
Eve Babitz a granel
Buena noticia: Random House ha recuperado parte de la obra de Eve Babitz. Dos volúmenes: unas alucinadas y alucinantes memorias de juventud ( El otro Hollywood ) y una recopilación de artículos, crónicas y divagaciones ambientadas en la Los Ángeles de los años sesenta y setenta ( Yo era un encanto ). Y para completar este arsenal una doble biografía – Didion y Babitz , de Lili Anolik–, que disecciona la relación retráctil entre Joan Didion y Eve Babitz. Total: 1.230 páginas que les recomiendo leer siguiendo un índice de estímulos anárquico e intuitivo.

Devorados con avidez, los textos de Babitz explican que sea una referencia que conecta con las diversas irreverencias y angustias del presente. Una irreverencia que reivindica el tipo de independencia que a menudo se intenta asfixiar a base de consignas, sermones, neopuritanismos e intransigencias. En otras palabras: mucho sexo, mucha droga y mucho rock & roll. Babitz personifica el carisma y el exceso como una forma de expansión vital, social, sexual, viciosa y, por extensión, literaria. Tanto puede teorizar, con una naturalidad desacomplejada, sobre las ventajas de tener unas tetas espectaculares como describir, desde la participación, las fiestas de un Hollywood en el que la depravación y los afectos son compatibles con una frágil y autodestructiva fraternidad.
Babitz sabía que el arranque de un texto es la garantía para arrastrar al lector hasta el final
La doble biografía de Lili Anolik, ideal para coleccionistas de chismes y cotilleos, proporciona la información idónea para disfrutar todavía más de la obra –irregular en el mejor sentido del término– de Babitz y de su retroalimentación con Didion. Una retroalimentación marcada por emociones, dependencias, envidias, traiciones y lealtades que descubrimos a través de dos legados –el de Didion más influyente que el de Babitz– que han marcado el imaginario feminista moderno.
Vital, bocazas, irresponsable, probablemente insoportable, Babitz elige siempre el camino más temerario para explicar una realidad que, por acumulación, se acaba transformando en una forma de ficción. Precoz, cáustica, salvaje, Babitz es un ejemplo de hasta qué punto el arranque de un artículo o de un cuento es la garantía para, por las buenas o por las malas, arrastrar al lector hasta el final.
Tres ejemplos: en un artículo sobre James Dean, “Es peligroso llamar a alguien el nuevo James Dean, porque incluso al antiguo le resultó imposible serlo”; en un artículo sobre la mitificada época hippy, “Los sesenta fueron un baile que comenzó porque todo el mundo estaba harto de la rigidez de los cincuenta, un baile cada vez más salvaje que acabó por írsenos de las manos”; en un artículo sobre una de sus mascotas –no tuvo hijos–, “La gata que he tenido durante casi toda mi vida hasta la fecha se suicidó el verano pasado”.

