‘El barquer’: el equívoco norirlandés (★★★★✩)
Crítica de teatro
Manrique dirige este drama de Butterworth en el Teatre Lliure
Versió en català, aquí

Imagen de 'El barquer', en el Teatre Lliure

El barquer
★★★★✩
Autoría: Jez Butterworth
Dirección: Julio Manrique
Intérpretes: Lua Amat, Roger Casamajor, Imma Colomer, Marta Marco, Carles Martínez, Santi Ricart, Mima Riera y Ernest Villegas, entre otros
Lugar y fecha: Teatre Lliure; sala Fabià Puigserver ( 5/II/2026)
Hay pocas obras tan buenas escritas en la última década como El barquer, un texto teatral que contiene todo lo imprescindible para convertirse en un clásico: un conflicto exterior (los Troubles de Irlanda del Norte en pleno apogeo), uno interior (un triángulo amoroso) y varias generaciones en conflicto. Y en medio una familia extensa que brega con todo eso. El británico Jez Butterworth estrenó en el 2017 una obra maestra. Llevarla a escena es una tarea compleja, sobre todo fuera del mundo anglosajón, porque nos zambulle en un pueblecito norirlandés, en 1981, durante las huelgas de hambre de los presos del IRA. Además, requiere una veintena de intérpretes.
Manrique asume todas las dificultades con la sabiduría de un director que ya se ha enfrentado a Butterworth
En parte, es una obra un poco tópica sobre Irlanda (la cosecha, canciones celtas, etcétera), que podríamos hermanar con Dansa d’agost y Traduccions, las dos de Brian Friel. Pero en El barquer quien manda es el conflicto político, cómo la violencia se transmite de generación en generación, y qué pasa cuando alguien quiere dejarlo. Los Carney hace diez años que sufren en silencio la desaparición de Seamus, militante del IRA, hermano de Quinn y marido de Caitlin.
Julio Manrique ha asumido todo eso con la sabiduría de un director que ya se ha enfrentado a Butterworth ( Jerusalem, 2019) y conoce el trasfondo mágico que imprime el autor en sus obras, además de haber tenido que construir antes montajes corales, difíciles de resolver en escena para que todo el mundo vaya a tono. Y eso es algo que su Barquer tiene y que no le puede quitar a nadie. Es impresionante el trabajo que nos sirven el dúo protagonista, Roger Casamajor y Mima Riera, él como paterfamilias, Quinn Carney, y ella en el papel de su cuñada, Caitlin Carney. Incluso deja espacio para que Carles Martínez (tío Pat) e Imma Colomer (tía Pat) se luzcan, de la misma manera que los chicos, tanto los hijos de Quinn y Mary ( Marta Marco) como sus primos. Todos firman una pieza interpretativamente excelente.
Butterworth juega todo el rato con el equívoco. ¿Quién es la persona que sale a escena primero y le pide al padre Horrigan ( Santi Ricart) que hable con los Carney? ¿Un policía? ¿ Caitlin es la mujer de Quinn? Porque durante la primera media hora nadie diría que es su cuñada. ¿Seamus está vivo o muerto? ¿Lo sabe Caitlin? Manrique coge los equívocos y hace que nos los creamos. Pero lo que parece una obra que se defiende sola, con un buen trabajo de actores y actrices, también se transforma en un arma de doble filo cuando pones un telón entre la compañía y la platea o cuando decides acabar la función explicando la metáfora que da título a la obra: ¿ Quién es el barquero? ¿Quién es Caronte?
Este será seguramente el gran montaje de la temporada. No les quepa la menor duda.

