Cultura

Los Crumb: violencia y cómics en familia

Un icono contracultural

De pequeño, Crumb ya dibujaba viñetas con sus hermanos; de mayor, con su mujer y su hija

Más allá de cómic, sexo y drogas: todo sobre Robert Crumb

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Robert Crumb y Aline Kominsky-Crumb

Robert Crumb y Aline Kominsky-Crumb

REDACCIÓN / Terceros

Si han visto la película Crumb, el documental de Terry Zwigoff, pueden caer en la tentación de ver poco más que un grupo de freaks, uno de los cuales destacó en el cómic. El biógrafo Dan Nadel tuvo claro, en cambio, que para explicar la vida del genial historietista en su libro tenía que profundizar en el árbol genealógico, pero desde otra perspectiva, ya que “hay una tendencia a centrarse demasiado en la familia a costa de entender la obra y quien es él, e intenté reenfocarlo”, asegura, añadiendo que en todo caso aquel filme les encanta, tanto a él como a Robert Crumb.

Evidentemente, Nadel habla de la familia e incluso dedica un capítulo a explicar los orígenes familiares del padre y de la madre antes de que Robert llegara al mundo, y más adelante se detiene a diseccionar una infancia marcada por unos padres que no se llevaban bien: la violencia en casa era habitual; el padre, Chuck, exmilitar, era muy estricto, y su madre, Bea, bebía y tomaba anfetaminas. La figura que más lo marcó, sin embargo, fue su hermano mayor, Charlie, quien de algún modo obligaba a sus hermanos a participar de su obsesión por los cómics, sobre todo Robert, con páginas y páginas trabajadas como si fueran profesionales, a menudo a cuatro manos. “Llegado el año 1952, Carol (que tenía once años), Charles (diez), Robert (ocho), Maxon (siete) y Sandra (seis) estaban creando sus propios tebeos”, escribe Nadel, que añade que Charlie insistía en que cada mes tenían que tener 20 páginas nuevas para un comic book. Ya de mayor, Robert incluso redibujaría y publicaría algunas de aquellas colaboraciones, en parte como homenaje.

De pequeños, Charlie Crumb hacía dibujar cómics a todos sus hermanos y les pedía veinte páginas cada mes

Charlie, con problemas mentales graves, se acabó suicidando en 1992, sin haber publicado nunca nada. Robert todavía le dedicaría en el 2004 una última historia, Paseando por las calles, en el número 15 de ZAP. Maxon, víctima también de trastornos mentales, sí publicó alguna historieta, y el reconocimiento posterior –y el de su hermano– le sirvió para vender algunas pinturas y dibujos, y en el 2001 publicó la novela Hardcore mother, aunque a menudo también pedía caridad en la calle. Las dos hermanas, en cambio, no se dedicaron nunca al arte.

Tras una primera boda con Dana –con quien tuvo un hijo, Jesse, que murió de accidente de coche el Fin de Año del 2017–, época en que Crumb se elevó profesionalmente y ella se ocupaba en buena medida de la parte empresarial, Robert se volvió a casar, ahora con la joven artista y pionera del cómic feminista Aline Kominsky (1948-2022), con quien mantendría una fértil relación familiar y también profesional: juntos publicaron numerosas historias sobre su vida, como Dirty Laundry Comics, en que también participó su hija Sophie, que publicaría en revistas de sus padres, como Weirdo o Wimmen’s Comix, o independientemente, Belly Button, y también toca el banjo como su padre, cerca del que vive actualmente en un pueblo del sur de Francia.

Francesc Bombí Vilaseca

Francesc Bombí Vilaseca

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Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)

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