Álvaro Tato y Yayo Cáceres reelaboran la tragedia de Edipo y su familia en 'Tebanas'
Teatro de la Abadía
Dramaturgo y director actualizan en un solo espectáculo diferentes obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides

Un momento del acto cómico introducido por Álvaro Tato y Yayo Cáceres en la representación de 'Tebanas'

“La comedia es tragedia más tiempo”. Esta fórmula, que se atribuye a Woody Allen, es la que, dos mil quinientos años después de que Esquilo, Sófocles y Eurípides escribieran sus obras, el dramaturgo Álvaro Tato y el director Yayo Cáceres parecen haber tenido muy presente al idear Tebanas, el espectáculo que desde el pasado 22 de enero y hasta el próximo 15 de febrero puede verse en el Teatro de la Abadía.
A partir de los textos de los tres grandes clásicos de la tragedia griega, Tato y Cáceres han reelaborado la historia de Edipo y la familia real de Tebas para acercarla hasta nuestros días, y, sin renunciar a la emoción de las escenas más dramáticas, han introducido una especie de entremés cómico en el que el coro parece seguir las pautas del distanciamiento brechtiano y que concluye con todos los actores cantando un blues satírico.

“La unidad de la obra nos la da la propia familia tebana”, argumenta Tato ante la pregunta de cómo enlazar tragedias de estilos y autores tan distintos como Esquilo, Sófocles y Eurípides en una sola pieza. “Este proyecto empezó como una versión nuestra, a nuestro estilo, de Edipo rey, pero nos dimos cuenta de que podíamos tirar más allá y hablar también de su estirpe”.
“Hemos querido contar una especie de historia de Edipo y sus hijos en tres actos: el primero es Edipo rey (Sófocles), el segundo es Los siete contra Tebas (Esquilo) y el tercero, Antígona (Sófocles)”, resume el dramaturgo, que también ha usado “algún trocito” de Eurípides. “Lo vamos vehiculando con una especie de romancero y hemos incrustado a la manera de la tragedia ática una especie de momento cómico, que es también un homenaje a Aristófanes”.
Este acto satírico totalmente inventado habla de la visión que tienen los esclavos sobre los señores y sus guerras, y en él la música, que es un recurso dramático en todo el espectáculo, se convierte en protagonista y sirve para rebajar la tensión: “Toda la música es original y, es marca de la casa, está interpretada y cantada en directo. En el interludio de los enterradores tiene una entidad diferente al resto, que es más modal y con unos toques menos lógicos, menos usados”, analiza Cáceres.
En cuanto al vestuario rompedor, con los actores en ropa deportiva y luciendo arneses, nada de túnicas blancas, y la escenografía simbólica, dramaturgo y director explican que “el teatro es metafísico y que está en el terreno del sueño”, por lo que no consideran en absoluto irreverente el tratamiento de las tragedias clásicas: “Puede chocar un poco la estética, pero cuando uno estudia la tragedia ática sabe que tenía permanentemente danza y música en escena”, indica Tato.

En este sentido, el dramaturgo insiste en que su versión, pese a la obligada síntesis, ha sido fiel al carácter original de Esquilo, Sófocles y Eurípides incluso en la traducción: “Hemos intentado volver a ese verso tan potente de los clásicos griegos a través de la silva blanca española de endecasílabos alejandrinos y heptasílabos. Difiere mucho el tipo de métrica, pero intenta captar ese mismo espíritu”, concluye Álvaro Tato.