
Tiempos complicados para el narcisismo
Durante un capítulo de la producción Only murders in the building que observé recientemente, Steve Martin junto a Martin Short descienden por el elevador del inmueble Arconia y uno le comenta al compañero: “El narcisismo debería ser más divertido”. Vaya. Tomo el teléfono y, omitiendo el origen de la cita, se lo envío a un amigo íntimo. Atravesamos tiempos difíciles para la vanidad personal. Se lanzan numerosas obras, abundan los eventos promocionales, las charlas y los mensajes en redes. Progresivamente, los autores nos hemos transformado en microempresas que albergan un comunity manager dentro, y en mayor o menor medida nos dedicamos a promocionarnos constantemente. Por un lado, resulta necesario difundir tu trabajo para evitar que pase desapercibido. Por el contrario, es sencillo excederse y terminar pareciendo un tonto. Esta exhibición de egocentrismo deriva en una moraleja que el papel de Steve Martin resuelve con una sentencia contundente: bastantes personas terminan amargadas, hastiadas y sumidas en una profunda tristeza.

Sentí el deseo de visionar algún filme de Steve Martin -al que no he prestado demasiada atención, sinceramente- y terminé viendo Un par de seductores (1988), dirigida por Franz Oz, junto a Michael Caine. Relata las andanzas de un estafador refinado que ha establecido su centro de actividades en la Costa Azul. Finge ser un monarca exiliado con el fin de ir desplumando a mujeres adineradas. En cierta ocasión se topa con un joven estadounidense que arriba a Europa con el mismo propósito. Ambos se retan para comprobar quién logra obtener primero una donación de 50.000 dólares. Creía que se trataría de una simple cinta humorística para pasar el tiempo y acabó siendo bastante ingeniosa. Lo pasé bien y sentí curiosidad por recuperar La huella (1972) de Joseph L. Mankiewicz con Michael Caine y Lawrence Olivier. Hacía bastante tiempo que no la visionaba. Narra la trama de un escritor de relatos de misterio, fascinado por los acertijos, que cita en su residencia al compañero sentimental de su esposa. Le advierte que si decide marcharse con ella carecerá de medios para sostenerla y le sugiere una estratagema para sustraer sus alhajas, percibir la indemnización y repartir las ganancias. Verdaderamente, planea una lección fundamentada en el temor y el escarnio. Ante esto, el muchacho simula haber asesinado a la amante del literato y le plantea un nuevo reto: ha ocultado diversos indicios por la vivienda, que el dueño debe localizar antes de que aparezca la policía, exactamente a las diez.
El narcisismo vive tiempos difíciles entre
Lo que me sorprende al ver las dos películas tan seguidas es que, aunque el argumento no tiene nada que ver y que se inscriben en dos géneros distintos, se trata de la misma película. Las dos pintan una rivalidad entre un caradura viejo y otro joven. Los argumentos avanzan con tramas invertidas: el seductor maduro y el novelista toman la iniciativa, que pasa después al seductor joven y al amate de la señora.
Esta nueva versión no busca imitar. En Un par de seductores Frank Oz captura lo fundamental de La huella : el duelo entre el veterano y el novato, la competencia sin un claro triunfador, la armonía del contrapunto. El cine de calidad y las letras excelsas —si bien escasos— jamás se agotan.
