Cultura

El viento como fuerza creadora

Una fuerza invisible

Los libros, las canciones, las películas, el arte y el teatro han reflejado este fenómeno meteorológico de modo muy diverso

Una escena de Twisters, película de 2024 dirigida por Lee Isaac Chung 

Una escena de Twisters, película de 2024 dirigida por Lee Isaac Chung 

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Desde la antigüedad, el viento ha supuesto algo más que un fenómeno natural y ha sido visto por diversas civilizaciones como un dios o un presagio, en cualquier caso una fuerza narrativa capaz de desencadenar acontecimientos. Si la mitología griega humanizó los diferentes vientos, del devastador Bóreas al suave Céfiro pasando por Eolo, guardián o castigo de los navegantes, la creación contemporánea se ocupa del fenómeno de modo poliédrico, desde la literatura, el cine, las artes plásticas, el teatro o la música, haciéndole simbolizar la libertad, el desarraigo, la amenaza... Las canciones de Bob Dylan o Raimon, las películas de catástrofes, los molinos del Quijote, las esculturas de Chillida o las obras de teatro de Jon Fosse conforman un mundo al la que el viento dota de sentido.

Literatura

Un ventoso viaje desde Oz hasta el Empordà

El viento en la literatura a menudo invita a los lectores a soñar. ¿Acaso Dorothy podría haber llegado a la mágica tierra de Oz sin ser arrastrada por un tornado? Las ventadas suelen venir con simbolismo, como cuando en El viento en los sauces, de Kenneth Grahame, se vuelve más frío y cortante después de que sus personajes se adentren en el Bosque Salvaje; mientras que en La casa de los espíritus, de Isabel Allende, se asocia a presagios o a desórdenes emocionales, y algo parecido sucede en los páramos de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. En la literatura castellana podemos pensar por ejemplo en Don Quijote de la Mancha y su icónica escena de los molinos, o más recientemente en La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón.

Dorothy está dentro de un tornado, que la llevará a Oz 
Dorothy está dentro de un tornado, que la llevará a Oz Metro-Goldwyn-Mayer

En la literatura catalana el viento es un elemento casi fundacional, especialmente en la poesía, y no hay más que pensar en Ausiàs Marc y su Veles e vents, o en imprescindibles como Josep Carner o Joan Vinyoli en libros como respectivamente La paraula en el vent o Vent d’aram. Y en este Any Clementina Arderiu hay que recordar el célebre poema que empieza “Passa, vent, cosa sinistra, / qui et pogués mai deturar!”.

Es también una pieza importante en obras como El vent de la nit de Joan Sales, Vent de grop de Aurora Bertrana, o, más actual, Ànima de tramuntana de Núria Esponellà. No hemos citado la tramontana en vano, que en el Empordà más que un viento es casi un mito, como asegura Xavier Febrés en Elogi i refutació de la tramuntana, donde por supuesto también hablar de Josep Pla, al que el viento le marcó el carácter y lo reflejó en toda su literatura, como en El vent de garbí i la tramuntana.

Cine

Generador de locura y escenas de acción

Ideal para recrear silencios o augurar que algo gordo va a suceder, en la gran pantalla el viento también es a menudo generador de locura. “Es el maldito viento solano, que saca a la gente de quicio”, dice Raimunda de Volver (2006), de Pedro Almodóvar. “El viento de los cojones”, dice antes, en ese principio de película en el que las mujeres del pueblo barren la arena de las tumbas que arrastra el solano. En todo caso, su presencia no es solo un acompañamiento visual; es, de hecho, el fenómeno que desencadena la tragedia.

Fotograma de 'Balandrau, viento salvaje' 
Fotograma de 'Balandrau, viento salvaje' Lastor Media

Ocurre en muchas otras películas que el viento es protagonista. Ya con el cine mudo. Un ejemplo, El viento (1928), un clásico. De tanto soplar en las llanuras de Texas, la gente enloquece. Pero sin duda, en el primer largometraje que el espectador piensa cuando se habla de viento es Twister (1996), o la versión del 2024, Twisters. Aquí es directamente motor de acción. En ocasiones el título no da lugar a dudas. Pasa en Balandrau, viento salvaje, basada en la ventisca que sorprendió a unos excursionistas en el 2000 en los Pirineos. Un filme que se estrenará el 20 de febrero. En otros, el viento es parte del título como mera metáfora: Lo que el viento se llevó (1939). En las dos partes de las Dune (2021 y 2024) de Denis Villeneuve y en Mad Max, la del 2015, condiciona las batallas. En otro plano está la pluma que planea con la brisa en Forrest Gump.

El cine tiene un plus: el espectador tiene la opción de sufrir fenómenos meteorológicos, en las llamadas salas 4D.

Música

Vientos que responden y protestan

Cuando Richard Wagner embarcó en Riga camino de Londres en 1839 para huir de las deudas no sabía que el viento convertiría su viaje de ocho días en un suplicio de tres semanas, y mucho menos que de allí saldría la idea que dio pie a El holandés errante. Y es que el viento, imprescindible para buena parte de los instrumentos, ha servido tanto de inspiración como de metáfora para la música.

Lo sabe bien Raimon, que en 1963 publicaba Al vent a raíz de un viaje como paquete en Vespino, un relato sin segundas que se convirtió por obra y arte de la época en himno antifranquista sin que su letra incluyera una sola referencia a la política o la dictadura.

Raimon, durante su concierto en el Palau d’Esports 
Raimon, durante su concierto en el Palau d’Esports Colita

No fue así en el caso de Bob Dylan y Blowin’ in the wind, un tema aparecido el año anterior en cuyos versos pueden leerse proclamas a favor de la libertad y la paz y en contra de la hipocresía, que rápidamente se convirtió en canción de cabecera del movimiento hippie gracias también a una melodía que, con otras letras, ha sonado en infinidad de lugares, con especial predilección por las iglesias. Más explícita es Vientos del pueblo donde Víctor Jara lamentaba a quienes querían “manchar mi tierra con sangre obrera”, un grito que sonó en 1974, cuando el cantautor chileno yacía muerto, torturado y asesinado por Pinochet.

El viento resonó con menos trascendencia en piezas como The wind cries Mary con la que Jimi Hendrix comenzó a cimentar su fama, o en Wind of change, tema que los Scorpions publicaron en 1991 tras pasear a la orilla del río Moscova, en la capital rusa. Muchos han sido los intentos de encontrarle un sentido político a este tema, aunque probablemente sea tan etéreo como las letras que Robe Iniesta encerró en Se nos lleva el aire.

Arte

De la brisa de la Barceloneta al órgano de Tramontana de Dalí

En las abarrotadas estanterías del Magazzino dei Venti, en Trieste, hay brisa marina de la Barceloneta en un frasco de perfume, Mistral furioso en una botella de plástico y ráfagas de Tramontana en un bote de mostaza. La ciudad de la temida Bora cuenta con su propio museo dedicado al viento. Un proyecto que Rino Lombardi, su director, comenzó hace 25 años casi como una broma y ha acabado convirtiéndose en una insólita colección de 400 vientos enviados desde todo el mundo.

En el viento encontró Eduardo Chillida la inspiración poética para una de sus obras públicas más memorables, los majestuosos Peines del Viento, un grupo de tres enormes formas lineales de hierro instaladas en las rocas azotadas por olas el Cantábrico en la bahía de San Sebastián. A lo largo de la historia son muchos los pintores que han tratado de plasmar un elemento invisible pero cuyos efectos ase plasman en la humareda de una hoguera (Juana la Loca, de Francisco Pradilla, las ramas dobladas de los sauces de La ráfaga de viento, de Corot o los hombres que avanzan encorvados para protegerse de la ventisca invernal en La nevada de Goya).

Una mujer fotografía la escultura El Peine del Viento, de Eduardo Chillida, en San Sebastián 
Una mujer fotografía la escultura El Peine del Viento, de Eduardo Chillida, en San Sebastián Javier Etxezarreta / EFE

El propio Dalí concibió la idea de un órgano funcional impulsado por la Tramontana en el Alt Empordà, integrando el viento en su visión surrealista; los móviles de Calder estaban pensados para moverse a merced del viento y César Manrique integró los alisios en muchas de sus obras...  Porque hace mucho que los artistas ya no solo tratan de atraparlo en el lienzo sino que se alían con él para creaciones de las que es protagonista. Es el caso del holandés Theo Jansen, que ha desarrollado medio centenar de gigantescas esculturas cinéticas, una suerte de animales marinos que se desplazan por las playas de forma autónoma bajo el impulso del viento. O el del estadounidense John Grzinich, cuyas arpas de viento dan voz a una fuerza que no podemos ver, mientras que Anthony Howe crea deslumbrantes criaturas con vida propia.

El holandés Theo Jansen pasea por las orillas del río Garona con una de sus creaciones en 2022 
El holandés Theo Jansen pasea por las orillas del río Garona con una de sus creaciones en 2022 AFP

Teatro

El cierzo y el escenario imposible

En un teatro, cuesta representar el viento. Se requieren proyecciones o ventiladores para llevar a un escenario su fuerza, como hace la creadora belga Miet Warlop en Inhale Delirium Exhale, que se pudo ver en el último Temporada Alta: unos ventiladores gigantes movían 4.000 metros de ropa de seda. 

Ahora bien, normalmente en teatro el viento se utiliza de un modo más metafórico que real, y se suple con la convención que se establece con el público desde la Grecia clásica. Es el caso de La tempestad, de Shakespeare, fenómeno meteorológico que desencadena Próspero, el duque de Milán desterrado con su hija, Miranda. 

La tempestad, de Shakespeare 
La tempestad, de Shakespeare La Perla

Del noruego Jon Fosse, Marc Chornet Artells dirigió una versión de la pieza Soc el vent en el teatro Akadèmia en el 2021, antes de que el autor fuera reconocido con el premio Nobel, donde dos hombres en una barca hablan sobre lo que son, sobre lo que pasó o, quizá, sobre lo que pasará. 

Maria Aurèlia Capmany escribió Vent de garbí i una mica de por, que se pudo ver en el TNC en el 2023, donde retrata el inmovilismo de la burguesía catalana de vacaciones, mientras pasan cosas importantes, como una guerra civil, un poco más allá de su veraneo. 

En Esperando a Godot, Samuel Beckett utiliza el viento para remarcar la ausencia y el vacío que caracterizan esta obra icónica, que está presente en la cultura occidental cada vez que hay una conmoción. Así fue con el Katrina en Nueva Orleans: la primera obra representada después del huracán, al aire libre, fue esta, y en la recreación que hace la serie Treme, un espectador, superado por la tragedia, exclama a media función: “Este hijo de puta no vendrá”.

Lara Gómez Ruiz

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Lara Gómez (Barcelona, 1993) se graduó en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y posee una especialización en género y cultura. Aunque puso empeño, no logró dominar el alemán. Su mayor entusiasmo es la escritura, por lo que cualquier vivencia resulta idónea para convertirse en un guion o un relato corto. Su anhelo es informar sobre los Oscars desde el lugar de los hechos.

Francesc Bombí Vilaseca

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Periodista de Cultura. Escritor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Graduado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB).

Magí Camps Martin

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Periodista de Cultura y responsable de los manuales de estilo de las versiones en español y catalán del rotativo. Docente adjunto en la UPF e integrante de la Secció Filològica del IEC.

Maria Teresa Sesé Monclus

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Àlex Tort Sagués

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Redactor

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Periodista de Cultura. Permaneció en Política del 2014 al 2025. En Guyana Guardian a partir del 2007, con anterioridad trabajó en El País. Graduado en Humanidades y en Periodismo por la UPF.