Florence Knapp: “Dar nombre a un niño no es un gesto tan aleatorio como puede parecer”
Novedad editorial
La autora debuta en narrativa con 'Los nombres', una novela que reflexiona sobre cómo puede cambiar nuestra vida y personalidad en función de nuestra identidad

La escritora Florence Knapp

¿Alguna vez ha pensado qué hubiera sido de su vida si se llamara de otro modo? Si sus padres hubieran elegido un nombre para usted que nada tiene que ver con el que tiene ahora. Luke en vez de Juan o Milena en lugar de Marta. ¿Creen que su vida hubiera cambiado una pizca? Tal vez, podría haber sido el más popular del instituto o por el contrario haber sido víctima del acoso escolar. O, quien sabe si hubiera llegado a presidente de una multinacional o, incluso, del país. Florence Knapp lleva este dilema al extremo con su primera novela, Los nombres (Salamandra).
Cora es víctima de violencia de género. Su marido, Gordon Atikin, la trata mal no, lo siguiente. Es difícil que alguien la crea, pues es un respetado médico en su comunidad, y por ello apenas se esfuerza en denunciar. Pese a todo, ambos tienen un hijo. El embarazo, lejos de lo que Cora esperaba, pasa tranquilo, con pocas pelas y relativa calma. Por un momento, llega a pensar que esa paz se prolongará en el tiempo, que la violencia cesará para siempre. Pero, entonces, llega el momento de poner el nombre a su hijo. Gordon, decide el padre, autoritario como siempre. “Es la tradición familiar. Todos mis antepasados se llaman así”. Cora duda. ¿Será capaz de mirar con buenos ojos a su bebé si se llama igual que su maltratador?
No creo que existan decisiones pequeñas”
A partir de aquí, Knapp plantea tres historias: la de Gordon, la de Bear y la de Julian. Todos son la misma persona, pero se llaman distinto y, consecuencia de ello y siguiendo el juego de la autora, su vida cambia. Un planteamiento que recuerda un poco a aquella dinámica tan propia de los libros juveniles de los 90 e inicios de los 2000 de “elige tu propia aventura”, pues se desarrollan tres narrativas en paralelo. Esto resulta especialmente interesante porque para Cora, seguramente por su propia situación, sí que influyen los nombres, hasta el punto de que, depende de su decisión, podrían ocurrir dos cosas: entrar en una depresión profunda o sentirse liberada, si se anima a romper con la tradición.
“Dar nombre a un niño es una forma de darle la bienvenida e incluirlo en nuestro grupo, del que formamos parte nosotros. Y sí, aunque aquí lo lleve al extremo, pero creo que ese nombre, aunque se haya hecho de forma subconsciente, puede dar algunas pistas a veces, como su cultura, su religión, su procedencia, los gustos de sus padres… No es un gesto tan aleatorio como se puede creer en un primer momento. Pero animo a ampliar al lector esta reflexión. No es solo una cuestión de nombres, sino de cualquier decisión que tomemos en la vida, que nos lleva por un camino u otro. No existen decisiones pequeñas, no creo en ellas”, señala la autora a Guyana Guardian a través de una videollamada, pocas semanas antes de que su libro llegue a las librerías españolas.
Estamos moldeados por fuerzas externas, pero confío que, cuando llegamos a adultos, podemos decidir y gritar al mundo quiénes somos”
Knapp no sabe bien de dónde viene su fascinación por los nombres. En un primer momento dice que cree que es algo “bastante universal”. Luego, se toma unos segundos en silencio y rectifica: “O puede que venga por mi propio nombre, Florence. Me encanta y no me lo cambiaría, pero cuando tenía seis años, mi familia se mudó a Australia y, no era por entonces un nombre común. Entonces, te presentas delante de toda la clase y te sientes la rara. Tal vez con un nombre más común la bienvenida hubiera sido más fácil. Era una niña muy tímida y eso no ayudaba. Tal vez, si hubiera sido más extrovertida lo hubiera llevado de otro modo y mi nombre podría haber sido una extensión de mi personalidad, pero no fue así. En todo caso, no lo cambio”.
Pese al azar, presente tanto en la novela como en la vida misma, Knapp insiste en que “sí, estamos moldeadas por fuerzas externas y por factores que se nos escapan. Pero yo siempre confío que, pese a todo, cuando llegamos a la edad adulta, podemos decidir y gritar al mundo quiénes somos. Incluso, aunque nazcamos sin privilegios”. Eso sí, asegura: “No creo que este sea un libro político. Creo que,cuando escribo, nunca lo hago para intentar transmitir un mensaje a los demás. Escribo porque algo ha tenido una resonancia emocional en mí”.
Si bien este es su debut narrativo, Knapp hace ya tiempo que se dio a conocer en Reino Unido, pero en un terreno muy distinto, el de las manualidades y las costuras, gracias a su blog Flossie Teacakes. Sin embargo, hacía años que la idea de escribir le rondaba la cabeza, aunque esperaba el momento indicado y una historia que la convenciera. Y parece que la trama no solo le ha persuadido a ella misma, pues la crítica anglosajona está igualmente encantada, convirtiéndose en uno de los debuts más aclamados en Reino Unido de la pasada primavera.