Durante años, los carteles del festival de cómic de Angulema se acompañaban del lema: “La ciudad que vive sus imágenes”. Y así es. En Angulema las imágenes están muy presentes en sus calles de pronunciadas cuestas. Imágenes de cómics. Una veintena adornan muros de edificios con personajes como Gaston Elgafe o Lucky Luke, y durante los cuatro días del Festival Internacional de Cómic, que termina hoy, el efecto se multiplica. Los pequeños comercios decoran sus escaparates con álbumes de cómic y una popular cadena de grandes almacenes pone en sus vitrinas enormes carteles protagonizados por personajes de historieta.
En esta edición acudirán unos 200.000 visitantes al festival, una cifra enorme y que supone un gran impacto económico para una localidad de 42.000 habitantes. Angulema vive las imágenes y sabe que, en parte, también vive gracias a las imágenes y del éxito del festival. El recinto este enorme salón del cómic no está centralizado sino que ocupa varios edificios, equipamientos públicos y carpas montadas para la ocasión. Es un festival que se extiende por la ciudad.
Anouk Ricard, la ganadora del Gran Premio de Angulema
El Museo de Angulema acoge la exposición dedicada a la elegante Posy Simmonds, autora de Gemma Bovery. Una proyección de gran formato con la música de Bob Dylan de fondo (It’s all over now, baby blue) muestra el vaporoso encanto de sus bocetos a lápiz, a los que después da vida y color con acuarela. La británica ha organizado una retrospectiva de su obra que se completa con una mirada a la historia de la historieta en Gran Bretaña. En el llamado Espacio Franquin, que acoge conciertos y espectáculos durante todo el año, se puede visitar la exposición del artista japonés Gou Tanane. En un ambiente con poca luz y una lúgubre banda sonora de fondo (no es música, sino ruidos y ecos lejanos), la instalación sumerge al visitante en el inquietante mundo de Lovecraft a través de imágenes que plasman su prosa evocadora, que sugiere pero no describe. Un diálogo creativo entre dos autores y dos medios.
El Ministerio de Cultura español y el Institut Ramon Llull ofrecen los catálogos de sus autores
En una gran carpa a pocos metros de ahí, las principales editoriales de cómics presentan sus novedades con sesiones de firmas muy concurridas. En el stand de Casterman, dos viñetas gigantes de Tintín anuncian una de sus últimas novedades y éxito de ventas: la edición coloreada de la primera versión de El loto azul, de la serie Tintín. Las editoriales independientes tienen otra carpa y ahí se repiten las firmas y las colas. Los stands son más pequeños pero se compensa con una enorme diversidad de propuestas.
El aficionado al cómic que desea álbumes antiguos o ediciones muy exclusivas tiene otro espacio que reúne a estos editores. Uno de ellos expone el “prototipo” (es la palabra que usan cuando se les pregunta) de un libro que publicarán pronto y que ya se puede reservar: un cómic de Enki Bilal, El sueño del monstruo, editado a gran formato, con una reproducción de altísima calidad y firmado por el autor. Cuesta 950 euros. También aquí está el stand de Drouot, firma de subastas fundada en 1852, que expone originales de historieta que están a la venta. El más caro, una ilustración original en color del ilustrador y cineasta Merwan Chabane valorada en unos 3.000 euros. No es un precio tan alto, pues los originales de autores más apreciados se ponen a la venta en subastas organizadas desde su sede en París.
En pleno centro, en la calle Hergé (sí, aquí hay calles y edificios con nombres de autores de cómic), el pabellón de la Unesco abraza la diversidad con muestras tan variadas de historieta como las de Quebec o Guinea. Destaca el espacio dedicado a la ciudad de Barcelona, una pequeña muestra en la que su comisario, Antoni Guiral, ha tenido que acotar mucho la selección para adaptarse al espacio: “Ha sido necesario concentrar la exposición en una pequeña parte de Barcelona, mostrando solo historietas que hacen referencia o bien a Gaudí o bien al barrio gótico de la ciudad”.
Estos días, las colas también forman parte del paisaje de la ciudad, junto a las paredes dibujadas
En Angulema también se compran derechos sobre cómics que luego se publicarán, traducidos, en otros países. Para ello, los visitantes profesionales disponen del área de mercado de derechos donde están varias editoriales españolas junto con editores alemanes, coreanos o japoneses. El Ministerio de Cultura está presente con el catálogo de derechos Spanish comics y el Institut Ramon Llull hace lo propio con el dossier Catalan comics. Otras comunidades como la Balear o la Valenciana tienen también su espacio.
Lejos del centro se encuentra el Museo del Cómic, un moderno e imponente edificio que acoge las exposiciones dedicadas a Supermán o a los cuentos infantiles. Enfrente, en el Museo del Papel, se adentra en el proceso creativo de la ecléctica guionista Julie Brirmant. Cruzando el río Charente, al lado de la estación de trenes, se alza el espacio Manga City, con presencia de editores de cómic manga, presentaciones, clases magistrales y actividades. De vuelta al centro de la ciudad, justo al lado del Ayuntamiento, una larga cola de visitantes destaca en la plaza, llega hasta el hotel Saint-Simon, donde puede visitarse la exposición de Kamomine Shirahama, El taller de las brujas. Eso sí, quien desee verla deberá soportar estoicamente una espera de más de una hora. Estos días, las colas también forman parte del paisaje de Angulema.

