El gran estilo de la ropa de piel antigu
Arqueología
40? No: 35

Una representación muestra a un adulto y a un niño cuya tumba contenía un pelo de ciervo y posiblemente un fragmento de pluma de pájaro carpintero

¿Cómo distinguir entre fibras, hilos, pelos o fragmentos de plumas en una tumba de hace 7.000 años? Si hoy en día ya nos resultaría difícil identificar cada elemento con una primera mirada, la tarea aún es más complicada si tenemos en cuenta que estos componentes llevan miles de años bajo tierra, mezclados con piedras, huesos humanos, astas o dientes de animales.
Investigadores de la Universidad de Helsinki, dentro del proyecto Animals Make Identities, han desarrollado una técnica para distinguir las distintas muestras obtenidas de los suelos de las sepulturas examinando los restos microscópicos de ropa y objetos funerarios.
Destacado sitio en el norte de Europa
El sistema se ha puesto a prueba en los cementerios de Skateholm I y II en Escania, al sur de Suecia, que cuentan con un total de 87 tumbas. Ambos sitios, que forman parte de uno de los yacimientos de la Edad de Piedra mesolítica más importantes del norte de Europa, fueron excavados en la década de 1980.
La nueva técnica funciona tan bien que ha permitido descubrir que las comunidades prehistóricas de la zona enterraban a sus difuntos con espectaculares tocados hechos con plumas y vestidos realizados con pieles de animales, según explican en un artículo publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences.

“Identificar las especies de las que proceden los fragmentos microscópicos de plumas y pelos es difícil, y este aspecto del método aún puede desarrollarse más”, afirma la profesora Kristiina Mannermaa, directora del proyecto. Los análisis realizados han permitido destacar la importancia de las aves en esa cultura mesolítica.
La información sobre la vestimenta de la Edad de Piedra es escasa, a pesar de que los restos óseos y los objetos de hueso se pueden conservar en condiciones óptimas también en Fenoscandia, la gran península en el norte de Europa que incluye Escandinavia, Kola, Carelia y Finlandia.
En general, las pieles, fibras vegetales y otros materiales orgánicos con los que se tejía la ropa solo se han recuperado en condiciones específicas, como en yacimientos submarinos o glaciares. Por ejemplo, la indumentaria de Ötzi, hallada en los Alpes italianos, cerca de la frontera con Austria, se conservó tan bien que fue posible restaurarla.
“Con nuestro método, es posible encontrar fibras microscópicas incluso en zonas con malas condiciones de conservación, y puede aplicarse a cualquier material arqueológico, no solo a tumbas”, señala Tuija Kirkinen, especialista en microarqueología y materiales orgánicos y que supervisó el estudio.

Los especialistas de la Universidad de Helsinki explican que los pueblos de cazadores-recolectores escandinavos de hace 7.000 años usaron pieles de aves acuáticas, de mustélidos, de felinos e incluso de otros animales para vestir a los difuntos enterrados en Skateholm.
Los impresionantes tocados hallados alrededor de las cabezas de los difuntos de elaboraron con plumas de halcón o águila, de búho e incluso con pelos de pequeños animales de peletería. Entre los grandes mamíferos representados en las tumbas se encontraban un ciervo y un rumiante (un uro o un bisonte europeo).

El procedimiento para identificar fibras, cabellos y restos de plumaje en los enterramientos se fundamenta en el filtrado de elementos mediante agua, habiéndose implementado en un conjunto de 35 sepulcros. Asimismo, se localizaron vestigios de tejido dérmico y plumas en cavidades que previamente se daban por desocupadas.
En uno de los entierros se detectó un pelo blanco del pelaje invernal de un armiño o una comadreja, un pelo marrón de felino y fragmentos de una pluma de ave a los pies de una mujer que falleció cuando tenía más de 60 años. “Esto sugiere que llevaba calzado multicolor hecho de piel o plumas”, dicen los expertos.


