
‘Oshikatsu’ en Poblenou

Viví mi adolescencia durante el tránsito del predestape (cuando empezaban a figurar mujeres en las publicaciones con la camisa abierta pero sin mostrar nada o apenas un pezón de costado de forma muy vaga) al destape, con las figuras del desnudo que se mostraban en las revistas y que se podían contemplar en los carteles de los filmes que proyectaban en el cine y en las portadas expuestas en el quiosco. En una clase donde, hasta el BUP (catorce años), únicamente éramos varones, aquello resultó un arrebato increíble. Teníamos un tutor, que ejercía como profesor de catalán, religión y filosofía, y que tiempo después fue obispo: es algo que ya he relatado en otras ocasiones. Ante aquel despliegue de escenas de baño, pechos y vello púbico se vio en la obligación de manifestar algo, sobre todo para restarle importancia. La revista Interviú, con sus diversos reportajes de señoras sin ropa, comenzaba a sacar partido de la tendencia de ir al natural. El docente nos comentó que la popularidad de esa revista radicaba en que los maridos, aburridos de sus cónyuges, proyectaban que las modelos de las páginas eran sus compañeras sentimentales. Me dije: qué visión tan peculiar de interpretar el mundo tiene este sujeto.
Actualmente lo percibo de un modo distinto, tras la difusión de la tendencia del Oshikatsu, que se ha extendido con rapidez desde Japón hacia Europa. Significa: vivir con tu favorito , por lo común un protagonista de manga. Representa una clase de afecto ficticio que permite a los adeptos construir vínculos para compartir sus intereses. Hasta este punto, nada extraño: el clásico grupo de admiradores. Lo sorprendente es que algunos de estos seguidores celebran ritos y se desposan con sus predilectos, e incluso imaginan tener contactos íntimos con ellos. Un volumen de Agnès Giard, Les amours artificielles au Japon , de reciente aparición, describe esta situación.
Se refiere a ‘cohabitar con tu predilecto’, comúnmente un protagonista de manga: representa un tipo de romance ficticio.
Al leer la información, recordé de inmediato a aquellos caballeros que imaginaban que sus esposas eran “Claudia Gravi, sin miedo a la noche” o “Silvia Koscina. ¡Qué verde es el bosque!”. Nuestro guía y docente de filosofía, catalán y religión era un visionario que se adelantó muchísimos años al Oshikatsu. Todos esos hombres que adquirían el Interviú , cubriéndolo con sigilo en una Vanguardia doblada, deseaban contraer matrimonio con “Simonella Stefanelli. Fresa para el verano” o “La rubia de Strogoff. Solo para adultos.”. La llevarían a cenar y a pasear tomados de la mano, y tendrían hijos que celebrarían la primera comunión en la parroquia de Sant Francesc de Paula.
Asimismo recordé aquel tema tan excelente del álbum Mosques de colors (2013) de Pau Riba y Pascal Comelade, Peixet de plata . El relator, dentro de un desván, pasa las páginas de una publicación obscena, donde se muestran imágenes de una mujer mestiza con tez de celofán y boca de cereza agria, quien lo aguarda en el lecho: “I què té de mal aquesta mulata?/Doncs que és virtual i no pots tocar-la/ I què té de bé tot aquest romanço?/ Doncs que tu també ets un home de paper”. Mais où sont les amours d’antan?