Cultura

Escasez y dignidad

Crítica de arquitectura

Marina Huget y Andy Peñuelas (MH.AP Studio) ganaron el concurso para un equipamiento junto al campo municipal de fútbol de Ripoll

El planteamiento del proyecto parte de la voluntad de servicio, la escasez de recursos y el deseo de superarla con dignidad arquitectónica

El planteamiento del proyecto parte de la voluntad de servicio, la escasez de recursos y el deseo de superarla con dignidad arquitectónica

REDACCIÓN / Terceros

¿En qué se parecen una catedral gótica, el palacio de un príncipe del Golfo Pérsico y el chalet de un futbolista famoso? En nada relativo a su diseño, ciertamente, pero sí en su condición de proyectos arquitectónicos ostentosos, construidos sin reparar en gastos. ¿En qué se parecen dichas obras a la que motiva esta nota? En nada, salvo en que es exactamente lo contrario en términos de espectacularidad y recursos derrochados. Y, sin embargo, no por ello deja de ser un buen ejercicio arquitectónico. Así lo entendió el COAC Girona, que le concedió su premio de arquitectura, ex aequo con la restauración de un molino del siglo XVII en La Bisbal, firmada por CMV Architects y Lluís Escarmís.

Marina Huget y Andy Peñuelas (MH.AP Studio) ganaron el concurso para este equipamiento junto al campo municipal de fútbol de Ripoll con treinta y pocos años, asociados a Sergi Serrat, que fue su profesor y es autor de las apreciables Viviendas para tercera edad de Can Travi, en Barcelona. Su planteamiento al proyectar partió de tres premisas: la voluntad de servicio, la escasez de recursos y el deseo de superarla con dignidad arquitectónica.

El COAC Girona le concedió su premio de arquitectura ex aequo

Eso significó ser útil sin avasallar otras construcciones preexistentes alrededor del campo, reducir a mínimos el diseño, apostar por un sistema de doce módulos rectangulares de 6 por 6 metros, y proponer una construcción longitudinal, dividida en dos bloques, uno con techo a dos aguas y la otro con techo a un agua, dedicados respectivamente a vestuarios y a espacio polivalente (ahora ocupado por cuatro mesas de ping-pong). La edificaron con cerramientos de ladrillo revestidos de losetas (también empleadas como pavimento), que junto a una estructura de madera sostienen el techo de chapa metálica, cuyos aleros protegen de la lluvia el perímetro de la obra.

El resultado es una volumetría discreta e incluso previsible. Pero sería injusto quedarse ahí, porque esconde esfuerzos derivados de la falta de recursos y del buen hacer de los autores para superarla: desde una estructura calculada al límite para reducir cantos y costes (pero bien sujeta con tensores) hasta el aprovechamiento de la caldera de una piscina vecina para generar calor. Todo ello, en una obra de 710 metros cuadrados con un presupuesto de ejecución de contrata de 660.000 euros.

MH.AP presentaron su proyecto a concurso bajo el lema Esperant a la banqueta, aludiendo a su posición de la obra junto a un campo de fútbol, y quizás también a su edad, en la que uno desea saltar al césped y empezar a jugar. Eso es lo que han hecho en Ripoll, atentos a las pautas que dan título a este artículo.

Etiquetas