
El futuro es vegetal
En sus novelas más recientes, La mirada de las plantas y Área protegida –publicadas por el sello Almadía–, Edmundo Paz Soldán nos ha recordado que nuestra época se tensiona entre dos grandes fenómenos, visceralmente conectados: el cambio climático y la inteligencia artificial. En ambas ficciones amazónicas, la solidez de los troncos de los árboles se contrapone en principio a la liquidez de los videojuegos o la realidad virtual; pero enseguida ambos contrarios se confunden en una alucinación que es al mismo tiempo contemporánea y ancestral. La investigación del escritor boliviano en la ficción especulativa, el thriller, la fantasía y el terror para interpretar y expandir las claves de hoy prosigue en su nuevo libro de cuentos, El comienzo del paraíso ( Páginas de espuma), en cuya estructura profunda también está la idea de que la tecnología y la biología empequeñecen cada vez más al ser humano.
“Uno se preocupaba de explorar otros planetas, cuando aquí abajo danzaba el verdadero nuevo mundo”, leemos en el relato Las enloquecidas estrellas , que se adentra en el fondo del mar (y en la vida de un pionero de su estudio y en la muerte de una mujer supuestamente atacada por un pez). En otro, Sideral , unas arañas fluorescentes tejen en un planetario una tela que resume el universo entero. Pero en el primer cuento, el central y el último, las tres líneas maestras del volumen, los protagonistas son las plantas. El increíble hombre del pantano imagina a una criatura conformada por “el sedimento, la vegetación acuática”. El juego de muñecas rusas de La reserva del puma ironiza sobre la tentación y el éxito del true crime , con el árbol estrangulador como telón de fondo. Y Aire nos transporta a una base planetaria en que los musgos y helechos han luchado contra sus propios hologramas. Y han ganado.
La humanidad lleva demasiado tiempo alimentando su naturaleza animal y debe buscar vías sostenibles en las plantas
En su mejor libro, El futuro es vegetal (Galaxia Gutenberg), el científico y divulgador Stefano Mancuso dejó claro que la humanidad lleva demasiado tiempo alimentando su naturaleza animal y, con urgencia, debería buscar vías sostenibles en las plantas. Y da múltiples ejemplos reales de biomímesis. También la exposición itinerante ForestED. Del bosque a la edificación (Barcelona, Madrid, Pontevedra) crea puentes entre la teoría y la práctica. Con veranos cada vez más inflamables, hay que gestionar los bosques de modos más eficaces, a través de la bioeconomía circular, y hay que imaginar una carpintería interespecie, capaz de combinar diferentes tipos de madera en un mismo mueble o estructura constructiva. Paz Soldán nos recuerda que el nuevo orden climático es nefasto para nosotros y nuestras especies compañeras, pero que en cambio multitud de microorganismos y seres fúngicos y vegetales serán felices en el postapocalipsis.
El pasado fue vegetal y el futuro también lo será. Depende de nosotros, y ahora también de nuestros algoritmos, que vivamos lo suficiente para seguir convirtiéndolo en literatura.