Marina Abramović: “Ver a mi madre en el escenario entregada al sexo me hace sentir mucho mejor”
Propuesta multidisciplinar
La estrella de la performance estrena en el Liceu 'Balkan Erotic Epic', en la que reinterpreta los rituales de los Balcanes y el erotismo como fuente de vida y de fertilidad

Marina Abramović, en una escena de 'Balkan Erotic Epic' durante su representación en Manchester

Bosques de cuya tierra brotan penes gigantes de cinco metros, mujeres que muestran su sexo al cielo en un intento por asustar a los dioses y detener la lluvia, embarazadas bañada en leche, esqueletos que se retuercen en una orgía, una joven introduciéndose un pescado en la vagina para crear una poción de amor o un novio que perforando agujeros en un puente para evitar la impotencia en la noche de bodas. A punto de cumplir ochenta años, Marina Abramović, que se llama a si misma “abuela de la performance”, tiene entre manos el que considera su proyecto más ambicioso hasta la fecha, Balkan Erotic Epic , una creación al mismo tiempo “sorprendente, perturbadora, dolorosa, melancólica, divertida y alegre”, en la que reinterpreta rituales de los Balcanes, su lugar de origen, donde el erotismo es fuente de vida, fertilidad y poder. O como señala el director artístico del Liceu, Víctor Garcia de Gomar, “el erotismo es el último puente entre lo humano y lo divino”.

Horas antes de su estreno en el Gran Teatre, el próximo sábado (hasta el día 30), Garcia de Gomar dice que “los ojos del mundo nos miran”, y Marina le daba la razón: “Es como que el mundo quiere ahora algo así”. El estreno de Balkan Erotic Epic, el pasado octubre en Manchester hizo correr ríos de tinta. Son cuatro horas de rituales, bodas, funerales, éxtasis y dolor divididas en trece escenas que en aquella ocasión se desarrollaban en otros tantos espacios de la monumental sala, permitiendo al espectador a deambular a su aire.
“Nuestra cultura asocia los cuerpos desnudos a la pornografía. Ya no sabemos mirarlos, sobre todo los de la mujer”
El teatro barcelonés, coproductor de la propuesta junto a otras seis instituciones culturales, es el segundo punto de la gira y el primero en acogerlo en su versión escénica, con las escenas sucediéndose una tras otra en el escenario y el público sentado en sus butacas, aunque podrá entrar y salir de la sala cuando quiera, con la única condición de no tomar fotografías (los móviles serán sellados en el interior de una funda a la entrada y únicamente podrán volver a utilizarse una vez abandonen cuatro horas después el recinto).

En Balkan Erotic Epic hay danza y música balcánica, performances, donde los intérpretes ponen sus cuerpos al límite de la resistencia, proyecciones videográficas, animación, elementos de ópera, sexo, muerte, bodas y cortejos fúnebres. Para la artista, una suerte de vuelta al “origen del mundo” (en alusión al célebre cuadro de Courbet y a su lugar de nacimiento en la antigua Yugoslavia). “Me ha costado toda una vida volver a los Balcanes, el lugar más doloroso de mi vida. Necesitaba una distancia, una sabiduría y una edad. Algunos de los rituales son tan explícitos sexualmente que he necesitado de la animación para poder representarlos. Hay muchos cuerpos desnudos, pero me he acercado a ellos de una manera poética. En nuestra cultura hay mucha confusión porque los asocia a la pornografía. Ya no sabemos mirar con los mismos ojos los cuerpos desnudos, sobre todo los de mujer. Pero no se trata de pornografía, “sino de humanidad” y de unos rituales que ella no inventa.

La obra comienza con un lamento fúnebre por el líder comunista yugoslavo Josep Broz Tito, que le cambió la vida, y en una pirueta que parece tener algo de terapéutico resucita la figura de su madre, para liberarla al sexo y la pasión, “algo que no pudo hacer en vida”. Controladora y violenta (“nunca me dio un beso” ha dicho esta mañana y, en su autobiografía confesó que a menudo la golpeaba), aparece en escena con uniforme comunista, contemplando las escenas con distancia hasta que se lanza a la bebida y comienza a bailar desnuda. “Que se entregue a la pasión e incluso acabe haciendo un trío es algo increíble. Cada vez que la veo en el escenario me encuentro mucho mejor”.

Marina Abramović, para la que es su segunda visita al Liceu tras 7 Deaths of Maria Calla s , pensaba limitarse a la concepción y dirección del proyecto, pero finalmente no se ha resistido a subir al escenario en un para de ocasiones. Primero aparece medio sonámbula en una especie de cantina donde puede pasar de todo “y la gente conecta con el sexo”. La otra, ya hacia el final, es mucho más nostálgico, “desde la memoria del dolor y el sufrimiento. En los Balcanes siempre sufrimos por algo, no somos felices cuando estamos en nuestro país y cuando estamos fuera tampoco. Nunca hay paz en nuestro corazón”, ríe, y antes de marcharsse recuerda que hace performances desde hace sesenta años y que no necesita probar nada, que se sorprendió que en Manchester no hubiera críticas negativas ante la nueva ola de puritanismo (“pensaba que sería el infierno”) y espera, con curiosidad, ver qué sucede aquí.