año en los consumidores: “Hay meses más fuertes y más flojos. Siempre va e entrar gente pero las cifras son distintas. En verano viene menos gente pero el ticket medio sube un poco. Lo que no entra por un lado sale por el otro. Cuando llega el frío baja mucho el precio de las bebidas, pero a la gente le gusta acompañar el café con algo. Es imposible que una cafetería sobreviva vendiendo solo café”, explica.
En su caso, una gran idea fue apostar por la innovación vendiendo productos como el 'Bubble Tea'. Se trata una bebida originaria de Taiwán que combina té (negro, verde o de otro tipo) con leche o jugo y se acompaña de perlas de tapioca, que son bolitas negras, masticables y dulces hechas de almidón de tapioca: “En Viladecans nadie tenia 'Bubble Tea'. Todo lo que viene de Corea es furor y los adolescentes llevaban a sus familias al local para probarlo”, cuenta.
La joven habla sin tapujos de los gastos fijos que tiene que afrontar mes a mes. Entre alquiler, salarios y cotizaciones, Lorena tiene que pagar 7.500 euros: “Eso es dinero que tienes que generar sí o sí, vendas mucho o poco”, reflexiona. El resto de gastos son el café, leche fresca y productos especiales. En total el gasto total alcanza los 10.000 euros mensuales.

Esta realidad le obliga a tener una facturación diaria de 470 euros: “Por debajo de esa cifra no se cubren los gastos. Al final del año, el beneficio real ronda el 8 o el 9%”, explica. En cuanto a la rentabilidad, Lorena revela las cifras detrás de un taza de café: “Una taza tiene un coste aproximado de 55 céntimos y se vende a 1.80 euros. El margen es más pequeño de lo que la gente imagina”, confiesa. Los productos más rentables son las galletas caseras y la bollería, que dejan un beneficio de un 50%: “Sin la parte dulce, el negocio no saldría”, advierte.
Algunos negocios no funcionan y no siempre por falta de esfuerzo o dedicación. Muchas veces los gastos y exigencias operativas van por delante y quienes no lo anticipan descubren demasiado tarde que la pasión no basta para sostener un proyecto. La realidad es dura, emprender implica prever, planificar y adaptarse constantemente porque el entusiasmo no cubre lo que el mercado y la gestión exigen. A pesar de los retos, Lorena afirma que volvería a hacerlo todo igual, porque ha logrado construir algo que hace feliz a sus clientes y la satisface como emprendedora.
