Cultura

'La gioconda', festín veneciano (★★★★✩)

Crítica de ópera

Ovación para una protagonista excelsa y una dirección orquestal de un maestro como los de antes

Saioa Hernández y Guillem Batllori en una escena de 'La gioconda'

Saioa Hernández y Guillem Batllori en una escena de 'La gioconda'

David Ruano/ Gran Teatre del Liceu

'La Gioconda'

★★★★✩

Lugar y fecha: Gran teatre del Liceu (17-02-25)
Autor: A. Ponchielli
Reparto: Saioa Hernández, Michael Fabiano, Gabriele Viviani, Ksenia Dudnikova, Violeta Urmana, John Relyea, Guillem Batllori, Roberto Covatta, Dimitar Darlev y Maxime Nourissat (mimo). 
Dirección del coro: Cor infantil del Orfeó Català: Glòria Coma; Coro del Liceu: Pablo Assante. 
Dirección musical: Daniel Oren. 
Dirección escénica: Romain Gilbert
Coproducción del Teatro di San Carlo de Nápoles y Gran Teatre del Liceu.

Satisfacción en el público y ovación para una protagonista excelsa y una dirección orquestal de un maestro como los de antes. Fue una noche de estreno donde el espectáculo vocal y musical explotó con una ópera que tiene todos los grandes ingredientes para el éxito.

La Gioconda de Amilcare Ponchielli, estrenada en 1876, cumple ahora 150 años. Es un ejemplo ilustrativo de lo que fue el culmen del modelo de ópera romántica italiana espejada en la Grand Opéra francesa. Esta ópera maravillosa que necesita de seis grandes voces para lucir toda su grandeza es una ópera muy querida por el público liceísta, como buen público amante de las voces.

Saioa Hernández es la Gioconda del siglo XXI. No solo porque la ha cantado hasta en 6 producciones diferentes, seguramente quien más en toda la historia, sino también porque ese timbre y color característicos de la soprano madrileña se amoldan a la tesitura exigente y camaleónica de la protagonista de manera proverbial. Con un fraseo generoso, de acentos siempre atentos al color y un control de la voz de pecho sin efectismos y de una teatralidad irresistible, su aria final Suicidio!, coronó una interpretación de las que no se olvidan.

El tenor Michael Fabiano tuvo problema en su aria estelar, Cielo e mar, que resolvió con eficacia. Un fraseo e intenciones expresivas adecuadas, compensó sus problemas con el tercio agudo en un cómputo global correcto en su debut en el rol. El barítono italiano Gabriele Viviani fue un Barnaba agreste y sibilino como pide el libreto y la tesitura en contraste con la mezzo uzbeka-rusa, Ksenia Dudnikova, una Laura de atractivo color y medios generosos pero de rústica italianità.

Sentó cátedra la madurez y carisma de Violeta Urmana como La Cieca, a pesar de no tener los graves abisales que hacen lucir el rol. La cantante lituana ha hecho historia al debutar este rol habiendo cantado en otras producciones los roles de Gioconda y Laura. El bajo canadiense John Relyea fue un Alvise contundente de emisión peculiar pero con la autoridad vocal adecuada, coronando un reparto protagonista de generosa dignidad para una partitura que exige seis grandes voces.

Entre los secundarios volvió a demostrar su elegante profesionalidad el barítono Guillem Batllorí como también el bajo Dimitar Darlev, miembro del coro, además de la impecable aportación de Roberto Covatta como Isèpo.

Bravo el trabajo del coro del Liceu, en una particella generosa bajo la tutela del maestro Pablo Assante. Daniel Oren hizo lucir la orquesta del Liceu con una lectura in crescendo, sección de cuerdas expresiva y unos metales fulgorosos, donde la teatralidad del canto y la expresión melódica triunfaron haciendo justicia a la calidad de la partitura.

La nueva producción firmada por Romain Gilbert se aferró al concepto tradicionalista sin aportar novedades ni lecturas intelectualizadas. Un trabajo donde el convencionalismo y barullo teatral del libreto de Arrigo Boito se ajustó con la sofisticada aportación del vestuario de Christian Lacroix, se embelleció con un resolutivo y atractivo Ballet de las horas, coreografiado con habilidad por Vincent Chaillet, para un trabajo final efectivo sin caer en lo efectista.

Un festín vocal encuadrado en una Venecia carnavalesca del siglo XVII irresistible para cualquier amante del canto romántico italiano.