El Gobierno tratará de persuadir a Junts para la segunda votación de las pensiones
El dinero de los jubilados
Los posconvergentes su unieron a PP y Vox para tumbar el decreto ómnibus

Miriam Nogueras junto a Isidre Gavin en el patio del Congreso de los Diputados

El Gobierno volvió a comprobar ayer la volatilidad de la mayoría parlamentaria que permitió la investidura de Pedro Sánchez tras ver cómo el pleno del Congreso de los Diputados tumbó el decreto ómnibus con el llamado escudo social –que incluía la revalorización de las pensiones– con los votos en contra de PP, Vox y Junts.
El revolcón impidió al Ejecutivo convalidar a la primera una de las piezas clave de su agenda social para 2026. Pero, a diferencia de derrotas anteriores, no tuvo aroma de punto final. De hecho, el resultado en contra activó de inmediato una nueva negociación para convencer a los de Carles Puigdemont de que avalen en segunda ronda la mejora destinada a 13 millones de pensiones, aunque sea a costa de separar ese compromiso del resto de medidas del decreto, entre las que destacaban políticas sobre ocupaciones y la prórroga de la protección frente a desahucios.
El Ejecutivo logra sacar adelante la prórroga de las ayudas al transporte público
Una estrategia del PSOE –ligar la actualización de pensiones a medidas de vivienda– que los posconvergentes calificaron de “chantaje” y frente a la que no se amedrentaron, pese a quedar señalados por el resto de formaciones, principalmente por ERC que acusó a JxCat de “alinearse con los intereses de la patronal”.
En el Ejecutivo nadie oculta que la prioridad pasa ahora por desbloquear la situación cuanto antes. Con ese objetivo, el Gobierno movió ficha y aprobó en el Consejo de Ministros de ayer una dotación de 300 millones de euros para reforzar el seguro de impagos creado en diciembre que pretende compensar a propietarios de vivienda que no pueden desahuciar a inquilinos vulnerables. En paralelo, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, aprovechó el debate parlamentario para adelantar que el Ejecutivo trabaja en “nuevas fórmulas” de protección para incentivar que las viviendas vacías salgan al mercado. “Nuestro compromiso con los ciudadanos que alquilan no termina aquí; estamos estudiando fórmulas para ampliar este mecanismo de protección a los arrendadores. No hay excusas para dejar una vivienda vacía cuando en ella podría vivir una familia”, apostilló. Para Junts, esta dotación presupuestaria llegó “tarde”.
Esas medidas, combinadas con un ambiente menos bronco en los pasillos del Congreso, reforzaron la sensación de que aún hay margen para alcanzar un acuerdo en febrero si Moncloa reorganiza el contenido del decreto. Así lo dejó entrever la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, quien moduló su posicionamiento hasta deslizar que su grupo parlamentario no tendría problema en votar a favor de la revalorización de las pensiones “cuando se presente sin el chantaje de mantener las ocupaciones”.
Este choque político fue aprovechado por el resto de la oposición para asestarle una derrota parlamentaria al Gobierno. Tanto PP como Vox afearon al Gobierno por intentar colar con las pensiones un nuevo trato de favor a los ocupas a costa de los pequeños propietarios.
Desde las filas populares, su vicesecretario de Hacienda, Juan Bravo, acusó al Ejecutivo de ser “incapaz” de gobernar y de “faltar al respeto” a los ciudadanos mezclando materias en un decreto y utilizando a los pensionistas como “rehenes”.
El Gobierno compensó la derrota en materia de pensiones con una victoria en el decreto de ayudas al transporte público. El pleno convalidó la prórroga de las bonificaciones para todo 2026, con el apoyo de Junts y ERC y la abstención final del PP, un contraste que evidencia la geometría variable de una legislatura en la que cada votación se negocia al límite.
El escenario recuerda inevitablemente al del año pasado: un decreto social tumbado, tensiones con Junts y, pese a todo, un acuerdo posterior que permitió recomponer la mayoría. La diferencia ahora es que el tiempo apremia más y el coste político de no lograr un acuerdo sería mayor. Junts, aunque eleva el tono, deja entrever que la ruptura no es total.


