Cultura

Alfonso Goizueta: “El enemigo de la verdad no es la mentira, sino la apariencia de verdad”

El quijote de la arqueología

El escritor, finalista del Planeta, novela en ‘El sueño de Troya’ la obsesión del millonario Schliemann por la ciudad homérica

El escritor Alfonso Goizueta, en Barcelona 

El escritor Alfonso Goizueta, en Barcelona 

Ana Jiménez

Heinrich Schliemann fue un millonario arqueólogo despiadado en su obsesión por desenterrar la Troya homérica en Hisarlik, una colina bajo el control del imperio otomano. Hacia 1870 fue cuando creyó descubrir sus ruinas. Así lo vendió durante años hasta que la comunidad científica, con el paso del tiempo, probó que no fue para tanto. Que lo que el alemán halló fueron restos mucho más anteriores de la ciudad descrita en la Ilíada .

Alfonso Goizueta (Madrid, 1999), finalista del premio Planeta en el 2023 con La sangre del padre, no es arqueólogo, pero ha excavado en la personalidad de Schliemann en su nueva novela El sueño de Troya(Planeta). Lo hace indirectamente, porque la narración corre a cargo principalmente de Nicholas Yannikis, un joven griego desencantado con la vida que, de la mano de Sofía, esposa de Schliemann, se embarca desde Atenas hacia Hisarlik para intentar llenar ese vacío vital.

“Lo más interesante fue discernir entre las mentiras que contaba Schliemann sobre todo aquello que pretendía que pasara por fidedigno”

Yannikis es un personaje que cree que su vida ha entrado en barrena y que tiene que buscar una aventura. “Sé que no he sido el primero ni sería el último en tomar la aventura como un sucedáneo del suicidio”, reflexiona. “Bueno, la aventura también puede ser un sucedáneo del nihilismo...”, le matiza Goizueta. “Nicholas se ve detenido en la vida, aburrido, insatisfecho, además le asuela una tragedia al principio de la novela... Y entonces, toma la aventura como un todo o nada, o ahora o la muerte, ‘es el momento, ¿qué más me da?’”, añade el escritor.

Así que, si la vida carece de sentido, hay que dotarla de significado. “Cuando no tienes nada que perder, te vas a la aventura a encontrarte a ti mismo”, aclara el autor.

El sueño de Troya relata una realidad ficcionada. Es una novela donde la realidad y la ficción forman parte de una misma dimensión. Es un juego que abunda en El Quijote y en el que Goizueta se inspira: “Lo que más me ha fascinado siempre de El Quijote ha sido el juego de cajas chinas, de la historia dentro de la historia, que llega al culmen en la segunda parte de la novela, cuando están representando en una obra de teatro en el palacio de los Duques la propia historia que están viviendo”.

Alfonso Goizueta, escritor 
Alfonso Goizueta, escritor Ana Jiménez / Propias

En el libro hay algunas referencias a la obra de Cervantes. Algunas son claras; otras, algo más veladas. Pero en el arqueólogo recae casi todo el peso. Es un personaje quijotesco en tanto que moldea la realidad a sus deseos. O, como explica Goizueta, así como Don Quijote necesitaba que los molinos fueran gigantes “porque eso significaba que todo el universo que él había construido tenía sentido, Schliemann necesitaba que la Troya que fue a buscar a la colina de Hisarlik fuera específicamente la Troya de Helena, la Troya de Paris, la Troya del caballo de madera que todos conocemos”.

Por tanto, para el autor Schliemann como persona, pero también como personaje, transmite “la necesidad que tiene el hombre de contarse historias, y de que esas historias se conviertan en ciertas para su propia tranquilidad”.

El arqueólogo será un quijote, sí, pero uno antipático. Carece de la nobleza que caracteriza al cervantino. Es algo que Goizueta captó mientras se documentaba. Recurrió a los diarios del alemán. Y mientras los leía se dio cuenta de que “lo más interesante fue discernir entre las mentiras que contaba Schliemann sobre todo aquello que pretendía que pasara por fidedigno, de la historia real del yacimiento de Troya”. Encontró de puño y letra del arqueólogo “medias verdades” que le aturullaron: “Yo siempre digo que el enemigo de la verdad no es la mentira, sino la apariencia de verdad. Y sus memorias, sus diarios de excavación, están llenos de aparentes verdades”.

Goizueta, pese a su juventud, es un profesional del oficio de inventar. Y como el arqueólogo, o al igual que Cervantes con su caballero, inventa para que el lector tenga claro que la literatura crea la realidad más real de todas. “Claro que la ficción es una mentira. Pero es una mentira que ayuda a explicar la verdad. Madame Bovary no existe, Don Quijote no existe. Y sin embargo, nos cuentan una realidad humana mucho mejor que cualquier anécdota que podamos contar o que cualquier experiencia”, dice el autor a la vez que señala que todo este pensamiento está ya en La verdad de las mentiras , de Mario Vargas Llosa.

Àlex Tort Sagués

Àlex Tort Sagués

Redactor

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Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En Guyana Guardian desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF

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