Cultura

Mikel Erentxun, cuarenta gaviotas (★★★✩✩)

Crítica de pop rock

Feliz celebración de un repertorio que con sus décadas a cuestas no deja de ser impresionante

Mikel Erentxun, durante el concierto por el 40 aniversario de Duncan Dhu en el Palau de la Música

Mikel Erentxun, durante el concierto por el 40 aniversario de Duncan Dhu en el Palau de la Música

CARLOTA FIGUERAS // Banco Mediolanum Guitar Bcn

Mikel Erentxun

★★★✩✩

Lugar y fecha: Palau de la Música Catalana, Barcelona (15/I/2026)

A principios de 2025, Mikel Erentxun dejó en barbecho su carrera en solitario para emprender una gira con la que celebraba los cuarenta años de Duncan Dhu, la banda donostiarra que marcó una época en la crónica musical del Estado español, especialmente en la segunda mitad de los ochenta y los primeros noventa. El tour, llamado DD40, recaló con buena entrada la otra noche en el Palau de la Música, escribiendo una más que simpática jornada inaugural de la edición de este año del festival Guitar BCN. 

El ya sesentón Erentxun (voz, guitarras) compareció junto a su banda, integrada por Rubén Caballero (guitarra), Mikel Azpiroz (teclado), Fernando Neira (bajo) e Igor Telletxea (batería). El generoso repertorio, de 24 temas, revisitó el cancionero de Duncan Dhu dibujando un arco temporal que abarcaba desde los inicios de la historia del grupo hasta su final de trayecto ya en el siglo XXI, buscando cuando se terciaba nuevos ángulos sonoros.

El público, veterano también, se encandiló con las evoluciones de un Erentxun que, sin encontrarse tal vez en la mejor forma vocal, armó un estimulante crescendo culminado con En algún lugar. Hubo nostalgia, por supuesto, pero más que un revival al uso aquello fue la feliz celebración de un repertorio que con sus décadas a cuestas, y transitando a menudo por una estimulante senda rock-folk, no deja de ser impresionante. Una calle de París, interpretada a temprana hora, devino el primer subidón de un programa que voló alto con gemas del calibre de No puedo evitar (pensar en ti), Esos ojos negros, Jardín de rosas y, por supuesto, esas Cien gaviotas que no se sabe dónde van, pero ni falta que hace. 

Por añadidura, y más allá de estos grandes éxitos, nos las hubimos también con piezas que, si bien no fueron en su día grandes éxitos, poseen inigualables encantos. Baste citar, para poner solamente un par de ejemplos, la Rosa gris decorada con una espléndida coda instrumental, o la gran transmisión lograda por Mikel Erentxun a solas con la acústica en El río del silencio.

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