'Father mother sister brother' (★★★★✩), la desconexión afectiva y otros estrenos de la semana
Críticas de cine
Los críticos de 'Guyana Guardian' también analizan 'Homo Argentum', 'Ariel', 'Eloy de la Iglesia, adicto al cine' y 'Anaconda'

Vicky Krieps y Cate Blanchett son las hijas de Charlotte Rampling en la película de Jim Jarmusch
Estos son los estrenos que llegan a las pantallas de cine este 25 de diciembre:
Calificaciones
★★★★★ obra maestra
★★★★ muy buena
★★★ buena
★★ regular
★ mala
Father mother sister brother (★★★★✩)
Dirección: Jim Jarmusch
Intérpretes: Tom Waits, Adam Driver, Charlotte Rampling, Cate Blanchett
Producción: EE.UU., 2025 (110 minutos). Comedia
La desconexión afectiva
Por Jordi Batlle Caminal
En Father mother sister brother, León de Oro a la mejor película en el último festival de Venecia, Jim Jarmusch, el infatigable embajador del mejor y más auténtico cine independiente norteamericano desde hace ya más de cuarenta años, vuelve al filme episódico que ya cultivó con acierto en el pasado. El filme consta de tres episodios, como Mystery train, repartidos en distintas ciudades del planeta, como Noche en la Tierra, y con un tema común: los lazos familiares, concretamente las relaciones entre padres e hijos.

En el primer (y más inspirado) episodio, dos hermanos (Adam Driver y Mayim Bialik) viajan en coche para visitar al padre (memorable Tom Waits) en su casa en las afueras de Nueva Jersey. Será una visita rápida, casi fugaz, ni siquiera acompañada con un modesto tentempié, pese a que hace dos años que no se ven. Lo que llama la atención es que no tienen nada que decirse, solo frases banales en un océano de silencios que crean una gran incomodidad. Lo mismo sucede en Dublín: dos hermanas (Cate Blanchett y Vicky Krieps) visitan una vez al año a la madre (Charlotte Rampling) para tomar té y comer pastelitos en una mesa donde los vocablos parecen necesitar un fórceps para salir de la boca. Al contrario, los hermanos gemelos (Indya Moore y Luka Sabbat) del tercer relato hablan profusamente de sus padres, recién fallecidos en un accidente, visitan su casa de París y revisan viejas fotos familiares, entre la tristeza y la alegría del recuerdo. Nos queda una duda: ¿pasaba también su relación con los padres por la desconexión afectiva, como en los casos anteriores, o era más fluida y comunicativa?
Juguetón, Jarmusch introduce a modo de divertimento motivos que se repiten en cada uno de los tres episodios: los jóvenes con patines, el reloj de marca, los signos del zodíaco, los brindis sin alcohol (agua, té o café), los comentarios sobre el agua, que en algún momento hacen pensar en el desquiciado general Ripper de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, etc. Todo ello formulado con el inimitable sello del cineasta: serenidad tonal, cámara relajada, brotes de melancolía, una mirada atenta y suavemente irónica capaz de extraer oro de los pequeños detalles y una genuina sensibilidad para captar el aire de nuestro tiempo.
Homo Argentum (★★★✩✩)
Dirección: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Intérpretes: Guillermo Francella, Eva De Dominici, Tony Sperandeo
Producción: Argentina, 2025. 98 m. Comedia.
Miserias más o menos argentinas
Por Salvador Llopart
Dieciséis tragicomedias encapsuladas en hora y media de película. Dieciséis ocurrencias que se adentran, con sarcasmo, en las miserias humanas. La sonrisa que produce esta colección de ruindades es la misma que produce la desgracia ajena y, por lo tanto, en buena medida, suscita algo así como una sonrisa culpable. Cohn y Duprat, los directores, quieren acercarse con Homo Argentum al lado oscuro del alma argentina. Y en buena medida hacen más y menos, a la vez.

Con su propuesta, profundamente urbana y occidental, se han paseado con mayor o menor fortuna -dieciséis historias dan para mucho- por las miserias de los habitantes masculinos de cualquier ciudad. Una colección de gags con voluntad acusadora que encuentra su mejor referencia en Monstruos de hoy (1963), de Dino Risi. Mirada tragicómica, como aquella comedia italiana, a los vicios de la sociedad. En este sentido, un poco más de concreción argentina, un poco más de mordiente local, le hubiera sentado bien al conjunto. La generalidad de la propuesta, eso de que sirve para todos, la superficialidad, o sea, es su mayor lastre.
Desde la primera -en la que el protagonista ensalza las virtudes del hombre argentino para un instante después, hipócrita de él, cometer la mayor de las vilezas- conocemos el rango emocional del filme. Un rango que va de la hipocresía descarada, como en esa primera historia, al repaso de los puntos ciegos de los personajes. Personajes tristes, la mayoría de ellos. Especial mención tiene ese guarda de aparcamiento, protagonista de una de las historias más poéticas, seducido por una mujer misteriosa que, a la mañana siguiente, deberá volver a su garita. Y digo personajes cuando en realidad solo hay uno multiplicado por dieciséis. Todos están interpretados por el mismo actor, Guillermo Francella, que no escatima registros ni recursos para singularizar cada una de sus intervenciones. Un triunfo para Francella. Para el dúo de directores Mariano Cohn y Gastón Duprat, sin embargo, tan sólo un paso más en la exploración de las miserias argentinas, que tan bien ilustraron con El ciudadano ilustre (2016).
Ariel (★★★✩✩)
Dirección: Lois Patiño
Intérpretes: Agustina Muñoz, Irene Escolar
Producción: España, 2025 (108 min)
Drama experimental
La isla de las representaciones
Por Philipp Engel
Ariel tenía que haber sido la culminación de dos trayectorias entrelazadas. La del director argentino Matías Piñeiro, que lleva una década jugando con las femeninas comedias de Shakespeare con una serie de películas encantadoras donde la palabra es la música que arrastra las imágenes, y la de Lois Patiño, cineasta vanguardista eminentemente visual, poético retratista de las fuerzas de la naturaleza como los arrecifes de su Galicia natal. Juntos ya llevaron a cabo, en las mágicas Azores, el corto Sycorax (2021), preludio de esta Ariel, que finalmente ha escrito y dirigido el gallego en solitario. Eso podría explicar una cierta sensación de desequilibrio.

Siguen estando la argentina Agustina Muñoz y los juegos meta-shakespearianos de Piñeiro, mientras que la imagen, con magnética fotografía de Ion de Sosa, oscila entre la psicodelia psicotrópica y el surrealismo amable que respiran los paisajes del archipiélago luso. A Muñoz, que hace de sí misma, le da la réplica Irene Escolar, una Ariel que ya no recuerda a la actriz que la interpreta, pues en esta isla onírica, todos los personajes de Shakespeare campan a sus anchas sin ser conscientes de serlo, una ambiciosa ocurrencia para la que Patiño todavía no está a la altura del bardo porteño. Hay una gracia en las “shakespereadas” de Piñeiro, de Rosalinda (2011) a Isabella (2020), que aquí no ha llegado a su plenitud, a pesar de la poética apabullante de sus más planos subyugantes.
Anaconda (★★★✩✩)
Dirección: Tom Gormican
Intérpretes: Paul Rudd, Jack Black, Steve Zahn, Thandiwe Newton
Producción: EE.UU., 2025 (100 minutos). Comedia
Un descabellado 'meta-remake'
Por J. Batlle
Después de la gran juerga que, con la complicidad de un Nicolas Cage autoparódico, nos regaló en El insoportable peso de un talento descomunal, Tom Gormican reincide en la comedia metalingüística en otra peripecia loca donde todo remite al propio cine, particularmente al cine popular para consumidores compulsivos de palomitas. Los protagonistas, dos friquis de aúpa, se proponen rodar un remake de Anaconda, la epopeya amazónica realizada por Luis Llosa en 1997, en los mismos escenarios de la acción y con menos recursos económicos que Roger Corman en su producción más barata.

Como era de esperar, la filmación está salpicada de situaciones catastróficas, gags de veras inspirados y momentos tan inesperados como el encuentro fortuito, en pleno río, con otro equipo de rodaje que también está haciendo, visiblemente con mayor presupuesto, un remake de Anaconda. La fiesta es tan tonta como razonablemente divertida y recomendable. La conducen con entusiasmo Paul Rudd y un Jack Black en su salsa, que hace una concienzuda fusión de sus personajes de King Kong (el cineasta que filma, filma y sigue filmando sin temor al peligro) y Rebobine, por favor (donde fabricaba copias caseras de clásicos del séptimo arte).
Eloy de la Iglesia, adicto al cine (★★★✩✩)
Dirección: Gaizka Urresti
Producción: España, 2025 (95 min)
Documental
Picos, quinquis y películas
Por P. Engel
El cine de Eloy de la Iglesia sólo se puede contar en orden cronológico, pues su vida y sus películas eran indisociables. Empezó con una película infantil (Fantasía...3), pero no tardó en destacar con obras de culto (La semana del asesino), sin esconder su condición de homosexual (Los placeres ocultos), comunista incómodo para el partido (El diputado) o, por supuesto, heroinómano: los chutes de El Pico iban en serio.
Así, recurriendo a los testimonios de una veintena de personalidades –José Sacristán, Antonio Hens, Ángel Pardo, Fernando Guillén Cuervo...– que le conocieron más o menos bien, y con un montaje de imágenes entre curioso y audaz donde las citas de las películas pueden actuar cual punto de exclamación de algunas declaraciones, Gaizka Urresti reivindica la figura de nuestro Fassbinder o nuestro Pasolini, y resucita algunos debates que creíamos periclitados como las contradicciones de un cine político elitista (Godard) frente a la capacidad de llenar salas de un De la Iglesia no menos crítico con el sistema. Los franceses ya reivindicaron su figura con una retrospectiva en la Cinematheque, así que es probable que ya esté todo dicho. Pero el título de este documental nos recuerda irónicamente que, si la adicción a la heroína del cineasta copó tantos titulares, quizás haya llegado por fin el momento de fijarnos en su cine más allá de la verdad que transmiten sus personajes, redescubriendo sus películas como tales.
