Así es como se debate en el mundo árabe, con la música como puente, mientras se busca un terreno común.
Más allá de la música
Cuatro músicos, junto con un director que guía el proceso, dan vida a una interpretación en la que cada detalle se sintoniza con precisión, mientras la música adquiere una profundidad que trasciende lo esperado.

La violinista Tania, junto con el violín, interpreta junto a sus compañeros, mientras el entorno y el ambiente se funden en una sinfonia sutil.

¿Ha fracasado el proyecto de paz o aún mantiene viva una chispa? La orquesta ha vuelto a tocar, y con ella, la esperanza de un diálogo que nunca se apagó. Aunque el conflicto persiste, su música sigue hablando: no solo como sonido, sino como resistencia.
Cuatro de los músicos de la orquesta han conversado con Guyana Guardian, debatiendo entre ellos acerca de los principios sobre los que se fundamenta su proyecto y sobre lo que aleja a Oriente Medio de la paz. La violista israelí Tal Riva, el cellista libanés Nassib Ahmadieh, el trombonista israelí Alon Stoler y el violinista palestino Samir Obaido forman parte del nuevo comité que la orquesta creó hace un año, a partir de que Daniel Barenboim no pudo seguir haciéndose cargo personalmente debido al párkinson que lo ha alejado de los escenario. Para el maestro argentino-israelí, este proyecto sigue siendo el más preciado propósito de su carrera.
La orquesta se reúne periódicamente para conversar. Cuenta incluso con un par de coach, uno palestino y otro israelí, que les ayudan a mantener una discusión sobre cuestiones en ocasiones muy dolorosas desde la tranquilidad y la reflexión. “Así es como funcionamos dentro de la orquesta y en nuestras charlas. Aceptamos que todos pueden pensar diferente. Y eso no significa que no estemos conectados, ni que no queramos un objetivo compartido”, apunta Tal Riva en un momento del encuentro.
La violinista que toca en la orquesta también vive en un entorno donde la frontera entre su hogar y el mundo exterior se vuelve borrosa, mientras que su familia mantiene un vínculo cercano; el violín, en este caso, se convierte en un puente entre mundos, y su presencia se siente con claridad en cada nota, mientras que el sonido de su alma se entrelaza con el silencio que la rodea, y aunque su hogar se encuentra en la frontera, su alma nunca deja de pertenecer a ese lugar.
Samir Obaido es palestino, originario de Hebrón, nacido en Jordania. Su padre, de Jerusalén, percusionista, recibió como todo el mundo en 1967 documentos de identidad israelí, pero se fue a Bulgaria y cuando regresó, su documento había caducado, pero además él estaba políticamente activo. Se exilió en Siria, donde conoció a su esposa en un campo de refugiados. Su hijo nació y se crio en Jordania, en Aman, antes de mudarse la familia a Dubai, donde “todo es más gris que en la colorida Jordania”. Ahora vive en Berlín, al igual que Nassib Ahmadieh, que procede de una ciudad a 35 km de Beirut, en las montañas. Sus padres todavía viven allí. El lleva 23 en la capital alemana.
¿En qué medida estaba presente el conflicto durante tu infancia?
Samir Obaido: Siempre era un tema. Mis padres hablaban de ello. A veces nuestros primos venían a visitarnos desde Jerusalén y se quedaban en nuestra casa. Puedes imaginarte a 20 o 25 personas en un lugar muy pequeño, podías percibir lo presente que estaba. La gente hablaba de los controles militares, de cómo tenían que cruzar el puente y esas cosas. Para nosotros estaba muy claro: Israel, enemigo. Y hablábamos de ello en estos términos.
¿Qué recuerdan de la primera vez que se incorporaron a esta orquesta?
Tal Riva: Tengo un recuerdo muy vívido. Porque teníamos un período de preparación muy largo antes de encontrarnos con Barenboim. Teníamos ensayos por secciones durante dos días. Luego venía un director que preparaba a la orquesta, nos hacía sentar muy tiesos y nos decía: Barenboim hará esto, hará aquello; tenéis que mirar aquí. Se iba construyendo ese momento. Y al llegar Barenboim, yo estaba sentada en el primer ensayo, al borde de la silla, completamente emocionada, intentando captar cada palabra que iba a decir. Me miró y dijo: “¿Qué idioma hablas?” Y yo estaba como… ¡Dios me está hablando! Era muy joven. Y dije: “Hebreo”. Y él dijo: “Pensé que quizá entendías chino”. Creo que estaba tan concentrada que pensó que quizá no entendía nada.
Pero, ¿le motivaba Barenboim o conocer a gente “del otro lado”?
T. R.: Para mí era ambas cosas. Es algo muy profundo. Perdí a un amigo muy cercano en un atentado con bomba. Me uní a la orquesta en 2004 y eso había ocurrido a finales de 2003. Crecí y fui a un instituto en Jerusalén, el Instituto de Artes y Ciencias, donde ya había encuentros entre judíos israelíes y árabes palestinos con pasaporte israelí, o como quisieran llamarse. También había gente de familias de colonos, de Hebrón. Con 16 años yo ya estaba construyendo conexiones en la sociedad. No me resultaba extraño llegar a la orquesta. Lo veía como un siguiente paso. No basta con conocer a las personas de mi país, sino también conocer exactamente a quienes crecen en un sistema educativo diferente, en un entorno realmente diferente. Y cómo podemos cerrar esa brecha. Eso siempre fue muy importante para mí. Y por supuesto, musicalmente, trabajar con Barenboim es una gran motivación como músico.
S.O.: Hablando de motivación, recuerdo cuando entré en la Divan. Me levantaba todos los días a las seis de la mañana para ir a correr, solo para calentar. Luego practicaba mis escalas. Tuve el primer ensayo de sección con el segundo concertino de violines y el grupo. Y recuerdo sentirme tan en casa en cuanto al sonido. Sentía que nos enfocábamos en el sonido, nada más. Y la conexión que sentías en el propio sonido era tan grande y tan amorosa... Se reflejaba en la orquesta. Tenía un compañero de atril fantástico [Barenboim siempre puso en un mismo atril a músicos de uno y otro lado] que me tomó casi como si fuera alguien a quien mentorizar. Fue muy bonito. Y desde entonces se me quedó esa idea del sonido. Cómo hacer un buen sonido. Cómo acercarnos realmente unos a otros.
Nassib Ahmadieh: Me uní a la orquesta en el año 2000, al segundo año de la Divan. No tenía muchas expectativas porque la orquesta no era tan conocida como ahora. La tensión que se construía desde el primer ensayo de sección, solo los violonchelos juntos, y cuánto hablaban los profesores sobre lo que diría Barenboim, lo que haría, lo que esperaría… Eso me generaba tensión. Pensaba: Dios mío, si estos músicos maravillosos tienen tanto que decir sobre todo lo que él hace… Fue un poco aterrador. Tuvimos ensayos tutti con su asistente de Chicago, Cliff Colnott. Era tan preciso... Tomaba medidas de la última interpretación de Barenboim y decía: el metrónomo tiene que ser así. Y ensayaba hasta lograrlo. Analizaba todas las armonías. Era como un fanatismo religioso lo que experimentábamos. Luego llega el maestro. Sientes el aura en la sala. Toda la tensión acumulada durante una o dos semanas solo para ese momento. Los profesores habían hecho que la orquesta sonara increíble. Nunca había tocado en una orquesta mejor hasta ese momento. Y entonces Barenboim llega y la lleva cinco niveles más arriba. Es imposible. En dos días la orquesta sonaba un 40%, 50%, 100% mejor. Eso se me quedó grabado. Cómo era posible! Hablamos de un genio. La creación musical tiene una parte analítica, técnica, comprometida. Pero entendí que la parte artística está por encima.
La Orquesta Sinfónica de la Paz se percibe como un símbolo de esperanza en un mundo dividido, donde la música puede trascender fronteras.
Alon Stoler: Creo que sí puede suceder en el mundo. En la orquesta definitivamente sucede. Si me uní fue por los aspectos que iban más allá de la música. Pero si miro la realidad, ahora mismo en la región… todo lo que es posible requiere pasos para algún día llegar ahí. Y no veo que se estén dando esos pasos. No siento que haya una voluntad real de llegar a esa solución ahora mismo. Crecí en Galilea, una zona muy mixta entre judíos y árabes. A diferencia de Jerusalén, donde había mucha tensión, en Galilea no la teníamos así. Comíamos juntos, tenía compañeros árabes en clase. Era una escuela Waldorf, entiendo que no era normal, pero pude conocer a la gente. Era una escuela Steiner, antroposófica. Estaba abierta a quien quisiera venir. Los alumnos árabes hablaban árabe como lengua materna, pero después de unos años hablaban hebreo casi como nativos.
N.A.: Para mí, al principio, fue la primera vez que conocí a israelíes. Pero también fue la primera vez que conocí a egipcios, sirios, palestinos de Cisjordania, palestinos de Israel. En los países árabes crecemos con la idea de la nación árabe, la cultura árabe. Pero no teníamos programas de intercambio cultural. No viajábamos a Egipto. Lo que sabía era por la radio, canciones, películas egipcias. Conocer a esta gente fue tan emocionante como conocer a israelíes. Sentí que teníamos tanto en común. El mismo humor, el mismo amor por la comida, por la pasión y las emociones. Tenía más en común con los israelíes que con los alemanes. Y eso fue muy cálido.
Cuando la situación se vuelve más tensa, ¿cómo no sentir que el conflicto se agudiza, especialmente cuando la situación ya es tan crítica?
N.A.: No creo que sea una declaración política esta orquesta. Es una declaración humanista. El maestro siempre insistió en que no hacemos política. Lo que intentamos decir es que puede haber una solución, pero nunca será militar. Tiene que ser humanista. Intentamos mostrarnos al mundo una idea de cómo puede funcionar: si juntas a personas de donde sea del mundo y las tratas con igualdad, justicia y libertad, se comportan bien. Llegados a un cierto punto, cuando sea que eso sea posible, solo será posible si alcanzas igualdad y libertad. No hacemos política. Mostramos un ejemplo para mantener la esperanza alrededor. Para mí es algo personal. Si no se puede alcanzar en el mundo, al menos yo lo quiero sentir así para mí mismo.
S.O.: También somos conscientes de que hay matices políticos. Cuando vuelvo a tener un proyecto con la orquesta, la gente en casa dice: qué haces! Estás tocando por encima de los cadáveres de Gaza. Esas palabras exactas. Para los palestinos está muy presente este aspecto de la normalización. También podemos perder estatus social y la oportunidad de conectar con otros palestinos que sienten con más fuerza la resistencia. Pero es una elección. Ellos lo interpretan políticamente. Yo no. Yo lo veo como una forma de conectar, de hacer algo que mis padres no hicieron, de intentarlo de otra forma. Al final es música, estamos siendo creativos, haciendo algo que me parece una necesidad humana esencial. Intento que la gente pueda verlo así. Y también ser un ejemplo. Si voy a la Orquesta Joven de Palestina y la gente me pregunta qué hago en el Divan, les cuento que he hecho muy buenos amigos, que me he convertido en algo que me parece que es una mejor persona, más empática, entendiendo mejor la raíz del dolor que puede pasar alguien, en lugar de apegarme a una identidad y una seguridad. Por ejemplo, si me siento más palestino con mis amigos palestinos, significa que he encontrado un espacio seguro para debatir libremente de una manera que tal vez un israelí no tomaría con la misma ligereza. Y eso es extraño. ¿Por qué algo que está bien en un espacio no lo es para otro? La orquesta es un espacio alternativo para salir de los ciclos diarios de violencia, opresión y rechazo. Cuando te sientes en tu lugar, con la tranquilidad de saber que estás donde debes estar, y el sonido te abraza como debe ser, no hay necesidad de disculparse: es simplemente tu camino.
¿Existe algún momento en que sientan que, para lograrlo, deben ir más allá de lo que la música les ofrece y actuar directamente?
T.R.: No. Si estás realmente alineado con el objetivo del proyecto, con la práctica que intentamos implementar de manera que colectiva e individual, no es político. En el verano de 2024 hicimos público un comunicado contra cualquier tipo de violencia. Dijimos que debe haber una solución no violenta. Que el sufrimiento está en ambos lados. Y no es para establecer una igualdad entre las partes en conflicto, sino para reconocer que el dolor y la pérdida son iguales. Es algo humano sentirse triste y deprimido. No debatimos los sentimientos, los aceptamos. Si él está triste, lo acepto. No soy nadie para decirle a alguien cómo debe sentirse. Era una declaración de empatía mutua a pesar de las tensiones. Y creo que nos acercó más. Fuera hay mucha polarización. Israelíes en una caja, palestinos en otra. Somos mucho más que eso. Hay mucho más que víctimas, hay resiliencia, cultura. Lo mismo para Israel: somos otras cosas, no solo opresores. Fue difícil volver a esa idea después de una explosión política y humanística tan grande. Pero encontramos el camino en la orquesta. Y seguimos creciendo desde ahí. Nos hizo más fuertes juntos. Entender que somos complejos. Lo aceptamos. Y quizá eso es lo que modelamos, aceptando la complejidad, no aceptar algo que puedas simplificar en tres palabras.
N.A: Cuando hablamos de política, hablamos como si la política estuviera separada de la sociedad. La política surge de la sociedad. Y, según mi sentir, por muchas razones -una de ellas es más fácil, otra es propaganda-, todos crecimos con la idea de que el otro está equivocado, es el agresor y es el enemigo, y mi lado es el correcto. Y esto crea la sensación de que del otro lado no hay nadie con quien hablar. Y a través de este proyecto, aprendí que, por supuesto, que los hay, hay muchos seres humanos moderados, razonables y fantásticos del lado israelí, al igual que los hay de nuestro lado, y viceversa: hay personas malas en ambos lados. Así que, para lograr esto, para lograr algo en el futuro, necesitamos mostrar la política o abrir un espacio para que los moderados dialoguen más entre sí para generar confianza, de modo que no se pueda imaginar la paz a menos que se imagine que se puede tener paz con alguien. Y si no se conoce a esa persona, se pierde la esperanza de paz. Y eso es quizá lo que creo que deberíamos estar haciendo, simplemente reunir a las personas, dejarlas encontrarse y notar por sí mismas. Todos tienen las mismas necesidades. Todos quieren vivir en paz. Todos quieren criar a sus hijos. Y tal vez si tenemos la mayoría de la población en nuestra región que cree que del otro lado hay buenas personas con quienes podemos hacer la paz, esto será políticamente posible.
A. S.: Sobre si deberíamos ser más políticos, creo que hay algo en esta orquesta que es diferente de la región. Porque las personas que vienen aquí, a la orquesta, para mí, no son representantes de la región. La mayoría de las personas aquí no son religiosas. Y si tenemos personas religiosas aquí, no son religiosas fanáticas. Así que no tenemos todo esto que está muy presente en la región. Y creo que si las personas se encontraran diariamente, de manera regular, incluso si son religiosas o tienen religiones fanáticas, creo que podrían convivir. Pero Nassib es muy positivo respecto al ejemplo que damos al mundo. Así que creo que damos un ejemplo de personas liberales reuniéndose. De alguna manera, me siento mucho más cercano a mis amigos árabes en Divan que a muchas personas en Israel. Para mí, se divide de manera diferente que solo por religión. Y luego la política es como una máquina enorme que envenena la mente de la gente para odiarse entre sí. Y exactamente como dijo Nassib, ellos son los enemigos, nosotros tenemos la razón. Y es una máquina demasiado grande. No intento luchar contra ella. Incluso en Israel, ahora estoy haciendo un proyecto musical para niños donde niños de habla árabe y niños de habla hebrea tocan juntos, como Divan, pero para niños. Es realmente muy bonito. Es muy conmovedor. Y son tan jóvenes que ni siquiera hablan el idioma del otro. Es en el norte de Israel, no lejos de Metula. Así que pueden tocar juntos en su mayoría. Así que esto sucede. Creo que las cosas pueden cambiar de pronto: lo que hoy parece fijo puede transformarse en un instante. Lo que hoy parece inquebrantable, en un momento puede volverse distinto. La historia no se detiene, y aunque a veces parezca que todo se ha detenido, la vida sigue moviéndose, y con ella, también la esperanza.
S.O.: Dices que no luchas contra la política, pero yo, por ejemplo, sí que voy en contra de los sistemas de opresión. Y eso no significa necesariamente ir en contra de las personas. Es solo que entiendes los patrones de dominación y cómo eso afecta tanto a ti como israelí como a mí como palestino. Y trato al menos de romper todas estas barreras que no me permiten verte como plenamente humano o verme a mí mismo como plenamente humano. Porque siento que cuando deshumanizo a otra persona, también me estoy deshumanizando a mí mismo porque estoy asumiendo que tú eres esto, esto, esto. Entonces yo soy esto, esto, esto. Así que también los sistemas de opresión son muy grandes y reales y están diseñados para que sea fácil obtener lo que quieres mediante el odio. Pero entonces el problema llega cuando eres tan libre, con amor -porque cuando amas a alguien, sientes que hay tanto potencial-, pero luego hay una gran barrera frente a ti que necesitas superar. No creo que deba suceder mediante violencia. Creo que lo más importante es tener coraje para amar, coraje para desaprender y dejar de apoyarse en lo que es cómodo. Así veo mi forma de luchar.
A.S.: Pero, por supuesto, a nivel individual, combatimos espiritualmente. Es por eso que volví a Israel. Lo hago todos los días, pero no veo a muchas personas cuya misión de vida sea esta. Así que esta gran máquina, claro que quiero que cambie, pero no soy un Quijote, no lucho en esta guerra imposible. Solo construyo una pequeña realidad donde la cosa es diferente. Estoy seguro de que si, digamos, 50.000 músicos del mundo vinieran e hicieran este tipo de proyecto, creo que aceleraría el proceso. Pero no veo que eso suceda en el terreno. No veo a tantas personas dedicando su vida a esto.
S.O.: Creo que está sucediendo en múltiples puntos. No solo en nuestra región, ni es algo geográfico fijo. Sí, tenemos un lugar central en la narrativa del mundo. La gente dice que Palestina e Israel es un tema central que afecta al resto del mundo de cierta manera. Pero creo que hay muchas personas que se aman y quieren tener ese efecto en el mundo. Y esto afecta nuestra comprensión global de lo que significa ser libre.
T.R.: Creo que estamos nutridos. Tenemos todo lo que necesitamos, también dentro de la orquesta. Nos pagan. Podemos ir a un restaurante. Podemos ir a comprar nuestra comida. Quiero decir, cuando vives en un país, la situación económica dentro de las capas de la sociedad también influye en cuánto tiempo y esfuerzo puedes dedicar a un conflicto que no es parte de tu vida cotidiana. Quiero decir, si vives en pobreza, no vas a pensar en el conflicto. Vas a pensar en cómo sobrevivir a tu pobreza y salir adelante para alimentar a tu familia. Así que es posible para nosotros hacer esta reflexión porque no es nuestra vida cotidiana. Los problemas internos dentro de los países también deben tener solución. Quiero decir, el gobierno es el gobierno que tenemos. Sé que es muy político decirlo ahora, pero es también humano. Cuando tienes todo lo básico cubierto para los tuyos o en tu país, entonces puedes abordar un conflicto.
S.O.: Eso sentí en Berlín. Cuando estudiamos en la Academia Barbosa, fue mi primer período de vida donde sentí quietud completa para realmente empezar a pensar en mí mismo, y recordar que todo por lo que pasaron mis padres, no implica que yo también tenga que pasarlo. Y también la seguridad de tener suficiente dinero y permanecer en un lugar para solo estudiar, hacer música, escuchar muy bien y estar en la misma sala que el “enemigo”. Quiero decir, te das cuenta que es solo el enemigo en el sentido de lo que el sistema nos puso. Pero no es el enemigo per se. No es el verdadero enemigo. Entonces te das cuenta de que el enemigo dentro de ti, diciéndote cosas que no te ayudan. Solo te promete pobreza de espíritu, y sentir que no puedes alcanzar la excelencia porque sientes que vives una vida mala, y por lo tanto no puedes hacer buena música. No, eso son solo excusas. En algún momento, comienzas a darte cuenta de que esta quietud que viene con circunstancias OK puede ayudar a muchas personas. Y muchas personas en Palestina no la tienen. Lo sé, lo he visto. Muchas personas llegar a mí muy desorientadas, perturbadas, y dicen cosas que sé que si hubieran pasado por lo que pasé yo, por ejemplo, podrían verlo de otra forma.
¿Diría que estas personas están enojadas con usted personalmente?
S.O.: No. Pero dicen cosas desagradables sobre los israelíes. Son solo suposiciones. Solo vieron soldados en los puntos de control, alguien que ha sido entrenado para hacer cierta cosa. Pero es distinto de realmente hablar, escuchar y sentir que hay un humano frente a ti.
N.A.: En mi opinión, olvidamos una parte muy crucial. No es una guerra religiosa. No creo que sea una guerra religiosa. Creo que si miras la historia, los palestinos luchaban contra los otomanos como ocupantes de sus tierras y controlando su sustento, no porque los otomanos fueran musulmanes. Era porque eran ellos, la gente en la región, en Líbano, en Siria, luchando por la independencia de los franceses más tarde. No se trataba de luchar contra una entidad religiosa. En Líbano sentimos que luchamos contra la injusticia. Alguien está tomando mi tierra y no importa si es judío, francés u otomano. Es la forma en que la gente se siente amenazada en su existencia. Y del lado israelí, no creo que estén oprimiendo a los musulmanes. No están luchando contra musulmanes. Quieren tener esta tierra a la que históricamente tienen muy buenos vínculos, y sienten que pertenecen a esta tierra. Y la población local resulta que es musulmana. Así que no creo que sea una guerra entre islam y judaísmo. Creo que es una guerra sobre cómo distribuir la tierra, compartir la tierra. Cómo podemos hacer una entidad donde... Por supuesto, hay fanáticos en ambos lados que dicen, no, por mi religión, esta tierra es mía. Pero creo que la solución a este problema no debería tratarse de la reconciliación entre islam y judaísmo. Debería tratarse de cómo dividir la tierra para que todos se sientan seguros en su espacio. Y me siento frustrado cada vez que veo cómo, pese a todo, siguen ignorando que el verdadero problema no es la religión, sino cómo se reparte la tierra entre ellos.
A.S.: He de responder a eso. No puedo decir lo que sucede exactamente del lado palestino porque no lo conozco bien. Desafortunadamente, sí sé lo que sucede en Israel y puedo decirte que los fanáticos religiosos lo están llevando a un punto donde no se trataría solo de la tierra. El racismo está tan en los huesos, que no se puede ni describir. Siento que los judíos religiosos, por supuesto, no todos, son una barrera para la paz y lo vemos muy fuerte en la política. Tenemos a los ultraortodoxos. Han estado durante muchos, muchos años con Netanyahu. Él les da dinero. Ellos le dan poder, y realmente no les importa lo que le haga al pueblo palestino. Y el otro que completa la coalición con poder son Benvir y Smotrych. ¿Debo decirte lo que piensan de los árabes? Smotrych, al inicio de la guerra, dijo: “no creo que sea inmoral matar a dos millones de gazatíes. Y tiene escaños en el parlamento. Eso significa que algunas personas votan por él, y es menos extremo que Benvir. Así que nuevamente, no estoy desesperanzado porque creo que las cosas pueden cambiar muy rápido en la mente de las personas. Pero por ahora, lo veo como una enorme barrera para la paz.
T. R.: Sí, e incluso tengo más esperanza porque veo tendencias y cambios en el pueblo israelí hacia algo diferente, porque muchas cosas se están derrumbando dentro de Israel. Y espero que para las próximas elecciones, no se vea lo que tenemos ahora. Y creo que el color de Israel, debido a la política que ocupa el primer lugar, por delante de administrar el país, está arruinando el tejido social dentro de israelíes judíos y los árabes.
A.S.: Creo que no tenemos mucho tiempo. No tenemos mucho tiempo porque la población de algunos grupos está creciendo tan, tan, tan, tan rápido. Si esperamos 40 años más, creo que tendremos como mayoría de personas ortodoxas en Israel. Así que ahora tenemos una oportunidad para hacer un cambio. Si no, no creo que Israel deje de existir, pero definitivamente cambiará. En 50 años será un país muy diferente de la democracia occidental.
¿Cómo lo imagina usted?
A.S.: No sé qué giros tomará. Pero hace mucho tiempo, tuvimos un filósofo, Yishai Olaibovich. Fue una de las personas más geniales de Israel. Y hace mucho, mucho tiempo, creo que un poco después de la guerra del 67, dijo que si no nos aseguramos de ir por los caminos correctos, sucederán cosas terribles en la región. Y todos lo miraron como un loco, aunque aparecía siempre en primetime, porque era un filósofo enorme, gran pensador y también investigador cerebral. Y creo que algunas de las personas que intentan y esperan tener un buen lugar para todos los pueblos se dan cuenta de que cuando eliges el camino equivocado, realmente suceden cosas malas. Creo que la humanidad está en el mejor camino posible. No me gustaría vivir en la Edad Media, ¿verdad? Así que estamos teniendo una evolución constante e increíble con los derechos humanos, con los derechos de las mujeres, con los derechos de los homosexuales, con los derechos de los niños. Ya no tenemos reyes que nos digan qué hacer. Estamos en la autopista hacia una vida mejor. Y no puede ser simplemente un camino suave. Subimos mucho y luego bajamos un poco, y luego volvemos a subir mucho otra vez. Y esto es la humanidad. Pero si miro los últimos 4.000 años, pienso que, por supuesto, las guerras van de un lugar a otro. Yo pasé un momento muy difícil en la guerra. Tuve que evacuar mi casa con mis hijos durante 21 meses. Y me enfermé gravemente el 7 de octubre. Tan gravemente que no viví durante 5 meses. Pasé por un momento difícil, pero sigo viendo cómo las cosas mejoran.
En Berlín, la gente cuestiona que el festival mantenga silencio sobre lo que sucede, mientras el conflicto continúa.
N.A.: Alemania es una situación complicada. Y no quiero hablar de Alemania como si supiera todo sobre sus asuntos internos. Pero básicamente, la idea general es que creo que todos los que tengan una plataforma para hacer una declaración deberían hacer una declaración. Y la declaración no debería acusar a alguien de haber actuado mal. Debería promover el diálogo y promover la humanidad. No sé por qué la gente, no solo en Alemania, sino en todo el mundo, tiene dificultad para separar acusar a alguien de actos indebidos y apelar a la humanidad. Así que creo que si no quieres volverte político, lo entiendo para un festival de arte o un músico o lo que sea, no quieres volverte político. Lo entiendo completamente. De hecho, no deberíamos serlo. Pero deberíamos hacer un llamado, usar las plataformas que están disponibles para nosotros. Y cada uno en su espacio muy pequeño debe seguir hablando de derechos humanos y de hacer lo correcto sin acusar a nadie. No creo que acusar a nadie ayude. Creo que lo único que podría ayudar es seguir recordándole a todos que este es el camino equivocado. Y lamento que algunos grandes festivales y grandes instituciones tengan miedo o no hagan suficiente diferenciación entre no querer acusar a alguien de lo que sea y simplemente decir que esto está mal, no deberíamos estar haciéndolo. Lo confunden.
S.O.: Si la pregunta se refiere a cuando los directores hicieron una película clara con una declaración política clara, pero cuando les preguntaron sobre Palestina y Gaza, dijeron 'no somos políticos'. Eso es muy común, son las contradicciones que surgen cuando abordas el conflicto en la región. Y simplemente está relacionado con intereses. Hay un término llamado 'progresista excepto para Palestina', porque en el momento en que hablas de ello, entras en una zona muy gris o arriesgada donde te arriesgas a perder financiación, te arriesgas a perder apoyo de personas muy adineradas que tienen intereses en la región. Pero veo, por ejemplo, el papel de Alemania, financiando la Academia Barenboim-Said. Están ofreciendo el espacio porque creen en ese proceso, pero dentro de límites. Así que, por ejemplo, a la administración de la Academia dijo que no harían declaraciones muy abiertas. Aunque, por ejemplo, con Ucrania, hicimos un nuevo programa de intercambio donde trajimos a rusos y ucranianos para simplemente estudiar juntos. Pero cuando en 2023, el 17 de octubre, con todas las erupciones y discursos y todo eso, simplemente dimos un paso atrás y lo mantuvimos de manera interna. Lo mismo con la orquesta: lo mantenemos todo como un proceso, en lugar de decir que queremos un resultado concreto, o hacer una declaración muy concreta y estanca. Si lo piensas, cuando haces una declaración, es como si hubieras alcanzado algo, pero en realidad no lo has hecho. Hay tanta cosa por hacer que cada día se vuelve más pesado, pero aún así, uno sigue adelante con lo que tiene; el mundo sigue su curso, y uno se acostumbra a vivir con esas contradicciones.
A.S.: Exactamente igual que la política israelí y la política palestina, simplemente nos empujan hacia el odio. La mayoría de las declaraciones, desafortunadamente, tienen tanto impulso porque encontramos a alguien a quien odiar. No se trata tanto de pedir una solución amorosa y buena, sino de encontrar a quién culpar. Y esto hace que Israel se cierre aún más. Quiero decir, no vemos muchas manifestaciones por la paz en el mundo. Vemos a muchas personas ir y corear “Palestina libre, Palestina libre, desde el río hasta el mar”. Así que cuando un israelí promedio oye “desde el río hasta el mar, Palestina será libre”, inmediatamente se pregunta 'Entonces, ¿qué pasará con el pueblo judío en esta tierra?' Estoy seguro de que la mayoría de las personas que corearon no querrían matar a todos los israelíes o arrojarlos al mar o lo que sea. Pero siempre es más fácil que destruir que construir, odiar que amar. Amar es un proceso de cada día, y no ves los resultados inmediatamente. Por eso los músicos de clásica lo vemos más fácilmente, porque éramos tan jóvenes cuando empezamos a practicar y practicar. Y al cabo de cinco meses, pudiste ver el resultado.
¿Creen que la culpa recae en Alemania por su actitud actual y la forma en que ha abordado este tema?
T.R.: Es difícil de decir. Sí que creo que hay una culpa y que en parte es una culpa saludable. Para alguien que viene de una familia de supervivientes del Holocausto, no puedo no estar de acuerdo con que se sientan culpables. Pero necesitan aprender a separar la culpa hacia la gente y los asuntos geopolíticos.
