Cultura

Acordes en Barcelona a favor de la esperanza en Gaza.

Escenaris

Rosalía apareció de manera inesperada en la gala de Act for Palestine acompañada por Oques Grasses o Bad Gyal.

Rosalía, durante su interpretación de La perla en el concierto Act for Palestine

Rosalía, mientras interpretaba La perla en el recital Act for Palestine

Ana Jiménez / Propias

Previo a que Dios entregara el Corán a Mahoma, con anterioridad a la redacción de la Biblia e incluso antes de la invención de la escritura, ya prosperaban los olivos, ejemplares ancestrales que vinculan cada ribera del Mediterráneo y sus diversas civilizaciones. Emblema de la concordia, una pareja de estos árboles custodiaba ayer la tarima del Palau Sant Jordi, transformado en el ágora compartida por casi todas las naciones costeras del Mare Nostrum para demostrar que el evento previsto involucraba a cada una de ellas.

La concordia, la unión y, primordialmente, el rechazo al exterminio y el resguardo de la identidad de Palestina resultaron los conceptos predominantes en las tres horas del evento gestionado por Act for Palestine, imbuido de un profundo sentido político. Consistió en una exhibición dividida en partes que agrupó a figuras de gran parte del ámbito sonoro –con una relevante intervención catalana– para captar capital en favor de la cultura de Palestina y otorgar visibilidad a las voces de Palestina para manifestar su contexto, demandando una Palestina “del Jordán hasta
el mar” y pedir el boicot a Israel­.

El extenso elenco de músicos previamente anunciado, que incluía a Bad Gyal, Lluís Llach, Amaia, Morad, Oques Grasses o Fermín Muguruza, incorporó la presencia de Rosalía, quien ante la sorpresa de todos cantó La perla, manifestando así su respaldo al cese de las hostilidades. Aquello ratificó la naturaleza coral del evento, compuesto por una extensa introducción y tres bloques enfocados inicialmente en el Mediterráneo, para luego abordar la realidad contemporánea marcada por la persistente y sedante influencia de los conflictos bélicos en las plataformas digitales. Finalmente, se destacó el poder de la ciudadanía para transformar la situación y el anhelo de un porvenir más próspero.

La banda gazatí Sol Band animó el Sant Jordi mientras se completaba el aforo con personas de todas las edades, algunas de ellas vistiendo la kufiya, el emblemático pañuelo palestino, y banderas palestinas que se ofrecían a
7 euros a la entrada.

Rosalía estrenó ‘La perla’ en vivo acompañada por un quinteto flamenco y consiguió la gran aclamación de la velada.

“Bona nit, salam aleikum”, señaló Pep Guardiola, actuando como presentador —ataviado con una kufiya— antes de ceder el turno al bloque musical con la magnífica voz que la intérprete pop palestina Lina Makoul exhibió en On mute, un emotivo lamento sin texto para inaugurar una función que tuvo el respaldo de una orquesta de nueve músicos comandada por el ex Stay Homas Klaus Stroink, que brindó acompañamiento durante el transcurso de la noche.

“Free, free Palestine”, exclamó un Sant Jordi abarrotado —con banderas palestinas, lógicamente, igual que la composición que transformó el Palau en una gran reivindicación al terminar la velada— tras el discurso de Makoul abogando por la cultura y el cese de las guerras mundiales. Aquella fue la primera de las numerosas consignas emitidas durante la jornada, tal como el “Fuck ICE” que mostraba en su prenda la artista Ana Tijoux al interpretar Somos sur con Makoul. Fermín Muguruza continuó la sesión con Yallah Ramallah para mantener el ambiente de celebración y protesta entre proyecciones sobre el pasado de la ocupación palestina, en una alternancia que subió a las tablas a los tuareg Tinariwen, broche final de las melodías árabes, o a La Fura dels Baus, que aisló herméticamente a uno de sus integrantes para realizar una actuación unipersonal.

Se hizo mención al Torre Pacheco y al instituto B9 de Badalona (más tarde se vincularon los desalojos en Catalunya con los acontecimientos en Palestina) antes de que Amaia ejecutara al piano N adie podría hacerlo y Tengo un pensamiento , seguida por las voces de miles de asistentes. El anterior miembro de Obrint Pas Xavi Sarrià formó dúo con la siria Salma Alhakam, mientras que Mushkaa se mostró en silla de ruedas junto a Guillem Gisbert para realizar Cumbia amb el ­Guillem.

“El espíritu de los palestinos no se ha roto ni siquiera en medio de un genocidio”, declaró la palestina Zeyne en el transcurso de su actuación de pop árabe, que resultó ser de las más festejadas de la jornada. Aunque no llegó a la altura de Rosalía, que se presentó después de la francesa Zaho de Sagazan y la noruega Aurora Asknes. “Hoy especialmente es un honor subir a este escenario”, manifestó en catalán la de Sant Esteve Sesrovires, vitoreada de forma única, y que dio la sensación de omitir por un momento el texto de La perla, cantada junto a un quinteto de cantaoras, guitarra y percusión.

La armonía, la colectividad, la condena del genocidio y la protección de la identidad conformaron los ejes del recital.

No se quedaron atrás figuras como Bad Gyal, que apareció en escena con un gesto alegre para entonar Así soy al lado de Morad, quien sostuvo una bandera palestina mientras cantaba Soñar, seguida por Clara Peya, que utilizó su piano para protestar contra la utilización de herramientas de vigilancia de Israel, como Pegasus, y dio paso al hijo de Marwan Barghouti, el cautivo palestino con mayor antigüedad en Israel, al que la audiencia saludó con una ovación cerrada de pie.

Hacia el desenlace, Lluís Llach, quien interpretó Abril 74 junto a Gemma Humet, y Oques Grasses, mediante La gent que estimo, encabezaron el cierre de una velada donde quedó claro que, tal como ocurrió durante la guerra de Yugoslavia o ante la crisis migratoria del Mediterráneo, Barcelona se ha posicionado.

Sergio Lozano Torres

Sergio Lozano Torres

Periodista

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