Cultura

“He intentado entender los clásicos no con mi cerebro sino con mi cuerpo”

Tras los pasos de Filípides

La helenista Andrea Marcolongo preparó una maratón para escribir El arte de correr

La ensayista, en una imagen reciente

La ensayista, en una imagen reciente

© Pablo Lorente / Otras Fuentes

Andrea Marcolongo (Milán, 1987) es licenciada en Letras Clásicas. Cosechó un gran éxito con La lengua de los dioses, un tratado en el que convertía aquella asignatura hueso en algo divertido, y recientemente ha publicado El arte de correr ( Taurus), en el que disecciona cómo una helenista (ella) se enfrenta al reto de convertirse en Filípides, el primer tipo que en el año 490 a.C. –según la tesis más aceptada– corrió sin parar unos 40 kilómetros entre Maratón y Atenas para avisar a los espartanos del desembarco de los persas.

En 1908, la distancia de la carrera así llamada se situó en 42.195 metros porque en los Juegos Olímpicos de Londres se alargó 2.195 metros para que comenzara en el castillo de Windsor y la nobleza británica gozara del espectáculo.

¿Era “inevitable” que una experta en Grecia acabara corriendo?

Fue una evolución natural, pero empezar a correr creo que ha sido una de las sorpresas más inesperadas de mi vida. Y el libro nace justamente de esta paradoja. He pasado mi vida sentada, en mi despacho estudiando los clásicos, la lengua griega, la latina… yo creía que lo hay que entrenar es el cerebro y no las piernas. Así que nunca me había interesado el deporte, ni como espectadora.

Y va y prepara el maratón para escribir un libro…

Este libro nace también de las ganas de entender por qué hoy todo el mundo corre. Cuando descubrí la carrera como ejercicio intelectual quise volver a los clásicos: sabemos que los griegos fueron grandes deportistas e inventaron las olimpiadas. Me pareció que intentar entender por qué corremos todos ha sido otra manera de ser clasicista. He intentado entender los clásicos con mi cuerpo.

¿Por eso empezó a correr?

Al final fue una idea de mi editor francés, que me dijo: si quieres escribir un libro sobre esto, ¿por qué no intentas correr un maratón? Para mí era algo imposible entonces. Decidí preparar el original.

¿Y cómo fue?

Un momento del maratón de Barcelona de 2025 
Un momento del maratón de Barcelona de 2025 Felix Sanchez - @fotorunners.es

El recorrido moderno no es tan bonito porque Atenas ha evolucionado muchísimo y es como correr en las afueras de Madrid o de Barcelona. No tiene nada de mitológico.

¿Por qué corremos?

Me lo sigo preguntando cada vez que lo hago. No es por escapar de una guerra ni para desplazarnos, pero cada día millones de personas corren, de madrugada, de día, de noche, con frío, lluvia o calor. No sé la respuesta.

En su libro dice una gran frase: “Corro porque tengo miedo de morir”.

Este libro es una manera de entender mejor la época contemporánea volviendo a los clásicos. La griega es una civilización fundada en la idea del heroísmo. La necesidad de cada hombre y cada mujer de dar lo mejor en la batalla o en la vida. No solo ser el mejor, era una aplicación moral para cualquiera. De ahí que inventen la competición, el deporte, las olimpiadas, pero también el teatro, la tragedia o la comedia se jugaban en competiciones.

¿Qué dice su cerebro ante el ­esfuerzo?

Hoy todos los corredores hablan de bienestar, pero hay muchas otras actividades muy agradables como ir al museo, tomar una copa de vino, hacer el amor… muchas cosas dan placer, pero yo quise entender de dónde viene el del correr. Y me di cuenta de que es más un bienestar espiritual. Puede parecer una paradoja porque corremos con las piernas, pero es espiritual, casi intelectual. Nos sentimos plenamente vivos. Nuestro corazón late más rápido, nuestras células están llenas de vida, y corriendo parece que durante unos minutos podemos escapar de la muerte. Nunca me siento tan viva y al mismo tiempo tan mortal como cuando corro.

¿Qué tiene el correr que hace tan felices a unas personas y tan infelices a otras?

Puedo dar mi versión: casi nunca tengo ganas de salir a correr. Pero no me hago preguntas. Creo que les pasa a muchísimos corredores.

¿Sufre?

Algunos días, muchísimo. Otros, menos. Yo no soy una deportista, así que para mí sigue siendo duro. El placer es cuando paro. Nunca al acabar estaba mejor que al salir. No sé por qué este deporte hace felices a unos e infelices a otros.

¿Porque cada cuerpo tiene un límite?

La mayoría de las marcas nos hacen creer que no existen, que con un poquito de esfuerzo y un par de zapatillas muy caras todo el mundo puede correr maratones, pero no estoy de acuerdo. La carrera me ha enseñado que los límites existen, sobre todo los físicos. Con inteligencia artificial podemos parecer más inteligentes o cultivados, pero las piernas no se pueden cambiar. La aceptación del límite, la edad y el cuerpo ha sido una lección muy interesante.

Seguramente es el deporte más fácil de practicar, pero también se ha sofisticado y ha creado una enorme industria.

Pero no hace falta casi nada. En París algunos corren descalzos, defienden que es mejor. Lo único imprescindible son las piernas y una calle debajo de tu casa. Podría ser el deporte más democrático del mundo. La parte que menos me gusta es la industria. Me dan casi vergüenza esas tiendas con zapatillas carísimas para intentar correr un poco más rápido… También los maratones se han convertido en una moda, generan largos viajes para correr no sé dónde… con los valores opuestos a los del mundo griego.

La Atenea Varvakeion, copia de Atenea Pártenos en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas 
La Atenea Varvakeion, copia de Atenea Pártenos en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas Archivo

¿Corriendo se gana siempre?

Las carreras sólo las gana uno. Millones de corredores saben que nunca van a ganar un maratón, los ganan una decena de corredores profesionales. Esa es otra paradoja: todos hacemos el mismo recorrido. El juez son los límites de cada uno, y los conoce uno mismo: tengo que mejorar, he mejorado, no soy capaz. Eso también habla mucho sobre nosotros mismos.

¿Correr es antisocial?

A mi me permite aislarme. Se corre solo siempre, incluso cuando se sale con gente. Es el contrario de un deporte de equipo. También te conecta con el mundo, te obliga a tener algo de tiempo.También es una manera diferente de descubrir sitios cuando voy de viaje.

¿Qué mito griego le gustaría haber sido?

Es una pregunta difícil. No es que tenga uno favorito, pero me encanta desde niña el mito de Atenea, la diosa de Atenas. Una mujer reconocida por su sabiduría y su capacidad de ver más allá de las apariencias. Una mujer soltera, fuerte y guerrera. Pero también pienso a menudo en la Odisea , en el viaje de Ulises. Tuve la suerte de recorrer ese viaje para un documental francés hace unos años. Más que elegir uno, lo que me gusta más de la mitología griega es justamente esta capacidad de buscar un mito para cualquier cosa. No es una religión, es una historia que daba sentido a la vida. Un sentido más denso, y que hacía imposible sentirse solo. Siempre había una historia acompañándote. Y creo que esto dio muchísimo poder al relato. Esta fue la gran fuerza de la civilización griega.

Ignacio Orovio Monreal

Ignacio Orovio Monreal

Periodista

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Redactor jefe de A Fondo. Antes, en Cultura, Política y responsable de tribunales en Barcelona y Madrid. Entre 2005-2007 cubrió el proceso de paz con ETA. Contacto: [email protected]

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