La candidata ultra de Melcior Comes a la Casa Gran
Literatura
El escritor mallorquín Melcior Comes narra las desventuras éticas de un publicista en ‘El hombre que vendió el mundo’
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Comas, delante de la librería La Memòria, en la plaza Vila de Gràcia

Simó Diarte, publicista, trabaja para una multinacional que le pide alimentar de ideas la campaña de una candidatura populista al Ayuntamiento de Barcelona. Diarte es el protagonista de la última novela de Melcior Comes (Sa Pobla, 1980), L’home que va vendre el món (Proa) –candidata al premio Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any–, que podría describir una ciudad muy parecida a la actual si no fuera por detalles como que hay canales navegables y mucha gente sale a la calle con máscaras de animales para no ser identificados por las cámaras.
“Es como si esta ambientación la hubiera soñado y pensé que era muy adecuado para el clima de la novela, porque pone al lector en un equívoco mental que lo sitúa en la estela del propio protagonista. Si te adaptas a la mentalidad del libro, haces tuya la mentalidad del personaje de una manera nueva, en que se hace muy difícil distinguir lo real y lo ficticio, que de hecho es lo que ya nos pasa a todos. Escribí la novela hace unos meses, pero en el último medio año esta realidad ficticia aún se ha hecho más sofisticada y más precisa”, explica el escritor mallorquín, que insiste en que “por eso tenía que alterar un poco la realidad, los canales son como una caricatura de la turistificación, la masificación y la venta de la ciudad para que venga absolutamente todo el mundo cuando no necesita que venga más gente”. Para enriquecerlo, dentro del agua hay hasta peces mecánicos, con leds, “que así no ensucian y brillan, porque en el fondo solo se buscan cosas que queden bien en la foto, en la red”.
La novela arranca como un thriller nebuloso cuando Diarte vislumbra un cadáver en el maletero de un coche de la candidatura durante un acto de campaña: “Es un Cluedo, un pequeño enigma que se va haciendo grande, porque al principio ni sabe si lo ha visto o no”. Y para encontrar respuestas compra el diario digital de un amigo –Pol Micó, que ya salía en su novela anterior Tots els mecanismes–, de modo que “en el fondo, está financiando un medio crítico con su cliente, y eso lo pone entre la espada y la pared”.
La trama política es uno de los motivos del desencanto vital de Diarte, que lleva “una especie de consultoría poético-simbólica, él dice que es un antropólogo del consumo. Escribe informes, asesora también a los creativos publicitarios y a partir de sus grandes parámetros se hacen las campañas”. Y cuando le llega este “cliente especial encuentra que es una absoluta barbaridad y se siente dividido entre hacer un buen trabajo o intentar tener cierta ética”. La retórica de la candidatura populista a la que tiene que apoyar es, no hace falta ni decirlo, antiinmigración y contra el establishment: “La clase política, ya lo veis, es la que nos ha llevado hasta aquí. Ya es hora de que la gente de verdad, los votantes a los que me dirijo en primer lugar, espabilemos”; o “estamos inventando una nueva política”; o “nosotros somos la Barcelona real y sabemos lo que queremos, no la anti-Barcelona tecnocrática que ahora menea la cola por los despachos (...) ¡Somos el deseo incontenible de la gente!”.
Comes hace “una caricatura de la turistificación y la masificación de la ciudad”, con canales venecianos
Su crisis vital y moral coincide con los 50 años, cuando “se siente en falso y tiene un punto de crisis creativa. Puede seguir haciendo comedia, pero no es comedia lo que quiere hacer, sino tener buenas ideas y hacer funcionar el mundo, pero claro, ya no sabe cómo lo tiene que hacer, porque está agotado, está seco”. El autor confiesa que también él se siente así “continuamente, como escritor, como padre, como profesor o como ciudadano, a menudo con sensación de desorientación, de falta de proyecto o de ilusión vital”.
Y en medio, “también trata de cómo los grandes constructores financian la campaña esperando que, si su candidata gana, habrá una transformación de Barcelona en clave urbanística que favorecerá contratos”. Una apuesta que otras constructoras, claro, hacen por otras candidaturas. Gane quien gane, alguien se aprovecha, como “una empresa de infraestructuras de dos hermanos, que tienen intereses en una y otra. Nunca hay nada puro, hay quien ficha en el blanco y el rojo al mismo tiempo”, refuerza Comes.

El libro también reflexiona sobre la sociedad del consumo, “sobre el funcionamiento del capitalismo, de la publicidad y de la cultura”, dice el escritor, que le hace decir a su protagonista que “la rebelión es el producto que tiene más futuro”, porque, explica Comes, “el capitalismo se alimenta fundamentalmente de la contracultura, y cuanto más contracultural y más anticapitalista es, más probable es que estés obedeciendo caminos culturales que favorezcan el capitalismo. Al capitalismo no le interesa que seas ordenado, sensato, conformista, lo que quiere es que pienses en cómo hay que romper, para abrir una necesidad y una sensibilidad nueva, abrir ventanas a la percepción y a la crítica que después se acaban aprovechando en forma de producto”. “Los jóvenes –continúa– están idiotizados en las redes, que en el fondo son muy conservadoras: aunque quieras creer que estás haciendo la rebelión, estás haciendo vídeos en el sofá. Además, esta falta de atención, este nerviosismo continuo, favorecen el ascenso de la ultraderecha y del populismo, y se podía novelar como funciona”.
El fracaso, de hecho, centra el ensayo en que está trabajando actualmente –para el que ganó una beca Finestres–, y arranca de la sensación que le quedó tras el periplo de Tots els mecanismes : “Es un libro hecho con mucho empuje y voluntad panorámica, donde eché toda la carne en el asador y nadie me ha dado la razón, nadie. El anterior, Sobre la terra impura, se había vendido bastante y había ganado el premio Crexells, y pensé que el país está preparado para novelas de esta envergadura y ambición, así que redoblaría la apuesta, pero quizá era un libro demasiado complejo, demasiado vasto o demasiado difícil de seguir, no lo sé. O quizá alguien dentro de treinta años dirá que era la hostia”. “Te lo intentas coger deportivamente, y de hecho la moral de los deportistas te enseña mucho, porque puedes perder tres domingos seguidos, pero al siguiente hay que volver... Y como autor eres lo que eres, tampoco cambiaré ahora”.
“Estamos inventando una nueva política”, dice la candidata populista a alcaldesa para la que trabaja el protagonista
En su nueva novela la escritura intenta ser “un tipo de texto que recuerde mucho la manera que tenemos hoy de comunicarnos”, con conversaciones superpuestas, sin que el interlocutor sea transparente y para “romper el punto de vista y la linealidad del relato”, intentando también que “sea muy leíble o accesible pero desde la cultura de ahora”. Lo hace sin pretender que sea una novedad, porque “estas técnicas ya las utilizaban escritores como Faulkner, Onetti o Vargas Llosa”, autor, este último, que considera “uno de los mejores novelistas que ha habido nunca. Aparte de sus vinculaciones políticas, es un gran escritor de quien se pueden aprender técnicas, temas o maneras de ordenar un texto”.

