Lucía Solla Sobral: “Es más fácil culpar a una víctima que educar al agresor”
Entrevista
El debut narrativo de la escritora, 'Comerás flores', que ahonda en el maltrato psicológico, se convierte en una de las sorpresas editoriales de la temporada

Lucía Solla Sobralcdebuta en narrativa con ‘Comerás flores’

Está a punto de terminar diciembre y toca hacer balance del año. El de Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) es “muy bueno”. Cuando en septiembre llegó a las librerías su novela debut, Comerás flores (Libros del Asteroide), no imaginó la espiral de buenas críticas que viviría tan solo unos meses más tarde. Pero lo cierto es que su libro se ha convertido en una de las sorpresas del año. Su protagonista es Marina, una joven recién graduada que empieza a salir con Jaime, veinte años mayor que ella. Deslumbrada por sus atenciones y por la sofisticada vida adulta, Marina se ve sumergida en un mundo que poco a poco le hace olvidar lo que la definía.
La autora hace tiempo que se imaginaba publicando un libro, pero no sabía cuando llegaría el momento. “Quería tener algo que contar. No contemplaba el escribir por escribir”. La historia –explica su autora – acabó llegando a ella tras múltiples conversaciones con sus amigas, tras comprobar que algunos patrones se repetían. ¿El reto? “Describir lo que muchas veces es invisible: la manipulación y el maltrato psicológico”.
¿Ha sido usted o alguien cercano en algún momento Marina?
Todos conocemos a alguien que ha vivido algún tipo de maltrato psicológico. No necesariamente tiene que ser de una pareja. Pero, es muy probable que nos demos cuenta de ello cuando el daño ya está hecho, ya que es un tipo de violencia que no deja marcas visibles. Cuesta ver también porque nadie es maltratador las 24 horas del día y, con el resto de personas, el agresor muchas veces es amable.
No ayuda tampoco que las víctimas muchas veces no hablen.
Casi nunca lo hacen, o no mientras lo sufren, ya sea porque sienten culpa o vergüenza. Pero, luego, cuando dan el paso y verbalizan algunas de las cosas que les suceden, se dan cuenta de que hay comportamientos que no se deben aceptar.
Todos conocemos a alguien que ha vivido algún tipo de maltrato psicológico. No necesariamente tiene que ser de una pareja”
El silencio, por ejemplo. Una forma muy habitual de castigo.
Es algo que normalizamos mucho. Que cuando una persona se molesta deje de hablar. Pero no momentáneamente, sino días y hasta semanas, sin explicar las causas. Si quien hace esto encima es tu pareja, todavía es peor, es una forma de castigo, ya que te torturas pensando qué has hecho. Y, muchas veces, no has hecho nada.
Luego hay otras acciones más visibles. Jaime, por ejemplo, acelera el coche a doscientos kilómetros por hora cuando se enfada. Y Marina lo sufre.
Sí, y eso ya es en realidad una violencia física. Para colmo, enciende el aire acondicionado del coche para que, además de la velocidad, sienta el frío. Cuando puse en común experiencias con mis amigas, vi que esto del aire era algo que se repetía.

Su dedicatoria inicial va por ahí: “Para las que todavía estáis en un coche a doscientos kilómetros por hora”.
Porque son muchas y cuesta salir de ese bucle. El maltrato psicológico tiende a romantizarse. Nos han educado, especialmente a nosotras, a poner el amor romántico en la pirámide de los vínculos sociales, y confundimos todo. Por lo que sí, es relativamente fácil caer en ese maltrato. Nos convencieron también de que hay un perfil muy prototípico de víctima: mujer, sin estudios, sin recursos económicos, con pocos amigos y sin red familiar...
Y no es así.
Claro que no. Pero pensamos que sí y nos comparamos y decimos, vale, si fuera una víctima me daría cuenta. Lo pensamos o bien porque tenemos estudios o porque, aunque no sea así, hoy en día existen muchas herramientas para identificar un maltrato.
Y aún así es fácil caer.
Sí, y no hace falta ser joven como Marina. Puedes tener 50 o 60 años y entrar en esta espiral igual.
Ella decide salir con alguien veinte años mayor. ¿Le parece eso algo malo?
A ver, no es necesariamente malo, pero sí que es cierto que es muy difícil construir un vínculo amoroso cuando existe mucha diferencia de edad y en el que no haya desigualdad. Entonces, ¿puedes conocer a alguien mucho más joven o mayor y que realmente estés enamorado? Sí, pero va a ser más difícil que esa relación sea equitativa y sana. Ambas partes, y no solo una, deben tener muy claro desde el principio qué tipo de relación quieren construir.
A día de hoy se sigue poniendo el foco en la víctima en vez de en el agresor. ¿Cómo cambiarlo?
Con educación. Pero queda mucho por hacer y encima parece que hay ahora una regresión con los más jóvenes. Y las redes tienen parte de culpa ya que tenemos a adolescentes consumiendo vídeos de chicas que se esmeran por estar perfectas para sus novios y que los esperan mientras cocinan tartas y hacen pan de masa madre. Es necesario seguir educando a la sociedad y revisarse a menudo. Pero es complicado, especialmente ahora.
Una relación con mucha diferencia de edad es difícil que sea equitativa y sana”
¿Por qué?
Porque hay mucha frustración. Muchos hombres, especialmente los más jóvenes, sienten que el feminismo les ataca, y no están por la labor. Y para la sociedad parece que es más fácil y rápido dejar este esfuerzo a un lado. Esto lo que provoca es que se tienda a culpar a las víctimas por su supuesta ceguera en vez de al agresor por todo lo que hace.
¿Qué hacer cuando alguien de tu entorno pasa por una situación como la de Marina?
Primero, intentar que lo vea pero, si eso os aleja, no queda otra que esperar y tener paciencia. Yo sé que es súper doloroso ver cómo a tu amiga la están destrozando poquito a poco, pero no es fácil actuar sin romper todo. Lo que es importante es estar ahí para abrazarla cuando se dé cuenta. Sin reproches, ni juicios ni revictimizaciones, solo amor sincero.