Lluís Llach: “A mi tata de 80 años y a mí nos enseñaron a buscar las bombas en los camerinos”
Barnasants
Lluís Llach rememora los conciertos del Palau d’Esports antes del homenaje a la música de la transición

Lluís Llach, este viernes durante su visita a la sede barcelonesa de la Sgae

Hubo una época, no hace tanto, en que ir a un concierto significaba jugarse una paliza, la cárcel, o algo peor. Años oscuros que comenzaron a morir en noviembre del 75 mientras otra sociedad comenzaba a florecer en conciertos como el que Lluís Llach celebró en enero de 1976 en el Palau d’Esports. La de Llach, junto a la actuación previa de Raimon y la posterior de Quico Pi de la Serra, configuran los tres grandes conciertos de la transición, tres veladas que han quedado grabadas para la historia musical y política, y que el festival Barnasants homenajeará en su inauguración con el concierto ‘Llach - Gener 1976’, donde una formación de músicos de varias generaciones interpretará íntegramente el mismo concierto que el cantautor de Verges dio en aquellos días convulsos, el primero en que no se le censuró ningún tema, y el primero en que la Catalunya del futuro pudo salir a cara descubierta.
Protagonista a su pesar de la actuación, Llach pasó este viernes por la sede barcelonesa de la Sgae para saludar a la banda, donde se encuentra su querido Manel Camp, pianista y arreglista de sus temas durante décadas, y con pose serena y tono hipnótico recordó aquellas tres noches que marcaron la apertura hacia la democracia.
¿Era consciente de la importancia de los conciertos en el Palau dels Esports?
Volvía de Francia y no conocía muy bien mi situación artística, pero me di cuenta de lo que pasaba cuando las entradas se vendieron tan rápido, y después gente muy fuerte del mundo intelectual me habló de la importancia del concierto. A medida que se acercaba el día me daba cuenta de que en el fondo era una excusa cultural para un acto político, y a mí ya me fue bien, porque había luchado contra el franquismo desde que entré en los Setze Jutges. Entendí que venía toda la clase política, aquello me sobrepasaba a mí, e intenté ponerme al servicio.
Fue un punto de encuentro transversal.
Pese a que yo era anarcomarxista, por decirlo de alguna manera, quien organizaba el concierto era un señor muy conspicuo de la sociedad barcelonesa, Oriol Regàs. El hecho de que aquel señor se jugara los cuartos y permisos, porque tenía sus intereses legítimos, me buscara un piso para quelos de derechas no me encontraran y fuese a discutir con el gobierno, me hizo ver que era muy transversal.
Aquellas tres noches marcaron un punto de inflexión.
Era un acto entre comillas religioso, encendían velas pero eran por la democracia, no por Lluís Llach. Y nos encontramos con sorpresas porque los grises hicieron una represión muy fuerte en la entrada, mirando bolsas, pero había una práctica de años de lucha antifranquista, y una mujer se enfajó una bandera de 25 metros, además de miles de banderas que pudieron verse. Había mucha tensión porque la ultraderecha estaba vigente y vengativa, el primer día hubo amenaza de bomba y después cada día. Vino la policía y a la gente de confianza, a mi tata de 80 años y a mí, nos enseñaron a buscar las bombas en los camerinos, y yo fui buscándolas en cada recital. Esto ahora lo explicas y parece un cuento de hadas porque era muy bonito y divertido, y lo vivíamos así; si estalla, ¡que estalle!
Asistió toda la clase política…
…Que hasta entonces era inexistente, porque no habían salido nunca a manifestarse de una manera pública. Los pusimos a sabiendas en las primeras filas porque estaban Pujol, Raventós, Benet, Aurèlia Campmany, Xirinacs no fue porque estaba en Entença [protestando delante de la cárcel Modelo]. Me escribieron Brossa, Espriu, Pere IV, todos diciendo “estamos contigo”. Fue muy especial, lo que pasa es que después lo vives como un concierto normal de alguien de 27 años que se pregunta qué hago, cuándo salgo, y en un momento determinado entra la policía y se tienen que apagar las luces.
No faltaron los sustos.
Iba entrenado porque llevaba 8 años cantando con censura, desde el 67 hasta el 75, con represión, persecución. Me entraron en la Farándula de Sabadell a lo bestia, con gente que casi salta del primer piso para huir. Lo mejor es que cuando acabábamos la gente que gritaba libertad y amnistía iba en procesión a hacer compañía a Xirinacs, era un momento de una olla a presión que estaba estallando.
Había la esperanza de que la muerte reciente de Franco sirviera para algo.
Teníamos la esperanza de que sí, también es justo decir que cuando el franquismo lo permite es porque pensaron que era conveniente permitirlo, aquí nadie es inocente. Pero había una gran confusión, normativamente cuando se hacían recitales pedías permiso al Gobierno Civil, la Guardia Civil y la censura. Nosotros teníamos todos los permisos y la censura ya no existía, pero la normativa decía que el Gobierno Civil no se pasaba sin censura. Entonces una chica muy guapa, que se llama Nuria, se inventó un tampón de censura totalmente falso y lo presentó así. Y como supongo que los guardias civiles y policías también tenían ganas de sacarse aquello de encima, ¡pasó! El franquismo lo tenía todo en su sitio, pero la explosión pasó en aquel momento.
Esta explosión se esparció a los conciertos de Raimon y Quico Pi de la Serra, también en el Palau dels Esports y con poco tiempo de diferencia
Raimon y Pi de la Serra también llenaron y tuvieron éxito, pero este tuvo más renombre por lo que sea, quizás por el éxito del disco.
En el 75 publicó Viatge a Ítaca, con un papel importante de Manel Camp y Santi Arisa.
Cuando Manel y yo nos conocimos me entusiasmaba la música moderna. Dicen que los tres primeros Minimoogs que llegaron a Barcelona fueron para Manel Camp, Lluís Llach y Kitflus. Con Manel coincidía mucho porque nos gustaba mucho el jazz, el rock, tenían el grupo Fusioon junto a Santi y esa música me entusiasmaba. Tuvimos complicidad porque teníamos que entrar en lo que podría ser un arreglo clásico, pero intentábamos hacer algo que en aquel momento era casi inédito, mi casa de discos no lo quería hacer. Cuando teníamos la orquesta y las baterías grabadas las pasábamos por los onduladores del Minimoog para que hicieran cosas raras.
El del martes será el primer concierto íntegro de sus canciones pero sin usted ¿Cómo se lo toma?
La primera sensación es incómoda, porque sufriré, aunque tengo la libertad de decir “no eres tú, es la versión de 50 años después”. Pero tienen que ser versiones de verdad, aunque los arreglos se asemejen bastante tienen que cantar voces de ahora y a la manera de ahora. Están las 3 generaciones, Borja Penalba es un cantautor excepcional, Gemma Humet es talento musical, y Joan Reig tiene temple, y lo quiero escuchar porque se lo merece.
¿Este concierto es la certificación que su música se ha independentitzado definitivamente de usted?
Nunca me he sentido dependiente de mi música, lo he dicho toda la vida aunque nadie me ha creído. Yo no vivía para hacer música, es evidente que me ha hecho más feliz y me ha ayudado sobre todo a vivir de una manera muy especial, no sé si mejor porque con esto soy muy ambicioso. Pero he podido conocer mucha gente y muy guapa, que te presenten al mejor filósofo del mundo, al poeta que admiras o incluso a Mastroiani son privilegios, y también mamas cultura aunque no quieras.

Pero la música no lo era todo.
No viví nunca para la música, y en un momento determinado me pregunté “¿puedes vivir toda la vida haciendo música?” Y dije no porque quería conocer otros horizontes, y además porque es una estupidez. Como he colaborado con mucha gente del teatro siempre he pensado mi vida en tres actos, y a partir de los 60 me había colocado en el tercero, cuando Shakespeare mata a todo el mundo.
El acto final.
Pensé que vendría una época complicada, había sido siempre como la máquina del tren y ahora quería vivir de otro modo, ser más introspectivo. Fue cuando me fui al Senegal para no ser nadie, y fui muy, muy, muy feliz... Hasta el año 2015, cuando entré en Junts pel Sí. Esto no quiere decir que con JxSi no fuera feliz, lo hice porque me hacía feliz hacer la independencia, y ahora estoy en la ANC porque pienso que es donde tengo que estar y también me hace feliz.
¿Ha dejado del todo la música?
Tengo tres pianos en casa pero casi nunca me pongo. Soy capaz de hacer melodías, las que quiera, pero creo que un cantautor no puede tener perspectivas de enseñar un abanico humanístico de su interior si no es creativo, si no tiene un punch de creatividad que lo mantenga intranquilo, Yo he sido siempre una persona intranquila, y esto lo pude mantener hasta Porrera mon con Miquel Martí y Pol, y después de otro forma con Germanies también con Miquel Martí y Pol, pese a que fue un encargo.
Después me fui acercando a los 60, estaba muy tranquilo y fui perdiendo esta angustia. Con el tiempo uno aprende a hacer melodías, pero no quería hacer de mi música un oficio, había sido una pasión extraordinaria y ahora me apasionaría por otra cosa, que era vivir, ser más observador y no hacer de máquina de tren. Pero después me equivoqué, he fracasado en mi proyecto porque he vuelto a ser máquina de tren de Junts pel Sí y todo esto.
Este tercer acto no ha salido cómo quería.
Lo llevo bien, hago lo que quiero hacer pero no es lo que había previsto.
Exposición, gira y documental
El éxito del concierto 'Llach - Gener 76', que agotó rápidamente las entradas para los dos conciertos, ha propiciado la celebración de una pequeña gira con el por ahora recorrerá seis ciudades: Viladecans, Cocentaina, Calella, Vic, Manresa y Reus. Al igual que en los conciertos del Palau, se repetirá íntegramente la actuación original de Llach incluyendo los temas distintos que tocó en cada concierto, así como la versión íntegra de 'Viatge a Ítaca', de 15 minutos. El proyecto para celebrar los tres conciertos de la transición contará también con su propia exposición, de la que podrá verse una parte durante los días de concierto en el Palau de la Música, ubicada en la sala Millet. Por otra parte, se está elaborando un documental sobre los conciertos que llevaron a cabo Llach, Raimon y Pi de la Serra. Este filme, dirigido por Jordi Rovira y Plàcid Garcia Planas, contará con imágenes y grabaciones de la época para recorrer el momento histórico en que se celebraron las actuaciones, desde los últimos fusilamientos del franquismo a la amnistía.

