Partiendo de Júlia hacia ‘La Sargantain’, aparece la obra ausente de Ramon Casas camino al deseo.
La musa y el amor de su vida
La casa de subastas Setdart presenta una versión temprana del célebre retrato del Círculo del Liceu

Júlia Peraire. Primera versión de ‘La Sargantain’ (1906), el retrato que forma parte del Círculo del Liceu

Durante 1905, Ramon Casas coincidió en la concurrida terraza de la Maison Dorée de Barcelona con Júlia Peraire, una atractiva vendedora de lotería que acabó siendo su musa y la pareja más relevante de su vida. Ella tenía 17 años y él 39. El artista la pintó muchísimas veces, aunque para gran parte del público ninguna sobrepasó a La Sargantain (1907), un cuadro desbordante de sensualidad donde el anhelo y el ardor se encuentran en un foco común, el sexo, igual que las dobleces de su vestimenta amarilla. Constituye una de las piezas clave del Círculo del Liceu, institución que lo adquirió por 2.000 pesetas en el mismo periodo de su creación tras alzarse con el premio de la 5.ª Exposició d’Art Internacional de Barcelona.

No obstante, previo a alcanzar La Sargantain , Casas elaboró una variante inicial donde Júlia no luce su famoso traje amarillo, sino una prenda de gala en tono verde profundo, mostrándose acomodada en un asiento turquesa de diseño francés que el mismo artista importó desde París durante el año 1900. Esta pieza, de la cual no se tenía noticia, se ha conservado por dos generaciones dentro de una relevante colección privada de Madrid vinculada estrechamente a diversos creadores, y actualmente se presenta en la firma de subastas Setdart de Barcelona, la cual la ofrecerá al público este 18 de marzo con un precio calculado entre 100.000 y 150.000 euros.
La pieza ha estado en una colección privada de Madrid y se subastará con un valor estimado entre 100.000 y 150.000 euros
La aparición de Júlia Peraire. Primera versión de ‘La Sargantain’ (1906) no solo contribuye a expandir la serie de retratos de la compañera de Casas, los dos habitualmente vinculados a través de los ojos, sino que representa “el eslabón fundamental para entender cómo Casas construyó su imagen más seductora y provocativa, permitiéndonos asistir al proceso de gestación de una de sus obras más icónicas”, señala Lena Soler, experta en Arte Moderno & Contemporáneo de Setdart.
“Es una versión previa concebida para intensificar la carga sensual y psicológica de la figura femenina; el paso definitivo antes de alcanzar la potencia expresiva de la Sargantain definitiva”, aclara por su cuenta Adrià Codina Ferrer, el apoderado legal de los sucesores de Casas que se ha ocupado de analizar el descubrimiento y validar su veracidad. La pintura al óleo (92 x 65 cm), de unas dimensiones casi iguales a las de la obra final, se realizó hacia el año 1906, cuando Júlia tenía escasamente 18 años, aunque Casas la rubricó tiempo después, datándola en 1910. “Es habitual –remarca Soler– que piezas que permanecían en el estudio del artista quedaran sin firmar hasta el momento de ser presentadas o vendidas; de hecho, muchos de los retratos de Júlia, como la misma Sargantain en el momento de su presentación, no estaban firmados”.

De acuerdo con Codina Ferrer, no resultaba inusual que Casas preparara un estudio previo de creaciones que juzgaba particularmente íntimas o complejas, como ocurre con El cigarrillo o La cigarreta , de la cual se identifican dos variantes: la utilizada para la impresión del afiche de Cigarrillos JOB y la obtenida por el magnate estadounidense y protector del autor Charles Deering, que permanece en posesión de sus sucesores.
El de La Sargantain no fue un proyecto menor, pues no se trataba únicamente de retratar a su musa, con la que apenas había comenzado un idilio que se mantuvo hasta la muerte de Casas en 1932, sino que su fin último era plasmar la construcción simbólica de la mujer moderna. En la obra que ahora se exhibe por primera vez al público, la modelo descansa en una silla francesa de color turquesa, que Casas le ofrece a su amada “un sentido de elegancia y de estatus”, a la que su condición humilde le negaba. Un rechazo que a ella nunca le importó, como la historiadora Isabel Coll dejó claro en la gran exposición que el Círculo del Liceu le dedicó en 2016, dentro del año Casas. Para ella, fue “una mujer libre que vivió la vida que quiso vivir” y no se dejó dominar por los prejuicios de su tiempo.
Más allá de los matices cromáticos de la imagen, Casas no consiguió plasmar en este ensayo inicial la carga sensual y provocadora de La Sargantain , si bien en esta oportunidad se decide a exhibir sus manos (en la variante del Círculo del Liceu posiblemente no acabó conforme con la mano izquierda por su búsqueda de la perfección y, al estampar su firma, optó por cubrirla) y la representa con firmeza y de manera atractiva, pese a que no la orienta de frente, sino que la dispone con el rostro algo inclinado para resaltar su perfil.
A lo largo de los años, la pasión y la sensualidad de los primeros retratos de Júlia cederán el paso a una perspectiva más esteticista, centrada en una mujer que viste pieles y joyas y se adorna con sombreros elegantes.



