Yolanda Díaz da un paso a un lado y renuncia a liderar la futura candidatura de Sumar en 2027
Reestructuración
La vicepresidenta seguirá como ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda porque “queda mucho trabajo por hacer”

Díaz posa en el ministerio de Trabajo para una entrevista reciente en 'Guyana Guardian'

Yolanda Díaz no será la candidata de la futura alianza electoral que articule el espacio de Sumar en las próximas generales previstas para 2027. La decisión llevaba semanas madurándose en silencio, entre llamadas discretas y conversaciones con el núcleo duro de confianza. Pero este miércoles, finalmente, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo ha optado por cerrar la puerta a una hipótesis que, hasta ahora, nadie en su entorno había querido confirmar ni desmentir.
Díaz ha explicado en una carta abierta que su decisión no es un repliegue ni un gesto impulsivo, sino el resultado de un proceso meditado. “Siempre tuve muchas reticencias ante la idea de ser candidata. La política es dura, especialmente para las mujeres, pero no me arrepiento de haber dado el paso”, ha afirmado, poniendo en valor el ciclo que ha liderado en Sumar y en el Gobierno.
“Miro atrás y estoy orgullosa de todo lo que hemos conseguido de forma colectiva y trabajando siempre para mejorar la vida de la gente”, ha añadido. Y, sobre su futuro inmediato, ha aclarado: “Voy a seguir haciéndolo, pero hoy quiero anunciaros que no seré candidata a las próximas elecciones generales de 2027. Es una decisión muy meditada y que he comunicado a mis seres queridos, al conjunto de mi espacio político y al presidente del Gobierno”.
Es una decisión muy meditada y que he comunicado a mis seres queridos, al conjunto de mi espacio político y al presidente del Gobierno
El movimiento supone un giro estratégico de calado en un proyecto que nació con un enorme impulso en 2023 y que, dos años después, atraviesa una fase de redefinición. Aquella primera versión de Sumar logró integrar a una decena de fuerzas y capitalizar la expectativa de renovación del espacio a la izquierda del PSOE al punto de permitir la reedición del Ejecutivo de coalición frenando la llegada de las derechas al Gobierno. Pero el desgaste parlamentario, las tensiones internas y la ruptura irreversible con Podemos han ido erosionando tanto el capital político de la plataforma como el de su hasta ahora líder.
Nadie en el espacio discute, ni siquiera sus críticos, la solvencia de Díaz al frente del Ministerio de Trabajo. “Es un una excelente ministra y un activo indudable”, coinciden en señalar en el grupo parlamentario donde subrayan que la reforma laboral, los sucesivos incrementos del salario mínimo y su perfil dialogante con patronal y sindicatos la han consolidado como una de las figuras mejor valoradas del Ejecutivo. También dentro del ala socialista del Gobierno son habituales los elogios a su capacidad técnica y a su intuición negociadora. Pero otra cosa ha sido su liderazgo orgánico.
Los problemas radicaron, según admiten distintas voces, en la “verticalidad” que Movimiento Sumar -el partido instrumental impulsado por Díaz y que da nombre al espacio- quiso imprimir en la toma de decisiones pese a ser el de “menor militancia” e “implantación territorial”. La pretensión de ordenar el conjunto de aliados bajo una dirección política centralizada generó resistencias que fueron más allá de la ya conocida confrontación con Podemos. También afloraron fricciones con Compromís, la Chunta Aragonesista y Més per Mallorca, recelosas de diluir su autonomía en un esquema percibido como excesivamente jerárquico.
El malestar interno tiene nombres y apellidos. El más explícito en verbalizarlo ha sido el coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, que en los últimos meses venía reclamando públicamente mayor colegialidad, reglas claras y menos personalismo en la toma de decisiones. Sus palabras no han sido un exabrupto aislado, sino la expresión de un descontento larvado. Pocos dirigentes más han hablado en público, aunque en privado han sido aún más contundentes lamentando que el diseño organizativo vertical no acompañó al discurso de pluralidad y horizontalidad con el que nació el proyecto.
El error, admiten ahora distintas fuentes, se hizo palpable a los pocos meses de echar a andar. La configuración de las listas para las elecciones europeas actuó como catalizador de las tensiones. La negociación de puestos y equilibrios territoriales evidenció hasta qué punto la última palabra residía en el núcleo de Movimiento Sumar, lo que alimentó la sensación de que el resto de fuerzas eran convidadas de piedra en un proyecto que aspiraba, precisamente, a superar la lógica de siglas subordinadas.
La crisis fue tan evidente que incluso figuras clave en la cocina del artefacto político optaron por replegarse. Josep Vendrell, asesor de Díaz y uno de los arquitectos intelectuales de Sumar, no tardó en desligarse del trabajo orgánico cotidiano tras aquel episodio. Su salida silenciosa fue leída internamente como la constatación de que la maquinaria necesitaba algo más que ajustes tácticos.
El punto de no retorno fue, en cualquier caso, comenzó con la ruptura con Podemos. La salida de los morados del grupo parlamentario y la competencia abierta en el mismo espacio electoral pesaron como una losa. En el diagnóstico compartido por varios cuadros de la izquierda alternativa, la figura de Díaz se convirtió en un obstáculo para recomponer puentes. Con ella al frente de una candidatura, sostienen, cualquier intento de reunificación sería inviable.
En el entorno de Sumar la conclusión se fue imponiendo con crudeza. “La renovación debía empezar por el propio liderazgo”, admiten a Guyana Guardian varias voces del espacio. La vicepresidenta llevaba tiempo sopesando el paso. En Navidad trasladó sus dudas a colaboradores cercanos. Hace apenas unos días, su ausencia en el acto conjunto protagonizado por las cuatro fuerzas de Sumar con presencia en el Gobierno fue interpretada como una señal. Ahora, con la decisión formalizada, completa un movimiento que busca despejar el tablero antes de que arranque la precampaña.
La nueva etapa, sin embargo, aún no muestra grandes diferencias con la anterior. A simple vista, son las mismas organizaciones que ya sostienen el proyecto desde el Ejecutivo -los Comuns, Más Madrid, IU y Movimiento Sumar-, pero el relato ha mutado. Se presentan como un frente común. Como una alianza de fuerzas y no como una mera suma de siglas. El mensaje interno es que las tensiones pasadas se dan por superadas y que el aprendizaje de los “errores” debe traducirse en una arquitectura más horizontal.
La retirada de Díaz de la carrera electoral no clausura el debate estratégico; al contrario, lo abre en canal y obliga a redefinir liderazgos y equilibrios con la urgencia de demostrar que puede sobrevivir más allá de la figura que lo alumbró.




