Cultura

Teopolítica imperial

Marco Rubio no se esforzó mucho al componer el discurso de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que algunos líderes europeos, aprovechando que era el día de san Valentín, que en Miami aún se cantan boleros y que el secretario de Estado estadounidense, que nació allí, repitió dos docenas a veces la palabra “juntos”, simularon tomar por una canción de amor. Le basto con reciclar, articulándolo con los objetivos de la nueva estrategia de seguridad nacional de los EE.UU., el argumento de su libro Decades of Decadence. How Our Spoiled Elites Blew America’s Inheritance of Liberty, Security, and Prosperity (2023), donde ya tomaba a Francis Fukuyama como chivo expiatorio y como trampolín para saltar y zambullirse en las aguas de una doctrina política teológicamente construida sobre el dogma del pecado original.

Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich 
Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich Alex Brandon / Ap-LaPresse

Marco Rubió es un político monoargumental. Lleva años usando cualquier pretexto para reiterar que la civilización cristiana occidental ha sido la única fuerza histórica capaz de poner freno a los impulsos bárbaros que gobiernan la naturaleza caída de la humanidad desde que Adán y Eva desobedecieron el mandato divino y que Occidente se extravió siguiendo el espejismo de la hipótesis pelagianamente herética del fin de la historia que Fukuyama puso en circulación durante el colapso del bloque soviético. 

De acuerdo con el secretario de Estado de Trump, esta concepción de una estructura global armonizada a través de la expansión de la democracia liberal y la integración económica mundial habría conducido a Occidente a ignorar su propósito civilizador y a sumergirse en una fase de declive de la cual únicamente puede salir recuperando, bajo la dirección de los EE.UU., aquel periodo donde, inicialmente mediante naciones cristianas y posteriormente por medio de otros estados igualmente cristianos, se dilataba, fundaba asentamientos coloniales y forjaba imperios. 

La vuelta a la historia planteada por Rubio constituye, por expresarlo en sus términos, el regreso a la “era del dominio occidental” mundial originada hace cinco centurias con el arribo de Colón a América y sostenida tras 1945 por medio de la superpotencia americana.

Rubio aboga por retomar la hegemon

En Múnich, Rubio, invitó a los países europeos a replantear la alianza atlántica siguiendo esta hoja de ruta neoimperial e invirtiendo en defensa lo que supuestamente derrochan en el estado del bienestar. El hecho de que, tras conocer su contenido, Ursula von der Leyen declarara que su discurso la había “tranquilizado mucho” no resulta muy tranquilizador. 

Y no puede pasarse por alto que los mismos que hace un año, tras el discurso de J.D. Vance en la Conferencia de Seguridad, decían que EE.UU. Se desentendía de Europa y que, por ello, tocaba rearmarse, son quienes ahora, asumido el rearme como ineludible, dicen que Marco, con el suyo, le ha tendido la mano e insinúan que sería feo que los europeos la rechazaran. La variada coreografía de las relaciones transatlánticas cada vez se asemeja más a la de un ritual de apareamiento.

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